Bienvenidos a este newsletter de Tiempo. Estas cartas del Mundial, Postales del Norte, que intercambiamos junto a Alejandro Wall. Hoy Wall, desde Dallas, donde Argentina juega esta noche, le escribe a Burgo, en Ciudad de México.

Hola, Burgo, cómo va.

Pasan cosas en el Mundial mexicano. Guadalajara fue la puerta de salida de Uruguay, hasta acá la gran frustración del torneo y el único sudamericano que no llegó a dieciseisavos. España fue un equipo de bajo vuelo, muy lejos de la imagen de un candidato, pero Uruguay perdió con un error de Fernando Muslera, otro más en esta Copa del Mundo. Un dato de Opta dice que nunca un arquero tuvo errores que derivaron directamente en tres goles en Mundiales, al menos desde 1966, cuando comenzaron a registrarse estadísticas. La salida de Muslera en el entretiempo dejó la herida expuesta. Se trataba de un arquero que el mismo Bielsa había rescatado para llevarlo al Mundial.

Van a ser horas en las que se busquen culpables. Lo más fácil será encontrarlo en Bielsa, blanco cotidiano de sus detractores, un sospechoso permanente del fútbol. Ayer al primero que escuché fue a Diego Lugano, columnista de Telemundo. Su reacción inmediata fue señalar a Bielsa, su forma de comunicar, su decisión de llevar futbolistas lesionados al Mundial y hasta su contrato millonario. Bielsa es responsable. Es el entrenador que no supo convencer a este grupo de jugadores sobre su idea; lo que él diría es que no supo potenciarlos. ¿Es el único responsable de esta historia?

bielsa

El vínculo con un sector de ese plantel, incluso con referentes como Federico Valverde, hacía tiempo que estaba roto. Ese grupo ya había pedido su cabeza en otras oportunidades. Bielsa lo sabía y siguió, incluso con esos jugadores. ¿Hizo bien? ¿Cómo seguís trabajando en ese contexto? ¿Cómo hacés para que esos jugadores crean en vos?

Si se mira hacia atrás y se ve a Uruguay en 2023 y 2024, esto fue apenas una sombra. Uruguay volaba. Victorias con Brasil en el Centenario y con la Argentina en la Bombonera. Semifinales de la Copa América, tras eliminar a Brasil en cuartos de final. Fue Bielsa en ese torneo, que se jugó acá en Estados Unidos, el que tomó la palabra para defender a sus jugadores por los incidentes luego de la derrota frente a Colombia. Lo hizo enfrentándose al monstruo. Se metió con el negocio del fútbol y, sobre todo, se metió con Estados Unidos.

Pero hubo un momento de quiebre para esta selección cuando Luis Suárez, ya retirado de la Celeste, empezó a disparar contra Bielsa desde afuera. Su liderazgo todavía pesaba aunque no estuviera en el vestuario. Desde ahí se detonó todo. Hubo demasiado ruido. Suárez, un tótem del fútbol uruguayo, amado por todo lo que hizo con su selección, tenía que conocer su capacidad de daño. Con el agregado indispensable, por supuesto, de una prensa deportiva que también lo combatió.

¿Esto le quita responsabilidad a Bielsa? ¿Esto lo convierte en una víctima? Para nada. Bielsa, además, agudizó sus mañas. Como si el personaje le ganara al hombre, al formador reconocido por cuantos futbolistas estuvieron a su cargo. Si algo caracterizó a Bielsa fue el reconocimiento de sus jugadores por lo que les enseñó. Para eso hay que comunicarse con el otro y Bielsa, durante este tiempo, parecía estar incomunicado. Se puede no ser modelo y a la vez mirar a la cara a nuestros interlocutores. Es la primera forma de conectar. “No le dejo nada al fútbol uruguayo”, dijo Bielsa ayer. 

Si la Argentina es el país que más técnicos aporta en el Mundial, Bielsa tiene bastante que ver en eso. Mauricio Pochettino, el DT de Estados Unidos, lo ve como un héroe. Es el hombre que lo fue a buscar a Murphy y que lo convirtió en el defensor que luego sería. Un fruto del árbol bielsista. Sebastián Beccacece, entrenador de Ecuador, lo considera un padre futbolístico. “Fue la persona —dijo— que me inspiró, que me llevó a pensar y darle una vuelta siempre a las cosas…”. También Bielsa hizo debutar a Lionel Scaloni en la selección.

Pero este Mundial, por suerte, no es el Mundial de los técnicos. Es el Mundial de los jugadores. Ayer irrumpió Ousmane Dembelé, por si hacía falta otra figura. El jueves estuve en el empate entre Japón y Suecia, en el AT&T de Dallas, con dos golazos, uno de cada lado. Los japoneses van a ser los rivales de Brasil. Son un equipo ordenado, juegan bien, pelota al piso, buena circulación. El técnico es Hajime Moriyasu. Pero el que me gustó fue Ao Tanaka, un volante que va al frente, encara. Juega en el Leeds, ya que estamos con Bielsa. Les falta algo de caos en el ataque. Parecen demasiado previsibles. Pero son buenos.

Ayer me escribiste sobre el partido LGBTQIA+ que se jugó en Seattle. Hubo banderas arcoíris en el empate entre Irán y Egipto, justo dos países que criminalizan la homosexualidad. Los organizadores de Seattle hablan de inclusión y libertades. Está muy bien. También debiéramos hablar de hipocresía. ¿De qué inclusión pueden jactarse con lo que hacen con Irán? No sólo por tener a su país bombardeado por una de las sedes del Mundial. También por las restricciones impuestas para estar en la competición. Es un escándalo naturalizado. 

Te dejo lo que dijo Mehdi Taremi ayer después del partido. Irán va a jugar los dieciseisavos de final. Pero tuvo que dejar Seattle para volverse a Tijuana, en México.

Esta es una Copa del Mundo desastrosa. Como jugadores profesionales no podemos jugar una competición en estas condiciones, no está bien ni es justo. Si la FIFA piensa que esto es justo, tema de ellos, pero no lo es. ¿Quién debería solucionar este problema por nosotros? ¿La FIFA? ¿EE.UU.? ¡No sé! Díganme un nombre. El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, vino a nuestro vestuario después del primer partido contra Nueva Zelanda y dijo que iba a resolver todos los problemas, pero en realidad la FIFA no hizo nada. Tenemos que luchar contra absolutamente todo. No podemos quedarnos en el país, viajamos y nos sometemos a controles migratorios cada vez que queremos jugar. Ahora no podemos quedarnos en Seattle y tenemos que volver a Tijuana. Han hecho todo lo posible para eliminarnos. Entonces, desde nuestra perspectiva, sí, creo que lo quieren así, nos quieren afuera”.

Así estamos, Burgo, a unas horas de que la Argentina juegue con Jordania cuando ya sabe que el 3 de julio, en Miami, tendrá enfrente a Cabo Verde. ¿Se le abrió el camino? ¿Habrá que decir que no hay que subestimar a Cabo Verde? Suena a abrir demasiado el paraguas. Está claro que la Argentina es ampliamente favorita para ese partido. La debacle uruguaya produjo esa combinación.

Te dejo, que ahora salgo para el partido y acá en Dallas las distancias engañan. Todo parece cerca, todo queda lejos. De alguna manera, así es el Mundial.