Pasaporte - Por Nicolás G. Recoaro, periodista.
Nuestra deriva había arrancado en el pequeño pueblo de Coroico y tenía destino final en la hoyada de La Paz, la antigua capital aymara del mundo. El viaje fue largo, casi eterno. Un día hacinados en el acoplado repleto de plátanos maduros y cuerpos sudados. Recuerdo que desde mi grabadora de mano no dejaba de sonar «You’ve Come a Long Way, Baby», la desaforada ópera prima del desaforado británico Fatboy Slim.
La cholita de largas trenzas, sobrio bombín y prolijas polleras movía la patita cada vez que el cassette ensayaba el eterno retorno de la cinta. De verdad, la señora sabía cómo moverse.
Entre picos nevados y selvas de altura, bailamos hasta casi morir, mientras el Volvo flirteaba con cornisas y barrancos. Fue nuestro Love Parade del subdesarrollo. Condimentado con picante andino.
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