Bienvenidos a este newsletter de Tiempo. Estas cartas del Mundial, Postales del Norte, que intercambiamos junto a Alejandro Wall. Hoy Wall, desde Kansas City, donde Argentina se entrena a la espera del partido del viernes -contra Cabo Verde en Miami, le escribe a Burgo, en Ciudad de México, donde hoy juega el local contra Ecuador.
Hola, Burgo, cómo estamos
Acá estoy de vuelta en Kansas City después de una semana en el infierno de Dallas. No voy a extrañar nada esa ciudad, el estado de Texas, su calor, sus distancias, ese hormigón interminable y un paisaje de autopistas, centros comerciales y edificios. Las casas son genéricas, les dicen McMansions porque son grandes y todas iguales, y se fabrican en serie como las hamburguesas. En Dallas no hay belleza.
Una noche me pedí un auto para salir a tomar unos tragos con amigos. Me vino a buscar un Avride, un auto autónomo. Fue una escena de Black Mirror. En la aplicación estaba el nombre de Vicente, que figuraba como especialista y no como conductor. Cuando el auto blanco llegó, le vi en el techo una especie de sirena, que en realidad es su sistema de censores. Tenés que dar el ok en la aplicación para que la puerta se abra. Adentro me esperaba un muchacho de poco más de treinta años con anteojos negros (era de noche) que no respondió a mi saludo. En una pantalla que tenía entre los asientos de adelante, tuve que tocar en “Ride”. Recién ahí el auto arrancó.
Le pregunté varias veces a Vicente qué tipo de auto era. Sospechaba que era de estos autos automáticos porque sabía que estaban en Dallas, pero me sorprendió que viniera uno. Todo era raro, incluso la pantalla que me mostraba el camino por donde íbamos, y también él mismo era raro. Además, apenas acompañaba el volante. No contestó ninguna de mis preguntas hasta que se cansó y sólo me dijo: “Tiene que consultar en la aplicación”. Le pregunté si tenía prohibido hablarme y asintió con la cabeza. Por suerte llegué a destino y en la barra de un bar no muy concurrido, mientras en el escenario una chica cantaba un tema que parecía de música country, me pedí un margarita.
También visité el lugar donde mataron a John Fitzgerald Kennedy. Sobre Elm Street hay unas cruces que marcan los dos lugares en donde recibió los disparos. Un tercero pegó en el asfalto. La gente espera que no pasen autos, salta a la calle y se saca la foto sobre las cruces. También está el Museo del Sexto Piso. Desde ese edificio, que era el Depósito de Libros Escolares de Texas, presuntamente disparó Lee Harvey Oswald. En la placa que está en la entrada está subrayado por algún alma callejera la palabra “allegedly”, presuntamente. Es la historia que se impuso.
Dallas parece una ciudad sin alma, el último lugar que Diego pisó como futbolista de la selección, y el lugar que redimió Messi. Sus dos partidos quedan acá, los goles y el récord también. Quizá haya sido lo único por lo que podamos recordar esta ciudad con algo de cariño. Pero cuando tomamos la ruta, la interestatal 35, para dejar atrás el estado de Texas, pasamos por Oklahoma, y llegamos a Misuri, hasta Kansas City, ocho horas después, sentimos que volvíamos a casa.

Encima ayer teníamos jornada de superacción con los dieciseisavos. Primero con Brasil-Japón en Houston. Había visto a los japoneses en Dallas contra Suecia. Son ordenados, manejan bien la pelota, tienen velocidad, pero les falta algo de caos en ataque. Aún así se pusieron en ventaja con el gol de Kaishu Sano, el jugador del Mainz alemán. Carlo Ancelotti tuvo que sacudir el equipo en el segundo tiempo y lo mandó a Endrick a la cancha. Se lo había pedido mucho al chico de 19 años. Brasil intentó mucho por arriba, llegó al empate con la cabeza de Casemiro. Y lo ganó cuando ya parecía que se iba al alargue con un gol de Gabriel Martinelli, al que también Ancelotti había metido desde el banco. Fue un susto para Brasil, que logró pasar de pantalla.

Si lo de Japón fue casi el gran golpe del Mundial, lo que vendría después sería una gesta. Paraguay, que en el inicio de este torneo que va a toda velocidad, se había llevado una de las peores derrotas frente a Estados Unidos, consiguió su mejor triunfo en una Copa del Mundo. “No existe ganar para Paraguay”, me dijo un amigo desde Asunción en plena fiesta después de haberse cargado a Alemania, un pesado de los Mundiales. Me cuentan que en Buenos Aires se festejó hasta en los balcones. En Kansas también celebramos.
Julio Enciso hizo un muy buen gol de obra colectiva en la primera parte. Pero la ofensiva alemana fue demasiado. Resistió lo que pudo. Julian Nagelsmann desplegó la fuerza de aérea. Kai Havertz puso el empate. Después del tiempo suplementario, Gill fue el héroe en los penales. Tapó dos pero Antonio Sanabria y Fabián Balbuena erraron los suyos. Al final, después de que el alemán Jonathan Tah la tirara por arriba, José Canale completó la tarea. Paraguay pasó a Alemania con el arquero de San Lorenzo y el central de Lanús como figuras. Fútbol argentino.
Como sabemos desde el libro que publicó cuando dirigía a Ecuador, Alfaro es un cazador de utopías imposibles. Ayer su metáfora fue musical. “Me gustaría tener otros argumentos, pero no estamos preparados para eso”, dijo. «Nosotros hoy todavía tenemos que bailar la música que nos ponen. A veces nos toca una cumbia, a veces un tango, a veces una rumba. Y ahí estamos. Y ahí vamos. Hoy nos tocó una polka. Entonces, ahí seguimos peleando, bailando mal, pero tratando de interpretar y de seguir adelante”. También apeló a la tierra colorada, la que venció al academicismo.

Alemania nunca había perdido en una tanda de penales mundialista. Y Paraguay nunca había convertido un gol en eliminación directa en Copa del Mundo. Esa es la dimensión de lo que se consiguió. Gill, de paso, le tapó la boca a José Luis Chilavert, que tiroteó en los medios contra él y contra Alfaro. Hay fiesta en Paraguay. Y hay feriado para celebrar la hazaña futbolera Pueblo noble y solidario. Todavía recuerdo cómo abrieron sus puertas, nos dieron agua, baño y hasta cervezas en la final de la Copa Sudamericana que ganó Racing. Que disfruten esta alegría.
El día terminó con las celebraciones marroquíes. Otra vez en los penales. Marruecos fue el que menos erró. Bono atajó un penal rarísimo, corriéndose a un costado parado. Afuera Países Bajos, una de las selecciones que pintaba candidata. La jornada fue la derrota europea. Se fueron dos de dos. Ganaron dos sudamericanos y un africano. El tercer mundo sigue en pie.
A todo esto, Burgo, ¿viste lo que jugó Matías Galarza Fonda? ¿En serio River lo va a dejar ir? Necesito tu opinión porque me gustaría que Racing haga un intento ahí.
