La Universidad Nacional de Córdoba reconocerá al cantautor por su coherencia artística y política. Un repaso por la obra que convirtió en himnos las luchas por la libertad, la justicia y los derechos humanos.

La distinción resalta especialmente su militancia en torno a la defensa de la Memoria, la Verdad y la Justicia, un eje que atraviesa tanto sus canciones como sus acciones públicas. Desde los años setenta, Gieco supo construir una obra que unió la raíz folklórica con el rock, forjando un lenguaje propio en el que la canción se volvió herramienta de denuncia, resistencia y esperanza.
Nacido en Cañada Rosquín, Santa Fe, en 1951, León Gieco grabó su primer disco en 1973, impulsado por Charly García, Gustavo Santaolalla y otros músicos de la nueva generación que redefinían la música argentina. De allí surgió “En el país de la libertad”, tema que pronto se convirtió en un himno contra la represión, en tiempos en que cantar sobre libertad podía costar caro. Esa valentía lo acompañaría siempre: en plena dictadura militar, escribió “Sólo le pido a Dios”, canción que atravesó fronteras y generaciones con un mensaje contra la guerra, la indiferencia, la injusticia y, sobre todo, contra quienes la ejercen.
Su influencia se proyecta en varias dimensiones: fue uno de los primeros en abrir caminos para la fusión entre rock y folklore, adelantándose a lo que después consolidarían otros artistas. También se convirtió en referente de un cancionero de resistencia que sostuvo, durante años oscuros, la posibilidad de pensar un país distinto. Pero su obra no se limitó a la denuncia: supo celebrar las luchas colectivas, tender puentes entre géneros y generaciones, y cantar al amor, la infancia y la esperanza con igual fuerza.
Otro de los proyectos emblemáticos de su trayectoria es De Ushuaia a La Quiaca, iniciado en 1984 junto a Santaolalla, una travesía que recorrió el país registrando músicas populares, voces anónimas y paisajes sonoros, con un espíritu documental y federal que enriqueció el mapa musical argentino. A ello se suma su trabajo con artistas con discapacidad en Mundo Alas, proyecto que se transformó en disco, libro y película, reafirmando su mirada inclusiva y solidaria.
La coherencia de Gieco lo distingue en un panorama artístico muchas veces marcado por los vaivenes comerciales. Nunca dejó de cantar en actos sociales y políticos, ni de solidarizarse con causas como los derechos humanos, la memoria de los desaparecidos o las luchas ambientales. Cada vez que sube al escenario, el público reconoce en él no solo a un intérprete, sino a un referente ético.
El Doctor Honoris Causa que le entregará la UNC no es solo una distinción académica: es el símbolo de un reconocimiento más amplio, a un artista que puso su voz al servicio de los que no la tienen. En un país atravesado por disputas de memoria y futuro, la figura de León Gieco se vuelve faro y testimonio. El 17 de septiembre, Córdoba le rendirá homenaje a quien supo transformar la canción en un acto de resistencia y en un puente hacia lo colectivo.
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