Cómo provocar un incendio y por qué del estadounidense Jesse Ball presenta a una protagonista adolescente y lúcida capaz de señalar la irremediable estupidez adulta y descubrir en el fuego el impulso utópico. “No queremos tener nada que no podamos compartir”, declara.

Publicado por Sigilo, Cómo provocar un incendio y por qué del estadounidense Jesse Ball presenta a una protagonista adolescente y lúcida capaz de señalar la irremediable estupidez adulta. Lejos de la apatía y el desconcierto, prejuicios generalizados sobre la edad, Lucia ha descubierto en el fuego un impulso utópico. “Todo lo que está construido arderá, y si no arde se lo puede destruir. Si no es posible destruirlo se lo puede envenenar para erigirlo como ejemplo. Este libro no es solo sobre el fuego, aunque el fuego es nuestra dicha. Es un libro sobre cómo compartir lo mínimo, y el primer paso para lograrlo es abolir la posibilidad de tener demasiado. Debemos convencer a los ricos de que no pueden tener más de lo que necesitan”.
En clave de diario, Lucia decreta una y otra vez (“Le dije que no existe nada que no pueda olvidarse”) y así va construyendo un diagnostico social (“La historia solo es gente portándose mal”) con la única cura posible: la Sociedad del Fuego, una organización secreta que pretende hacer de todos los símbolos de la riqueza y el poder una gigantesca pila de cenizas.
La causa (todos deberían tener una, como ella bien dice) es radical, lo que en sus circunstancias la vuelve ingenua. Esa no contaminación –ahí afuera todo es desinterés y mezquindad– la convierte en alguien que se permite la compasión. “Estamos aquí para ayudar a la masa de seres humanos que han sido sometidos a una de las peores y más generalizadas opresiones jamás concebidas”.
Ball, candidato al National Book en 2015 y considerado uno de los Mejores Narradores Jóvenes de Estados Unidos por la revista Granta en 2017, ya cuenta con la pericia suficiente para lograr una historia que propone subvertir el ruinoso orden de las cosas. Con un lenguaje directo y jugando con distintas formas narrativas – gráficos, tipografías, espacios en blancos– coloca en la superficie a una quinceañera molesta con el mundo que inicia una carrera como incendiaria. Pero esa violencia desatada es una paradoja: Lucía quiere acabar con el afán desmedido de la acumulación pregonando la empatía y la bondad. “No queremos tener nada que no podamos compartir”, declara.
La fe de Lucia está depositada no tanto en lo que pueda lograr sola, sino en que “tiene que haber miles” como ella. “Escribo esto para ti, que te pareces tanto a mí. He aprendido algunas cosas buenas y simples, y son esas cosas las que te ofrezco en este panfleto, la breve monografía titulada: cómo provocar un incendio y por qué”.
No hace falta ser Cristo o el Che Guevara. Una persona común, anónima, insignificante, siempre tiene la oportunidad de hacer algo para vivir con “alegría y austeridad”. Lo importante es no desaprovecharla. Porque, como enseña Lucia, “son tan pocas las victorias reales que se nos ofrecen”.
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