«La casa de los espíritus» despliega toda su potencia en formato serie

Por: Adrián Melo

La adaptación de la novela de Isabel Allende amplía la saga familiar con ambición. Entre lo íntimo y lo político, el relato dialoga con tensiones que permanecen en disputa.

Sin dudas, La casa de los espíritus precisaba de una versión audiovisual más fidedigna a la obra cumbre de Isabel Allende que aquel experimento cinematográfico fallido y artificioso de 1993, dirigido por Bille August y poblado de prestigiosos artistas de Hollywood, con Meryl Streep, Jeremy Irons y Glenn Close a la cabeza. En este sentido, el formato serie -protagonizado por un elenco preferentemente latinoamericano, con las figuras descollantes de Alfonso Herrera, Dolores Fonzi y Fernanda Castillo- se revela de notable eficacia para dar cuenta de la compleja saga familiar de los Trueba y de sus apasionadas y tortuosas historias de amor, atravesadas por la política, que constituyen esta especie de variante chilena de Cien años de soledad.

Por un lado, La casa de los espíritus se suma a la tendencia de serializar y llevar al streaming obras devenidas clásicas del realismo mágico, tales como Pedro Páramo (Prieto, Netflix, 2024), Como agua para chocolate (de Tavira y Pérez Ríos, HBO Max, 2024-2026) o la propia Cien años de soledad (Mora y Lopera, Netflix, 2025), en el contexto sociopolítico actual de una América Latina dominada por neoliberalismos tan alocados, surrealistas y distópicos que parecen salidos de la imaginación más pesadillesca y ominosa. Es decir, el realismo mágico aparece una vez más como un género privilegiado para dar cuenta de las alucinantes realidades latinoamericanas. En ese sentido, si bien La casa de los espíritus está situada en el siglo XX, se erige como documento de la época presente. Por otro lado, la estructura serializada permite una mayor amplitud y un desarrollo más acabado de los personajes (el largometraje de 1993 comprimía incluso toda una generación de la familia), además de detenerse en ciertos sucesos y detalles, tales como la encantadora relación de la solitaria niña Clara (Francesca Turco) con su tío muerto Marcos (Juan Pablo Raba), con su perro gigante Barrabás o los interminables tejidos de animales imaginarios creados por Rosa la Bella (interpretada por la cantante y actriz argentina Chiara Parravicini).

La miniserie, de impronta preciosista, pergeñada y dirigida por los cineastas y guionistas chilenos Andrés Wood y Francisca Alegría, refuerza su intención de fidelidad a la obra de referencia al titular sus ocho episodios de la misma forma que los capítulos de la novela más popular de Allende. A partir de las sagas familiares fusionadas de los Trueba y los Del Valle, y sobre todo de la épica de Esteban Trueba (Herrera), ese hombre impiadoso que forja su fortuna a base de trabajo, pero también de explotación laboral, abusos de toda clase (incluidos los sexuales) y una violencia que destila sangre y estiércol por todos los poros, Allende pretende construir una analogía con la historia social chilena marcada por la desigualdad. Una historia que va desde sus gobiernos oligárquicos y excluyentes, pasando por el breve sueño redentor de la transición democrática de su tío Salvador Allende, hasta la catástrofe del golpe militar de 1973 y el posterior terrorismo de Estado. Sin embargo, en la versión serializada queda algo desdibujado el contexto histórico en el que transcurren los hechos familiares.

Al conservadurismo y a la violencia patriarcal y clasista de los varones, desarrollados en el microcosmos de la Estancia Tres Marías, Allende le opone las luchas, el valor y la determinación de las mujeres. No es casual que, en su fábula eminentemente feminista, los nombres de las protagonistas tengan reminiscencias a una de las poesías más famosas de aquella otra gran escritora feminista y anarquista argentina. Así, los versos de Alfonsina Storni -“tú me quieres nívea / tú me quieres blanca / tú me quieres alba”- devienen inspiración literal para los nombres de los personajes de tres generaciones: la sufragista Nívea del Valle (Aline Küppenheim), la enamorada y revolucionaria Blanca Trueba (Sara Becker y Fernanda Urrejola, en sus versiones joven y adulta, respectivamente) y la militante comunista Alba Trueba (Rochi Hernández). A ellas hay que sumar la protagonista femenina central, Clara del Valle Trueba (interpretada en su fase joven y adulta por Nicole Wallace y una extraordinaria Dolores Fonzi), quien, sin embargo, en la serie es caracterizada más por sus clarividencias y presagios que por su valeroso tesón. No se resalta, por ejemplo, que el prolongado silencio voluntario de Clara hacia su marido constituye un gesto sumamente subversivo y una de las formas de resistencia más imaginativas, creativas y potentes frente al sistema patriarcal. Frecuentemente, los machirulos les dicen a las mujeres que se callen o que las prefieren calladas; sin embargo, la ficción interpela a pensar qué puede suceder si ellas callan. Asimismo, tampoco se desarrollan en toda su profundidad la magnitud del amor de Blanca por el peón Pedro ni la voluntad revolucionaria de Alba con su amante Miguel.

Paradójicamente, en una obra feminista, el personaje protagónico masculino, Esteban Trueba, es el más desarrollado. A partir de su excepcional interpretación, Herrera da cuenta de las complejidades y ambigüedades de un hombre desmesurado, pleno de rabia y furia, con profundos límites y desbordes en sus pasiones eróticas, que en el último tramo de su existencia encuentra un posible castigo y redención a sus actos infames. A pesar de no asumir grandes riesgos de incorrección política -tan necesarios en estos tiempos neoconservadores-, la miniserie La casa de los espíritus es un producto acabado y entretenido, muy bello y cautivador en lo estético, sostenido por grandes interpretaciones, que logra captar tanto al público fanático de la novela de Allende como a nuevos lectores y flamantes espectadores de streaming. «

La casa de los espíritus

Miniserie de ocho episodios. Guión y dirección: Andrés Wood y Francisca Alegría. Con Alfonso Herrera, Dolores Fonzi, Nicole Wallace, Maribel Verdú, Fernanda Castillo. Disponibles en Prime Video.

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