Una despedida a nuestro compañero Luis Faraoni. Un malo hermoso, un cascarrabias adorable, un refinado chinchudo capaz de hablar con erudición y conocimiento sobre casi todos los temas. ¡Hasta siempre, amigo!

Un malo hermoso, un cascarrabias adorable, un refinado chinchudo capaz de hablar con erudición y conocimiento sobre casi todos los temas. Un periodista old school, se diría hoy, pero esa definición da por sentado que existe un periodismo new school y eso no está ni remotamente probado. Y Luis me putea en mi cabeza mientras lo escribo.»Qué periodismo, boludo, esto que hacen con los títulos SEO es márketing de la noticia, es otra cosa y es una poronga», diría. Lo estoy escuchando.
Pero en los últimos cuatro años no lo escuché, porque por culpa de una rara afección llamada síndrome de Mokri (un trastorno neurológico que se presenta después de cirugías de aorta torácica, es decir, después de que ya hubo un par de banderas de advertencia) le fue demoliendo espantosamente esa oratoria ácida que amábamos sus amigues. Y se hinchaba aún más las pelotas porque tenía que simplificar las oraciones para poder pronunciarlas. Y, siempre lo supimos, prefería callarse que decir algo sencillo.
Probablemente no era sólo por él, pero a él le quedaba como anillo al dedo la altísima vara en los estándares de edición que se manejaban en Information Technology, la primera revista en la que trabajé con él. “Esta nota es para dos páginas y sólo tiene tres fuentes, laburá más, vago”, era uno de sus clásicos. Da risa hoy, que se escriben notas y notas sin una sola fuente. Hoy, que las notas se chorean sin miramientos entre los portales más prestigiosos, que cualquiera habla livianamente de cualquier cosa, recordar que el gordo decía “no se publica ninguna nota de ninguna empresa que no diga cuánto factura” es algo que da risa. Una risa nerviosa.
Volvimos a ser compañeritos en la primera etapa de Minuto Uno (lo mal y bien que se llevaba con Chiche Gelblung amerita un anecdotario aparte) y después en Tiempo. Cuando los trabajadores se hicieron cargo del diario, quedó a la cabeza de la sección Mundo. Sus dos hijas, Pachu y Delfi, que estuvieron estos cuatro años al pie del cañón de una manera que me hace llorar, quisieron dejar constancia siempre que pudieron, de la solidaridad de este colectivo de trabajadores con él. Y agradecerla.
En las últimas 48 horas había tenido una recaída muy importante. Bostero insoportable y peleador como era, debe haberse guardado el último resto de salud para llegar a celebrar los 25 años del triunfo de Boca en Japón contra el Real Madrid.
Salud, hermano del alma, llevale besos a Darío y a la Perrita. «
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