La referenta de la Falgbt se refirió al aumento de las violencias y los crímenes de odio. A dos años de la masacre de Barracas explicó qué esperan para ese juicio.

-Se cumplió un nuevo aniversario del triple lesbicidio de Barracas ¿qué ha significado ese crimen para la comunidad LGBT?
-Fue el inicio de un período muy triste para nuestra comunidad, y que se manifiesta ahora con la profundización de los crímenes de odio a nivel general. Cuando ocurrió el crimen de Barracas, las organizaciones señalamos en ese momento que lo que estaba pasando tenía que ver con los discursos de odio que se expresaban desde el gobierno nacional y antes de eso, en la campaña política de La Libertad Avanza. Y eso se fue confirmando con el tiempo. Las primeras veces que lo señalamos fue con crímenes como el de Barracas, pero se fue confirmando en estos meses con la cantidad de crímenes de odio registrados en nuestro país en los últimos años, que casi se duplicó.
–¿Se percibe esa gravedad en el resto de la sociedad?
–No creemos que la sociedad esté acompañando estas posiciones de odio. Creemos que la sociedad argentina sigue siendo la misma que acompañó el matrimonio igualitario y la Ley de Identidad de Género. Pero también creemos que hay un sector minoritario de la sociedad que quizá se expresaba menos antes y hoy se encuentra avalado para expresarse incluso con más vehemencia y más violencia en contra de nuestros derechos y de nuestras existencias en general. También creo que que no hay conciencia suficiente de esto. Incluso, en un primer momento cuando advertíamos que se iba a generar más violencia hacia nuestra comunidad nos decían «eso no va a pasar, es un debate ya saldado…», y yo creo que sigue siendo un poco así la sensación que hay. Sumado a que las personas hoy están preocupadas por su mera subsistencia. Y entonces a veces estas discusiones, que son importantes también, pasan a un segundo plano.
-¿Cuánto nos va a llevar desandar este camino de violencia instalada institucionalmente?
-Va a llevar tiempo. Primero porque se abrió una puerta que estaba cerrada. Y aun si revertimos esta situación en términos de poder, o sea, si logramos tener un gobierno que no se exprese de esta manera, aún así, este discurso ya se encuentra legitimado en una porción de la sociedad. Y vamos a tener que trabajar sobre ese sector. Hay muchos debates que están saldados en términos mayoritarios, pero eso no quita que haya que seguir trabajando. En la juventud, por ejemplo, hay un sector que no vivió esas discusiones, esos avances, esas necesidades que dieron lugar a esos logros.
La derecha en general ha utilizado como chivo expiatorio algunos sectores vulnerados de la sociedad. Hoy son las diversidades, son las personas trans principalmente y hasta, en nuestro país, se han atrevido a ir contra sectores como la discapacidad. Se ampliaron esos sectores de la sociedad, a los que históricamente la derecha les echó la culpa de sus males. Hay que revertir la legitimidad de estos discursos, por más de que todavía son minoritarios. Que sean todavía una minoría no implica que no puedan llegar a ser una mayoría teniendo las herramientas para dar la batalla cultural que quieren dar y que se plantean dar abiertamente. No están en condiciones de avanzar sobre algunos temas como el matrimonio igualitario, como el resto de la Ley de Identidad de Género, pero eso no quiere decir que no lo quieran hacer o que no se estén estableciendo caminos para hacerlo.
-¿Cómo se trabaja desde los activismos en ese sentido?
-Hay un estado de desconcierto generalizado y una especie de parálisis. Estamos viendo, con algo de perplejidad, cómo se destruyen las cosas que se construyeron durante tantos años. Y creo que la forma de salir es escuchando lo que no debatimos. ¿Qué pasa con esos varones heterosexuales que se sintieron dejados de lado por el discurso sobre cómo teníamos que construir una sociedad nueva, cuando ellos tienen que ser parte de la construcción de esa otra forma de ordenarnos y de vivir, diferente al patriarcado? Me parece que ahí hay algo que trabajar. Surgen en muchos lugares, acá muy incipientemente, pero están también las TERF (feminista radical transexcluyente), mujeres que se sintieron desplazadas del discurso del feminismo y de la diversidad. Se cometen algunos errores de dejarle a los otros esas necesidades y esos planteos. Por ejemplo, creo que hay una operación en relación a las denuncias falsas y hay un objetivo que es preocupante y repudiable en el uso como herramienta política. Ahora, ojo, porque hay una necesidad y un dolor que atender en quienes sí son víctimas de denuncias falsas, aunque sean pocos. A ese dolor hay que darle respuesta. Entonces, por qué le dejamos esas respuestas a quienes quieren operar en contra del feminismo y las diversidades.
-Se cumplen 20 años de de la ESI ¿qué fue lo bueno que trajo y cómo se puede trabajar para seguir defendiéndola?
–Esta ley permitió avanzar un montón en términos reales. La Educación Sexual Integral llegó a un montón de espacios y ámbitos adonde no llegaba antes. Tal vez, en su momento, perdimos una batalla que era determinar cuál era el contenido de esa ley. Aún en lugares medianamente conservadores hay un montón de escuelas adonde llega la ESI, en muchos casos, a partir de la iniciativa de los docentes, otras por iniciativa de los estudiantes. Pero falta mucho. En su momento, el Ministerio de Educación de la Nación sacó contenidos excelentes para la época en materia de derechos, en materia de género, en materia de diversidad. Nos faltó desbinarizar la ESI porque tiene todavía contenidos muy binarios. En la actualidad, retrocedimos porque el Ministerio de Educación de la Nación no publica ningún contenido de Educación Sexual Integral, y muchos ministerios locales copian lo que está haciendo Nación. Y eso es un retroceso lamentable.
-Son querellantes desde la Falgbt en la causa por el triple lesbicidio de Barracas, ¿qué esperan para el juicio que va a empezar el 18 de mayo?
-Hay una batalla en términos simbólicos, que es visibilizar que lo de Barracas fue un crimen de odio. Porque si en la sociedad no se visibiliza lo que está pasando, que es el odio hacia las diversidades y que esos odios a veces se expresan con asesinatos y con violencias, si no lo visibilizamos, no vamos a poder trabajar para revertirlo. Entonces hay que visibilizar que eso está pasando para generar conciencia acerca de la necesidad de modificarlo en la sociedad. En términos concretos, el imputado va a ser condenado porque tiene un montón de agravantes. Lo que a nosotros nos interesa en este caso en particular, no es particularmente que haya perpetua como condena, sino que se visibilice la realidad de los crímenes de odio y que el crimen de Barracas fue un lesbicidio y fue un crimen de odio. Es una decisión política del tribunal reconocer esto. Más allá incluso de la prueba particular del caso, creo que hay mucho en el contexto, en la realidad. Hemos acercado a la justicia todos los informes de crímenes de odio, todo el desarrollo que tenemos sobre el tema. Hay material suficiente como para reconocer que esto fue un crimen de odio. Es una decisión política querer visibilizarlo, reconocer que existe en nuestra sociedad y que hay que revertir esa situación.
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