Su presencia en las camisetas de Boca y River entre 1985 y 1989 marcó un hito en el fútbol argentino. En el club de Núñez la usó el Negro Enrique, campeón del mundo en México 1986, que esta semana se solidarizó con los trabajadores del país, "que la están pasando muy mal".

Todavía no se había cumplido un mes del anuncio Plan Austral con el que el gobierno de Raúl Alfonsín intentaba estabilizar la economía. Boca estaba por ese tiempo, mediados de la década del 80, saliendo de la peor crisis de su historia, al borde la quiebra. En la revista El Gráfico, Héctor Martínez Sosa, el primer vicepresidente de Antonio Alegre, contó una serie de medidas para levantar al club. Una propuesta se leía revolucionaria: quería ponerle un techo desmontable a la Bombonera, “lo que permitirá brindar espectáculos artísticos y de cualquier otro orden”. Y estaba también el acuerdo con la fábrica de neumáticos. “Desde el partido con Racing (de Córdoba) -dijo el dirigente- y hasta la finalización de este torneo (abril del ‘86), Boca vendió la publicidad en su camiseta a la firma Fate por 8500 dólares mensuales”.
“Manuel Madanes hizo el acuerdo con Boca y River, pero no sé quién lo arrimó”, dice Federico Polak, quien había sido interventor del club durante el año anterior. Pero agrega: “Probablemente, fue Carlos Heller, que ya manejaba Boca”.
El mismo día, en esa misma primera fecha, la misma marca apareció en la camiseta de River, bajo el león dibujado por Caloi, escudo millonario durante la presidencia de Hugo Santilli. River ganó ese día 1-0 a Temperley, con lo justo, en la cancha de Vélez. Gol de Luis Amuchástegui. River sería el campeón de ese torneo con Héctor Veira como técnico y con Enzo Francescoli como símbolo. También ganaría la Copa Libertadores y la Intercontinental.
Era la primera vez que River tenía publicidad en su camiseta. La compartía con Boca, que ya había pasado por las experiencias breves de Vinos Maravilla y Dekalb. Otros clubes ya habían comercializado el pecho. Racing de Córdoba ya tenía a Palmar, una empresa de ladrillos y cerámicas fundada en la década del 20, que también por este tiempo acusó distintas crisis y mantuvo conflictos con sus trabajadores. Pero el acuerdo de Fate con Boca y River marcó un hito en el fútbol argentino. Muchos chicos de esa época le decíamos “Fate O”, confundidos por el neumático que aparecía en el logo. Otros le decían “Fate cero”. También se leía en las espaldas de las camisetas. Fue el despegue del negocio del fútbol en la Argentina. No es casual que un mes después, en agosto, se haya puesto en marcha Fútbol de Primera, el programa de los domingos.
Fate fue la identificación de una época, el código del fútbol ochentoso. Por eso todavía hoy se venden camisetas vintage con esa publicidad. Dio inicio también a ese tiempo en el que podemos marcar el año, el campeonato, el jugador que usó la camiseta con una determinada marca. Fate fue la camiseta de Enzo Francescoli y también la de Jorge Comas. Fue la de Antonio Alzamendi y la de Alfredo Graciani.
Fue la de Tapia y también la de Héctor Enrique, dos que serían campeones del mundo en 1986, un título del que en junio se cumplirán 40 años, justo cuando el Mundial vuelve a México aunque sea para algunos partidos. En estos días, la Copa del Mundo estuvo en la Argentina, el país que defiende el título ganado en Qatar. Y el Negro Enrique -a quien las estadísticas de este tiempo quizá le contabilicen la asistencia a Diego Maradona para el gol de todos los tiempos, el segundo a los ingleses- estuvo en un acto con esa Copa, justo un día después del anuncio del cierre de Fate, mientras sus trabajadores defendían los puestos en la planta y mientras se desarrollaba un paro general contra la reforma laboral del gobierno de Javier Milei. «Quiero solidarizarme con los trabajadores de la República Argentina, que la están pasando realmente muy pero muy mal. Abrazo para ellos y para lo que necesiten, saben que acá estamos«, dijo el Negro.
River y Boca tuvieron Fate hasta 1989 cuando irrumpió el Grupo Sevel de Franco Macri. Peugeot en Nuñez, Fiat en la Ribera. Son nombres que se repiten. Hugo Santilli, el presidente de River en ese tiempo, era el padre de Diego Santilli, que en ese tiempo paraba con la barra brava de River y ahora es el ministro del Interior de un gobierno que hace bromas y se ríe del cierre de Fate. Vueltas de la historia.
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