En una localidad del sur del Chile fue ultimado un artista callejero. Protestas, disturbios y reiteradas expresiones de repudio.

De inmediato, la indignación se volvía a reproducirse en todo el país: un nuevo asesinato a mansalva de las fuerzas policiales. Cuando la noche cubrió Panguipulli eran millares los que mostraban su furia por el centro de la ciudad. Nuevos enfrentamientos. Algunos incendios. La comisaría 5a. destruida junto a otros edificios públicos. Las imágenes de las calles chilenas de fines de 2019, llenas de represión y protestas, fuego y destrozos, la policía arrojando gases lacrimógenos, treintena de muertos y miles de heridos, se reiteraban como en un hilo de violencia, violaciones de derechos humanos y excesos policiales. La del pibe rasta desangrado en medio de la esquina era la última.
Ricardo Valdivia, alcalde de Panguipulli, se mostró consternado y prometió una investigación. Insinuó que el muchacho muerto tenía doble ciudadanía, y que además de la chilena tenía la argentina.
El policía asesino quedó detenido, aunque argumentó que actuó en “defensa propia”. Ana Piquer, directora en Chile de la ONG Amnistía Internacional, advirtió: “Carabineros actúa con intención de dañar, eso debe detenerse. Se debe romper la tradición de impunidad, incluyendo toda la línea de mando. Es necesaria una reforma profunda y estructural. Lo de Panguipulli muestra una vez más que teníamos razón». En la redes sociales estallaron las etiquetas #PacosAsesinos y #NuevaPolicíaParaChile. Se volvieron a escuchar frases como la del Instituto Nacional de DDHH: «Es de suma importancia que el uso de la fuerza sea racional».
Chile tiene más de 50 mil agentes de carabineros en todo el país, 294 cada 100 mil habitantes, una de las cifras más altas del mundo. Pero además, una de las más agresivas y con mayor porcentaje de gatillo fácil. Es difícil mensurarlo. Más fácil es apelar a la memoria y comprobar que son hechos recurrentes, mientras se replican los repudios, el gobierno nacional se mostró muy cauto y desde el parlamento se multriplicaron las voces contra de la policía. También lo hicieron muchos analistas. Por caso, Estebán Silva Cuadra se hizo eco de un viejo anhelo de las organizaciones de DD HH y pidió abiertamente la disolución de Carabineros y se pronunció por la formación de una nueva organización de seguridad.
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