Leo Gentili: «A veces me duermo escuchando relatos de Víctor Hugo, Walter Saavedra o el Turco Wehbe»

Por: Alejandro Wall

Desde La Red se convirtió en uno de los grandes narradores radiales de esta época. “Riquelme es el último bastión contra el embate privatizador”, dice Gentili, que acaba de publicar "El relato de los relatores", un libro de entrevistas, y realiza una cena-show con Pablo Ladaga.

Durante tres años, en trasnoches radiales de fin de semana, Leo Gentili habló con relatores, con otros que como él se encargan de leer en voz alta, como dijo alguna vez Walter Saavedra, lo que los jugadores escriben con los pies. Era la sección “Cafecito con colegas” de su programa “El Alargue del Fin de Semana”, en Radio La Red. Las madrugadas de viernes y sábados, entre 2019 y 2022, dejó charlas que muchos oyentes siguieron recordando hasta tiempo después. Una vez un taxista le sugirió que esas entrevistas podían convertirse en un libro.

Gentili le hizo caso. Acaba de publicar El relato de los relatores, de Editorial Sudestada, con las conversaciones que mantuvo con Walter Saavedra, Osvaldo Wehbe, Walter Nelson, Atilio Costa Febre, Alejandro Fantino, Rodolfo De Paoli, Miguel Simón y Víctor Hugo Morales, quien además firma el prólogo.

“Los relatores -escribe Víctor Hugo- nos sentimos los artistas del pueblo”. Gentili, que se prepara para su segundo Mundial con La Red después de haber narrado el título argentino en Qatar 2022, es además un estudioso del relato deportivo. De chico, compraba casetes en Parque Rivadavia para escuchar a Fioravanti. A José María Muñóz, Carlos Parnisari, Ricardo Podestá y Walter Saavedra los escuchó en tiempo real. Y a Víctor Hugo todavía lo disfruta. Si sus amigos soñaban con gambetear como Diego Maradona, él soñaba con relatar como Víctor Hugo. Cada página del libro suelta voces y sonidos, historias, hilvanadas por la obsesión, la curiosidad y la búsqueda permanente de Gentili, que ama el fútbol, el relato y la radio. Y que además pone su voz profunda también para defender sus ideas.

—¿Qué escuchás en un relato?

—Roberto Fontanarrosa decía que, si hicieran una película de su vida, elegiría como banda sonora el relato de un partido de fútbol. Yo escucho la musicalidad, la fonética, el arrullo del relato de Víctor Hugo. Siempre digo que hay que buscar la excelencia aunque no siempre la encuentres. Víctor Hugo la buscó y la encontró.

—De Walter Saavedra decís que es “el mejor de los nuestros”. ¿Por qué?

—Porque tenía todo lo que debe tener un relator y un poco más: poesía, preparación, pasión, dinámica, cambios de tono y una vocación de expresar su pensamiento en el relato. Además fue un innovador. Metía artística en medio de los partidos, canciones, efectos, climas. Tenía su propia consola y disparaba sonidos según el momento del juego. Dejó un legado enorme. Yo lo seguía a todos lados. Llegó a relatar para una radio de Tandil y yo me volvía loco tratando de encontrar dónde escucharlo. Me importaba escucharlo a él. Yo a veces me voy a dormir escuchando relatos enteros de Walter Saavedra, de Víctor Hugo o del Turco Wehbe.

—¿Dónde crees que nace la tradición? 

—En Fioravanti acá, en Carlos Solé en Uruguay, que fue gran referente de Víctor Hugo. El relato argentino y uruguayo tiene una cadencia y también una formación. Es muy interesante ver cronológicamente cada quiebre en el relato deportivo y cómo a partir de ese quiebre va cambiando el estilo. Fioravanti, al que le decían el maestro por la claridad conceptual que tenía y por el uso de los sinónimos, cambió la manera de relatar. Fioravanti se apoyaba en la L para el grito de gol. Muñoz, otro quiebre, empezó a extender la O, gol, gol, gol, gol, gooool. Y el otro cambio fue el de Víctor Hugo, que llegó a la Argentina con ese bagaje ideológico, de compromiso, que lo volcaba en cada relato deportivo. Es el mejor relator de habla hispana de todos los tiempos

—¿Te sentís “victorhuguista”?

—Me siento como un discípulo. Como alguien que lo escuchaba para aprender. Yo todavía hoy lo escucho. Si coincide con un partido mío, después busco el relato en Radiocut para ver cómo resolvió él determinadas jugadas. Este trabajo es un aprendizaje constante.

—En una de las charlas, con Miguel Simón, coinciden en que el relator se hace. ¿Cómo es eso?

—Se puede hacer. Tiene que ver con la perseverancia, con la pasión, que te va a permitir seguir en pie o trastabillar, pero continuar en el camino. Mi comienzo fue traumático. Había un relator dentro mío sin que lo supiera. A comienzos de los noventa, yo era cronista en El Ascenso x 3, en Radio Colonia, y Daniel Cacioli, de la nada, me insistió con que tenía que relatar. “Vas a hacer conexión con relato de Talleres de Remedios de Escalada-Temperley”, me dijo. Un clásico. En ese momento estaban los ladrillos como celulares y yo soy tan burro con el tema tecnológico que ya me costaba levantarlo. Fui un desastre. Como yo tenía el pelo largo y arito, Cacioli me dijo que me dedicara al modelaje. Quedé destruido, pero quería demostrarle que yo estaba listo. Empecé a grabar notas de dirigentes y futbolistas del Ascenso sin que me lo pidieran. Hasta que me dio de vuelta la posibilidad. Esa estuvo bien y de ahí me empezó armar conexiones con relato. Después me llevó a trabajar a un canal de cable en el oeste como relator.

—¿En ese momento empezaste a escuchar más relatores?

—Sí. Y también empecé a entender que no había que forzar las muletillas. Mucha gente me habla del “gol nuestro”, que es algo que grito con la selección, pero no nació pensado. Me salió espontáneamente relatando un gol de Excursionistas cuando hacía la campaña del club. Y después lo usé para Argentina. Yo me escucho mucho. En realidad, me martirizo bastante escuchándome. Siempre encuentro algo para corregir. Pero ahí aparecen cosas que te gustan y las incorporás. Primero hay que encontrar la fluidez, la dinámica. Después aparecen los latiguillos y la poesía.

—¿Cómo administrás el ritmo del relato?

—Escuchándome mucho. Cuando era más chico me escuchaba y apenas me entendía. Entonces empecé a trabajar muchísimo la articulación sin perder dinámica. Me gusta un relato intenso, rápido, pero que se entienda.

—Si el partido es malo, ¿lo forzás?

—Lo hablé alguna vez con Roberto Perfumo porque yo tenía una disyuntiva con ese tema, ¿Qué hacemos? ¿Qué hace el relator? ¿Le mete dinámica, cambio de ritmo, pasión, vibración, o se adapta al partido y lo relata con un tono anodino de acuerdo a lo que está viendo? Y Perfumo me dijo que el relator tiene que mantener el espectáculo, que es un show radial, que para decir si el partido es malo o es bueno está el comentarista. 

—¿Cómo preparás un partido?

—Con muchísimo trabajo. No me alcanza con saber cómo juegan. Averiguo dónde nacieron, en qué club de barrio empezaron, cómo es la ciudad donde se juega el partido, historias familiares. Muchas cosas ni siquiera salen al aire, pero me dan seguridad. Una vez, cuando estaba muy instalado el debate sobre las sociedades anónimas deportivas, abrí una transmisión contando de qué clubes de barrio venían los jugadores de la Selección. Ahí también uno puede expresar una idea. Yo creo que el fútbol es un gran pretexto para llegarle a la gente desde otros lugares.

—Vos sos de plantar tus posiciones.

—Trato de no forzarlas, pero sí de hacerme un espacio. Creo que el relator también puede expresar una mirada del mundo. Lo aprendí de tipos como Víctor Hugo o Walter Saavedra. Lo peor es subestimar al oyente.

—Al mediodía en la radio, en López 910, con Gustavo López, también tenés ese espacio, siempre se escucha un debate que excede al fútbol.

—Gustavo es muy generoso. Pensamos distinto en muchas cosas, sobre todo en política, y sin embargo jamás me marcó un límite fuera del aire. Yo creo que no hay conductores tan generosos como Gustavo, por lo menos entre los que yo conozco, que permitan que se hable tan abiertamente con ideas distintas.

También está Daniel Baretto, más cercano a vos.

—A veces Gustavo queda en minoría y se la banca igual. No lo dejamos ni empezar. Hay discusiones fuertes que salen naturalmente. Un día Gustavo arrancó saludando con un “feliz día” por el Día del Trabajador y yo le dije al aire que no se podía decir “feliz día” con veintidós mil empresas que cerraron los últimos tres años y trescientos mil trabajadores que se quedaron sin laburo, más los que pasaron del mercado formal al informal. “¿Qué querés que diga?”, me decía. Lo que quieras, pero un saludo y esperemos que esto cambie. Es muy generoso en ese sentido. El programa rinde, a la gente le gusta, y eso también hace que sea tan escuchado. 

—¿Qué tiene la radio para seguir vigente?

—Cuando apareció la televisión ya decretaban la muerte de la radio. Y después llegaron las plataformas, el streaming, las redes. Pero la radio siempre encontró la forma de reinventarse. La radio tiene una intimidad y una épica única. Es inmortal y va de la mano del fútbol.

—¿Qué aprendés de los comentaristas?

—Que una transmisión es una orquesta. Podés tener un gran relator, pero si falla una parte, falla todo. Y además los relatores muchas veces cometemos el error de no escuchar. Estamos tan concentrados en el partido que a veces el comentarista te marca algo y recién lo descubrís tres minutos después. Hay que saber estar atento.

—¿Cuál es el jugador que más te gusta relatar?

—Lionel Messi, un impredecible. Porque para relatarlo no podés pestañear, te obliga a estar súper concentrado. Cualquier movimiento no solamente desarticula al rival, sino que te puede desarticular a vos si no estás atento. Es un tipo que toma por asalto la realidad. 

—¿Y Juan Román Riquelme? ¿Qué ves del Riquelme dirigente?

—Que enfrenta a la mafia. El macrismo es una mafia. El otro día Gustavo (López) me dijo al aire que la de (Mauricio) Macri fue la gestión más exitosa deportivamente hablando. Y yo digo que también fue la más corrupta. Porque para mí no todo vale. Hoy Riquelme es el último bastión contra el embate privatizador de Macri y de Milei. Fijar postura es aportar mi granito de arena a una lucha que tiene que ver con la continuidad de los clubes como asociaciones civiles sin fines de lucro. 

—¿Y hay medios detrás de ese intento?

—La mafia tiene tentáculos y los tentáculos llegan a la Justicia, a los medios y a ciertos periodistas. Macri asoció al Grupo Clarín en la empresa Boca Crece SA. El Grupo Clarín se quedaba con el 50% de lo que producía la marca Boca. Yo trato de hacerles entender a los consumidores de los medios del Grupo Clarín que el Grupo Clarín, en sus diversas formas, nunca va a hablar bien de Riquelme, nunca lo va a elogiar, nunca va a poner un gran triunfo de Boca en la tapa o pocas veces, porque a ellos se les acabaron los privilegios y los negocios que tenían con el macrismo. Añoran esos negocios, añoran esos millones. Y el que sacó al macrismo del club es Riquelme, es el responsable. Es el responsable de que hoy Clarín no tenga los negocios millonarios que tenía cuando Macri era presidente o el macrismo estaba.

—¿Con la AFA creés que se expresa algo similar con Clarín y La Nación?

—Sin dudas. Hubo 30 o 40 tapas consecutivas de Clarín que no se le hicieron a (José Luis) Espert, que no se la hacen a (Manuel) Adorni, no se la hacen a Macri, se la hacen a (Claudio) Tapia, a (Pablo) Toviggino. Creo que hay muchas irregularidades en el fútbol argentino, pero también estoy convencido de que no se puede terminar con un mal real al precio de un mal mayor. En todo caso, habrá que corregir algunas situaciones.

—¿Qué esperás del Mundial? La expectativa con Argentina está muy alta.

—Yo creo que Argentina tiene una gran virtud, que es la superación constante. Los jugadores van en búsqueda de esa superación. Son pibes que ganaron todo y que juegan como si no hubieran ganado nada. Son tipos que van siempre por más, que incluso ha pasado con otras grandes elecciones. 

—Además va a ser el último de Messi, ¿te plantea algún desafío algo así?

—Lo he pensado. Este Mundial tiene ese agregado. Aunque nunca se sabe, pero seguramente. Ahí tenés otro costado emotivo como para explotar en la transmisión. Cosas que uno va pensando. Yo tengo mil cosas en mi cabeza y después las vuelco. Hasta la improvisación hay que preparar para un relato. 

Gentili y la cena de las emociones

Además de estar en radio y televisión, Leo Gentili se sube al escenario. Junto a Pablo Ladaga hace “La cena de las emociones”. Con música en vivo, los dos relatores van recorriendo su historia y los grandes momentos que están en el imaginario popular de los argentinos. El 22 de mayo estarán en el Club Casablanca, Balcarce 668. Entradas al 1133883402 o a través de TicketMío, Atrápalo y Passline.

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