Bienvenidos a este newsletter de Tiempo. Estas cartas del Mundial, Postales del Norte, que intercambiamos junto a Alejandro Wall. Hoy Burgo, desde Ciudad de México, donde el seleccionado local eliminó a Ecuador, le escribe a Wall, todavía en Kansas City pero próximo a partir a Miami, donde Argentina jugará el viernes ante Cabo Verde.

Cómo va, Wall.

A paso de hombre, porque el tráfico es demencial y al otro lado de las ventanillas del colectivo de prensa hay un millón de personas que festeja en las calles de Ciudad de México, estoy regresando del Azteca que ya conociste -y que todos los argentinos, y todos los futboleros del mundo, conocen a la distancia por Diego Maradona o, más atrás, por Pelé-. Tiene mística: es el estadio en el que se jugaron más partidos de los Mundiales. Entiendo que también existan el Maracaná en Rio de Janeiro y Wembley en Londres, pero el Azteca -lo dice la canción- te aplasta. Y parece que a los rivales también.

Había sido sede en 1970 y 1986 y llegó a 23 encuentros de Mundiales con el de México 2-Ecuador 0 de anoche. Serán 24 con el cruce de octavos de final de este domingo, que a su vez marcará la despedida de México como sede de 2026. Ya entonces al torneo le quedarán dos semanas: falta lo mejor pero empieza a verse la recta final.

De Diego en el Azteca, a Maradona en Miami
Foto: NA / Xinhua / Martín Zabala

Hoy se define el rival de México. Incluso, muy posiblemente, cuando muchos lean este correo, ya se haya jugado el Inglaterra con República Democrática del Congo que lo definirá. Si ganan los ingleses, será su regreso al Azteca después de la Mano de Dios. Tiene morbo. Si ganan los africanos, será el regreso de Lumumba a las tribunas. Tiene justicia.

El hincha más reivindicativo del Mundial, el que se viste como estatua viviente en honor al líder independentista de su país, Patrice Lumumba -asesinado por agentes belgas y de la CIA-, solo puede mirar los partidos en los estadios de México. Estados Unidos no le dio la visa. Forma parte de la Copa del Mundo que permite la FIFA.

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Por eso llegó a Guadalajara para el partido con Colombia -y fue ovacionado- pero no pudo estar en Houston ni en Atlanta ante Portugal y Uzbekistán ni, se supone, hoy ante Inglaterra, también n Atlanta. La fama y la viralización le permitió a Lumumba también conseguir una publicidad. Todos nos financiamos el Mundial de alguna manera.

Yo no creo que los estadios ganen o pierdan partidos -en todo caso los ganan los grandes jugadores y equipos, como esta Francia de Kylyan Mbappe que parece desfilar– pero Inglaterra o Congo tendrán que ganarle a México -y es un buena México- y también al Azteca. Me hace acordar a una frase de Héroes, el documental de México 1986, en la voz de Ernesto Frith: «Para batir a Argentina, primero habrá que batir a Maradona». Parafraséndola, «Para batir a México, primero habrá que batir al Azteca».

De Diego en el Azteca, a Maradona en Miami
Foto: Xinuhua

Entre 1970, 1986 y 2026, los locales -no les voy a decir los aztecas- jugaron diez partidos en el Coloso de Santa Úrsula: ganaron ocho y empataron dos. Y, no lo digo de manera despectiva sino como dato real, se trata de la selección que perdió más partidos en la historia de los Mundiales. En el Azteca, sin embargo, se metamorfosea como un local temible. Justamente, desde 1986, que no ganaba un partido de playoffs.

A Ecuador le hicieron una de Copa Libertadores. La noche previa, cientos de mexicanos se juntaron enfrente del hotel para lanzar pirotecnia y poner música al máximo volumen. Tiene su lógica: forma parte de los Mundiales que se organizan en América Latina, donde el hincha también juega su partido, aunque no sea en el césped.

Te estás yendo a Miami. Por cierto, te recuerdo esta historia que publiqué en Tiempo hace unos años, en 2023. Entonces se cumplían 30 años de otro partido de Argentina en esa ciudad, aunque en el ya desaparecido estadio Orange Bowl: fue cuando le ganamos 2-1 a Alemania en diciembre de 1993, la tarde en que Ariel Ortega debutó en la selección. 

Pero el dato olvidado es que Diego Maradona, que había regresado al equipo de Alfio Basile para el repechaje contra Australia, habría jugado ese partido si no se hubiese lesionado pocos días atrás en un Huracán-Newell’s. El tema es que el 10 había recibido amenazas de muerte por si llegaba a Miami.

«Por culpa del desgarro me perdí un partido que quería jugar sí o sí. ¿Por Alemania? No, qué va. Porque algunos cubanos anticastristas habían dicho que si yo pisaba Miami ellos me iban a matar, más que nada por ser amigo del Comandante Fidel Castro. Me hubiera gustado verlos de cerca, cara a cara, pero me lo perdí», dijo Maradona en su biografía, «Yo soy el Diego de la gente»».
Son los tiempos de Lionel Messi y son hermosos. Pero Maradona es subcutáneo: lo llevamos debajo de la piel. Si Inglaterra visita el domingo esta ciudad, tendrá que ganarle a México, al Azteca y también a Diego.