Su amistad con Fidel le había valido amenazas de muerte por parte del anticastrismo, si se atrevía a pisar Miami para el amistoso que la selección jugó ante Alemania en 1993. Diego también estará presente en el regreso de Inglaterra al Azteca 40 años después, este domingo ante México.

Qué tal, Burgo
Diego Maradona también puede aparecer en Miami. En tu carta de ayer me recordaste la historia del amistoso que no pudo jugar con la selección en esta ciudad. Un partido con Alemania, en diciembre de 1993, que Diego se perdió por un desgarro. Su amistad con Fidel le había valido amenazas de muerte por parte del anticastrismo si se atrevía a pisar Miami, algo que contaría en su libro Yo soy el Diego de la gente. Leí tu carta en el avión que me trajo desde Kansas City y recordé el episodio en el auto que nos llevaba al hotel.
–¡Y eso fue así! ¡Eso fue así!– exclamó Luis, el conductor, en medio de un embotellamiento en Ocean Drive.
En el asiento de atrás venían Daniel Arcucci, Ezequiel Fernández Moores y Aníbal Lagiglia, el único que no es periodista de este grupo que sigue el Mundial desde México. Veníamos de atravesar un gran inconveniente. El hospedaje que teníamos reservado para estos días no estaba disponible. Nadie respondía a los mensajes y llamados. En la recepción del edificio, nos dijeron que era una práctica común, que lo alquilaban por distintas plataformas, con nombres diferentes y midiendo los valores para dejar al que mejor paga. Al final, alguno se queda afuera. Fuimos nosotros. Un overbooking, le dicen en ese lenguaje que enhebra el castellano con el inglés.
No nos terminaba de cerrar la historia, pero después de varias horas de reclamos, durante las cuales nos costó hablar con un ser humano y no con Sofía, una inteligencia artificial, la plataforma se hizo cargo de nuestro problema y nos relocalizó en otro hospedaje, que además era superior, haciéndose cargo del cargo de la diferencia.
Así que hacia ahí nos llevaba Luis cuando hablábamos de Maradona y de su historia con Miami. Acomodándose en su asiento, animado por haber escuchado hablar de Diego, contó que cuando era un niño lo había conocido.
-Me tuvo en sus brazos en La Pradera- nos dijo Luis, que ahora tiene 34 años.
Resulta que el abuelo y el padre de Luis eran dos leyendas del fútbol cubano. Juan Antonio Lotina Matín y su hijo, Juan Antonio Lotina Rodríguez fueron formadores, entrenadores y dirigentes. También divulgadores: juntos escribieron el libro Historia del fútbol en Cuba. La obra la empezó el patriarca de los Lotina y la continuó su hijo.
Juan Antonio Lotina (hijo), el padre de Luis, fue director de la Escuela Nacional de Fútbol en Cuba. Lo conoció a César Luis Menotti en octubre de 2005 cuando el técnico campeón del mundo llegó a La Habana para dictar unos seminarios sobre fútbol. Y también estuvo con Diego cuando a principios de los 2000 se internó en el centro La Pradera para iniciar una rehabilitación.
Lotina padre e hijo son una referencia del fútbol en Cuba, donde no es un deporte popular ni desarrollado. Luis jugó al fútbol pero tuvo que dejarlo por una lesión. Pero lo que no olvida es aquellos días con Maradona.
–Yo jugué con Diego… Bueno, hice unos toques, yo se la daba y él me la devolvía- contó Luis, que cuando miró por el espejo retrovisor reconoció a Arcucci, que escribió los dos libros autobiográficos de Maradona, Yo soy el Diego, un testimonio que -junto a Ernesto Cherquis Bialo- recogió en La Pradera, y Mi Mundial, Mi verdad, sobre México 86, reeditado como Jamás me voy a olvidar. Arcucci conoce cada secreto de Diego y, sin embargo, él también se encuentra cada tanto con una nueva historia.
Yo sé que algunas no dicen nada. Diego Capusotto y Pedro Saborido crearon para eso a Eduardo “Eddy” Di Vulva, el hombre que había convivido con Maradona durante treinta años y no tenía una sola anécdota buena para contar. Está lleno de eso, pero también está lo que significa una historia, su contexto, su trazo fino, y acá están aquellas amenazas desde Miami a este Luis que lo recuerda con amor y admiración.
Cuando nos dejó, hubo promesas de fotos, de las que no se guardan en los teléfonos celulares, así que agendó nuestros números. Pero no quiso anotarme con mi apellido. Puso “Ale Maradona”. No quiero usurpar apellido, le aclaré, y sonrió.
-Así lo recuerdo, hermano.
Mientras pasaba esto, Burgo, ya estaba confirmado que Inglaterra vuelve al Azteca después de cuarenta años. No será contra Argentina, será contra México, pero es simbólico que sean ellos los que tienen que jugar en ese escenario. Que creo que te lo dije, y también te leí, que tiene otra energía. Jorge Valdano me dijo en una conversación breve que tuvimos después del partido inaugural, que el Azteca tiene otra luz. Lo debe saber más que nadie alguien que hizo un gol en una final.
Inglaterra le ganó al Congo, que igual la hizo sufrir, como Senegal hizo sufrir a Bélgica. Partidos que prometen dar grandes golpes y luego se resuelven sobre el final y en pocos minutos. Acá avanza Estados Unidos, que es un buen equipo y ahora va a jugar con los belgas. Vos estás viviendo un gran Mundial en México. Te confieso que me sorprende. Como sabés, estuve ahí para el partido inaugural. Recuerdo no solo las protestas de esos días y las amenazas de boicot, sino también cierta falta de expectativa por la selección de Javier Aguirre. Todo cambia. Ahora vas a tener ahí a Inglaterra en el Azteca, lo que es un poco tener a Maradona, que como vemos está en todos lados.
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