Después de la euforia popular por la derogación de la norma minera, en Chubut quedan las esquirlas de la brutal represión. Heridos internados y pruebas de cómo se infiltró la policía.

“Tuvimos muchos enfrentamientos, pero este último fue el más batallado, con más gente en las calles. Nosotros hemos tenido a la Montada (en referencia al cuerpo de policía) corriéndonos por la ciudad, pero lo que vivimos la noche en que se aprobó la Ley de Zonificación fue algo que nunca se vio. Se armó una cacería. Nuestra teoría es que eran agentes de 18, 20 años, recién egresados que salieron a jugar a los videojuegos con nosotros, nos corrieron en camiones y motos tirando balas a mansalva”.
Ya pasó más de una semana, pero a Romina Krebs, una vecina autoconvocada, todavía se le acelera el pulso al recordar esa noche en el centro de Rawson. La represión luego se multiplicó en Trelew y otras ciudades en las que la gente decidió salir a marchar. “Hubo toda una intervención de seguridad armada para proteger a los diputados –continúa relatando Romina esa primera jornada en la capital chubutense–, usaron a la Infantería como brazo armado con escudos, bombas de gas y balas de goma. Cuando salieron a correr a la gente, tres mujeres policías me agarraron, me tiraron al piso y me esposaron. Una me pedía que me quedara quieta, me pegó una piña en la cabeza y rodillazos en la espalda. Después me metieron en la cochera de la Legislatura y me tuvieron ahí como dos horas, sin decirme qué iban a hacer conmigo. Mi mamá salió a buscarme, fue hasta la Jefatura y le dijeron que me habían trasladado a Trelew, después que estaba en la alcaidía, hasta que uno de los abogados de la Defensoría Pública me sacó de la Legislatura. Mi mamá estaba desesperada, vivió la dictadura y esto era lo mismo”.
El jueves 16, con la gente otra vez en las calles, la represión fue aún peor. “Tiraron con todo lo que tenían y se quedaron sin balas. Hay videos de policías rompiendo vidrieras y parabrisas de autos en los alrededores de la Legislatura, y en Trelew y Rawson casualmente cortaron la luz en momentos en que había operativos. Fue una cacería, iban disparando desde las cajas de los camiones”, insiste Krebs.
En tanto, la Comisión contra la Impunidad y por la Justicia en Chubut se acercó hasta el hospital Santa Teresita de Rawson para entrevistar a los tres heridos durante la represión que aún se encuentran internados. Gustavo, uno de ellos, ya se sometió a varias operaciones para intentar salvar la pierna que la Infantería le estropeó a tiros.
“Subestimaron al pueblo”
“Ellos me ven que les estoy sacando las fotos porque no lo hago de manera oculta; igual se quedan, no disimulan, se ríen, ponen caras, como si no les importara. Desde 2011, cuando se forma la asamblea No a la Mina, hay policías infiltrados en las marchas, sabemos que tienen carpetas con nuestras caras, pero esta vez decidí compartirlas en mis redes por resguardo”, remarca Evelyn Oyarzo, más conocida como Eve Sureña, una fotógrafa autodidacta que registró, en palabras de ella, “en qué utiliza los recursos nuestro Estado”.
Eve, que integra la Colectiva de Acción Fotográfica (LUAN), les tomó fotos a los policías –algunos de alto rango como el comisario Ariel Ríos– que merodearon la Legislatura el día de la sanción de la ley para mezclarse con los vecinos que iban llegando para repudiar a los diputados. “Ya conocemos las patentes de los autos de la Brigada porque están en todas nuestras marchas, en las audiencias, en las asambleas. Lamentablemente, lo hemos naturalizado”.
Durante la represión desatada la noche del 15 de diciembre, Eve fue alcanzada por una bala de goma que le partió la mandíbula. “Fueron seis horas de persecución y cacería por los barrios –describe–. La gente corría y se perdía. Hubo personas que estuvieron desaparecidas desde las 21:30 hasta la madrugada. La gente nos mandaba audios diciendo que pasaban camionetas tirando balas a cualquiera que se asomaba”.
Eve dice que los chubutenses se deben un festejo grande porque no pudieron doblegar la voluntad popular, aún con las armas. “No sé cuál habrá sido la orden que recibieron, pero los policías estaban enceguecidos. Una vez más subestimaron al pueblo, creyeron que íbamos a tener miedo, pero salimos a las calles igual”.
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