«Los seres humanos estamos constituidos por relatos»

Por: Mónica López Ocón

Domingo Boari se dedica al psicoanálisis desde 1975, disciplina en que trabajó intensamente más allá de las puertas de su consultorio. También tiene otra vocación: la literatura. Acaba de publicar El aguijón, una novela en la que el protagonista se debate entre su vocación religiosa y una compulsión sexual que lo avergüenza y lo hace sufrir.

Los relatos nacen de fuentes muy diferentes. Domingo Boari, psicoanalista, entiende que su propia profesión constituye un impulso a narrar literariamente. La literatura y el psicoanálisis han estado en contacto desde el nacimiento mismo de esa disciplina. Freud no sólo ganó el Premio Goethe por la calidad narrativa de su escritura, sino que, además, sus historiales clínicos admiten ser leídos como grandes narraciones literarias.

En Aguijón (Leviatán),  su última novela, Boari se ocupa de un personaje, Pablo, que lucha consigo mismo para alejar de sí una conducta sexual que muchas veces le resulta imposible  evitar en un medio público de transporte. Al mismo tiempo, este personaje tiene una auténtica vocación religiosa que lo lleva a convertirse en sacerdote y una necesidad de servicio y de amor al prójimo que lo lleva a hacerse cargo de Elpidio, un chico de pocos recursos que necesita de su ayuda. Pablo se debate entre su deseo de ser una buena persona y de vivir de acuerdo con sus convicciones morales y una compulsión que lo hace sufrir y de la que no logra zafar. Siente que no puede ser un buen sacerdote, pero que tampoco tiene capacidad para formar una pareja.

-¿A qué lugar llegó primero, al de psicoanalista o al de escritor?

-Soy psicoanalista desde hace 45 años. Había que ayudar a la gente. Me gustó, me formé bien y trabajé muchísimo, pero siempre tuve cierta inclinación por la literatura. Antes de Psicología había empezado Letras. Escribí mucho entre colegas y como siempre me gustó contar, en 2015 comencé un taller literario individual y terminé un libro.

-¿Qué tipo de libro era?

-Un libro sobre los sentimientos para todo público escrito desde el psicoanálisis con mucha seriedad. Cuando lo terminé pensé que podía escribir una novela y en tres  días de delirio con fiebre, con gripe, me la imaginé toda. Luego me llevó tres años escribirla. Es El Aguijón, que acaba de salir. Decidí publicarla a partir de leer Un año con Schopenhauer de Irvin Yalom por tercera vez. Pensé que yo también podía escribir sobre psicoterapia y sobre los procesos de cambio en el ser human. En principio la idea fue difundir el psicoanálisis a través de la literatura. Me pareció que se iba a leer más que si hubiera escrito un libro de autoayuda, cosa que no me gusta.

-¿Y cómo surgió el personaje de Pablo, alguien que vive el conflicto de ser cura y de tener una compulsión sexual que no puede manejar?

– Leyendo a Juan José Saer me volví loco preguntándome de dónde saca ese deseo de ser ético una persona que es totalmente atea, cuál es el fundamento de la ética. Me pareció que poner como personaje a un cura que tuviera que luchar para ser ético que discutiera sus argumentos con un amigo ateo era interesante.

¿Por qué tendemos a creer que somos una unidad y que todos nuestros actos son coherentes con una ética? ¿Por qué simplificamos tanto y nos sorprende, por ejemplo, que Darthes se haya revelado como violador sin haber dado indicios de eso o de haber cultivado una imagen de padre de familia?

-Porque hay que hacer un esfuerzo para ver lo complejo. La mente, si pudiera hacerlo, tendería a simplificar todo. Sólo algunos acceden a preguntarse y a no conformarse con una respuesta simple.  Hay algunos grandes pensadores que nos muestran la complejidad y nosotros podemos seguirlos. Es probable que haya personas que no tengan arreglo, pero una mayoría importante podemos cambiar un poquito y ese 10 por ciento que podemos cambiar, se nota mucho.

-¿Una compulsión como la que tiene Pablo puede desaparecer o hay que trabajar sobre ella, pero también aprender a convivir con ese lado oscuro?

-Lo que sucede en el libro es lo que pienso. Se puede mejorar y se puede controlar, contener, puede haber cambios importantes, pero hay que estar siempre atento. Pero con aguijón y todo hay que vivir.

-Su personaje tiene también un costado muy noble, como su relación con Elpidio y otro costado sexual oscuro que sale a relucir cuando se sube a un transporte público.

-Sí y sobre todo le sale su lado oscuro cuando se siente muy bien. Cuando se siente bien mete la pata. Eso es algo que yo he visto en mis pacientes con otros hechos.

-¿A qué obedece esa conducta?

-Es un deseo de destrucción en un momento de bienestar.

-¿Es un autoboicot o hay algo más?

-También es un autoboicot, pero es además una forma de rebeldía que se vuelve en contra.

-¿Rebeldía contra qué?

-Por ejemplo, frente al sometimiento que tenía a su padre. Es animarse a vivir lo que no se puede o no se debe. En esa actitud hay rebeldía, masoquismo, autodestrucción, hay una necesidad de hacerse daño por un sentimiento de culpa. Hay un artículo muy interesante de Freud que dice que algunas personas que se sienten culpables  cometen un delito para justificar el sentimiento de culpa que tienen. Cuando aparece esto, si alguien robó algo, por ejemplo, hace algo como decirle una grosería a una mujer para sentirse mal. Pero en realidad no se siente mal por ese acto, sino por un conflicto inconsciente que tiene que ver con la madre, con el padre, con quien fuere. El individuo se autodaña por sentimientos inconscientes. También en su actitud puede haber cuestiones hereditarias, historias infantiles, historia presente, contexto…No creo que una sola cosa pueda explicar ese tipo de actitud.

-¿Cuándo habla de herencia habla en términos biológicos?

-Sí, hay gente que tiene, por ejemplo, buena disposición para el canto o para desarrollar la musculatura y eso es hereditario. Hay gente que tiene impulsos sexuales mucho más groseros, fuertes o brutos que otros y gente que tiene impulsos menos fuertes. Todos tenemos una naturaleza animal y una superestructura. Hay personas a las que estar por sobre su naturaleza animal les cuesta mucho más porque son más indómitos.

-Pero hay diversos tipos de complejidad. Es posible entender que alguien sea violador o torturador, pero entender no significa considerarlo inocente.

-Totalmente de acuerdo. Por eso puse un personaje como Pablo que está tan al límite. No quiero contar nada, pero no es pedófilo, por ejemplo, pero es perturbador. Una paciente una vez me trajo un papelito que decía: “Lidiar con el toro sin miedo no tiene gracia. No lidiar con el toro porque uno tiene miedo, tampoco. Tener miedo y lidiar con el toro, ahí está la gracia.” Me gusta escribir sobre un personaje que tiene que luchar para ser como quiere ser.

-¿Lo que le pasa a Pablo es una perversión? ¿Cómo define el psicoanálisis ese concepto ? Hasta hace poco el psicoanálisis consideraba la homosexualidad como una perversión.

-Una cosa es ser tenaz y otra, ser pertinaz. Unas cosas son versiones de la sexualidad y otra, perversiones. Se las pensaba como perversiones porque se las consideraba versiones no aceptadas de la sexualidad. Hoy, como psicoanalista considero que algo es una perversión cuando hay una falta de respeto por la otra persona.

-¿Y entonces Pablo no es un perverso?

-Sí, lo es porque abusa.

-Pero algunas veces logra consentimiento.

-Bueno, si es un juego, es un juego. Pero habrá que ver si ese juego en público puede molestar a otros. Es un tema en debate. Si alguien tiene relaciones con un animal, no podemos decir que haya una falta de respeto. ¿Qué es en ese caso? ¿Y qué es la necrofilia?

-¿Cómo considera esos impulsos el psicoanálisis?

-Yo soy psicoanalista, no soy “el» psicoanalista. Particularmente pienso que son personas que sufren mucho. De quienes se acercan a mi consultorio, yo creo eso y lo primero de todo es no criticar. Un infectólogo no puede quejarse porque un paciente tenga una pierna podrida o con una rodilla hiperinfectada. Lo que tiene que hacer es tratar de curarlo. Yo tengo que aceptar a mis pacientes, luego si puedo o no puedo hacer algo por ellos, es otra cuestión. Pero así y todo no es condenable. La función de un psicoanalista es ver el fenómeno, describirlo y ver si puede hacer algo. Hay cosas que parecen más simples y, sin embargo, no podemos hacer nada con ellas.

-¿Por ejemplo?

-Hay algunos obsesivos que mejoran mucho y otros que no mejoran nada. Hay alguien que consulta por un alcoholismo que parece que no tiene arreglo y, sin embargo, anda muy bien.

-¿Representa un problema para un paciente que su psicoanalista sea, a la vez, escritor? ¿Alguien puede sentirse un poco expuesto?

-No en mi caso. Yo tengo mucho respeto por ellos. De modo que vienen a las presentaciones, comentan el libro. Lo que yo hago creo que es psicoanálisis narrativo: muestro, señalo, interpreto con narraciones. Siempre respeto el secreto profesional. Puedo contar algo deformado, lo cual no importa, porque lo que importa es el significado. Por eso no importa si la persona de la que hablo era hombre o mujer, si tenía 20 o 40 años. Gregory Bateson decía que estamos hechos de historias y que a una gran computadora del súper futuro le preguntaron si algún día iba a pensar como piensa el ser humano. La computadora pensó un rato largo y luego tiró un papelito que decía: “Esto me hace acordar a una historia”. El hombre piensa en historias todo el tiempo. Estamos constituidos por relatos. Pienso que la palabra nació por necesidad de contar.

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