Entrevista a Audolio Chocobar, hijo del comunero diaguita asesinado en 20009. La sentencia, el apoyo político, el territorio y el apoyo de las comunidades.

El caso sería uno más dentro de los innumerables intentos de apropiación de tierras indígenas que sufren las comunidades cuando algún “empresario” ve la oportunidad de hacer un negocio. La violencia es una acción repetida, sirve de ejemplo el reciente caso del campesino Héctor Reyes Corvalán que murió el lunes luego de ser prendido fuego en un procedimiento con orden judicial en Santiago Del Estero. El caso de don Javier Chocobar, sin embargo, tuvo otro elemento que lo distinguió del resto: el ataque fue filmado por los propios atacantes y la grabación llegó a las redes sociales.
En el marco de la sentencia, Tiempo Argentino dialogó con Audolio, quien rescata si bien el tribunal no resolvió la prisión perpetua que ellos habían reclamado, la sentencia que recibieron sus asesinos es alta: “Ahora nuestro padre puede descansar en paz y el fallo nos permite estar más serenos en nuestro territorio y seguir con nuestras actividades, porque estos últimos nueve años siempre estuvimos preocupados y con miedo por las amenazas y provocaciones que recibíamos de Amín y de su familia. Ha sido un proceso muy duro y hoy día podemos decir que estamos más tranquilos”.
La lucha continua permitió que el caso judicial no cayera en el olvido como tantas otras. Por eso Audolio enfatiza el agradecimiento hacia las distintas comunidades y organizaciones que estuvieron a la par de su familia y su comunidad, porque “esa fuerza nos permitió seguir adelante para conseguir justicia”.
Sin embargo, no se engaña, sabe que “los asesinos estuvieron todos estos años en libertad porque había algún poder político que los estaba encubriendo. Todo lo que se tardó en llegar al juicio es por eso, a pesar de las pruebas claras y del video donde se muestra a Gómez y Amín disparando. Hay un poder político que estaba a la par de ellos, apoyándolos y encubriendo para que siguieran actuando de la misma manera. La madre de Amín en varias oportunidades se paseó por el territorio nuestro, en noviembre de 2012 el mismo Amín ha ido a la cantera, se metió en la casa de mi papá y después hizo un asado a 50 metros de donde lo mató. Fue una provocación brutal hacia la familia y la comunidad”.
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La ambición por el territorio
Los Chuschagasta, como más del 90% de las comunidades en la provincia de Tucumán, han cumplido con el relevamiento territorial, pero el Estado provincial aún no les ha entregado los títulos de propiedad comunitaria. Con esa razón de su parte, Audolio afirma que “si la provincia hubiese entregado los títulos antes del 2009, esto no hubiese pasado, yo hubiese tenido a mi familia completa, con mi padre presente. La verdad es que el Estado provincial forma parte de todo lo que ha venido sucediendo. Nosotros seguimos reclamando que se haga entrega de los títulos de propiedad comunitaria a los territorios, porque van a seguir pasando este tipo de cosas, van a seguir intentando usurpar, quitarnos nuestros territorios con amenazas. Y si bien esta sentencia nos da un poco de tranquilidad a las comunidades en general, la verdad que está en manos de la provincia que esto no siga así”.
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“Como nuestros padres, nuestros abuelos, nuestros ancestros, nosotros vivimos aquí –cuenta “Chano” Chocobar”– . Es parte del legado que ellos nos dejan. Trabajamos y cuidamos nuestro territorio, porque vivimos de los pastoreos, de las aguadas y también la cantera de laja es de nuestra comunidad y conservamos esos lugares como algo sagrado. Y Amín viene, como otros en otras comunidades, por un interés económico a adueñarse como sea, y hace los disparos y termina matando a la gente de aquí”.
“En la comunidad cultivamos la tierra, trabajamos artesanía en cuero y cerámica y hacemos tejido de lana continúa el hijo menor de Javier Chocobar– Tenemos un taller de cerámica donde trabajamos seis personas. Son trabajos que ya hacían nuestros ancestros y nosotros mantenemos esa costumbre. La comunidad está decidida a no perder nuestras costumbres y las seguiremos manteniendo”.
Luego de nueve años recorridos, Audolio Chocobar resume lo que les falta como comunidad “para finalmente vivir en paz”, por un lado, que la sentencia condenatoria contra Amín, Gómez y Valdivieso quede firme y, por otro lado, la entrega de los títulos a todas las comunidades de la provincia y del país.
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