Formado en la dureza de La Matanza, la rompía en las inferiores del club de Boedo junto a Angelito Correa, Gabriel Rojas y el "Perrito" Barrios pero a los 17 años quedó detenido por homicidio. Condenado a perpetua, le quedan dos apelaciones.

Lo acompaña Daniel Ibañez, jugador de Bocale Calcio, equipo de la quinta categoría de Italia. Correa e Ibañez nacieron en 1995 y compartieron inferiores en San Lorenzo. Tarito, Lautaro Carrachino, categoría 1997, segundo goleador histórico de las juveniles cuervas, escucha el mensaje desde la cárcel de Olmos, condenado a prisión perpetua por homicidio.
Entonces, el tiempo atraviesa los muros y regresa como un bumerang a Villegas, Ciudad Evita, uno de los barrios más peligrosos de La Matanza. Ahí nació Lautaro. Ahí pasaban las tardes los tres hasta que la calle se encargó de separarlos.
Pronto llegará el día de mi suerte.
Detrás de Damián Carrachino, tres chicas con camisetas verdinegras disparan selfies. Salieron de los monoblock de La Tablada, frente a la rotonda. Pregunto si acá, en la ypf de Crovara, se junta la gente de Chicago para ir a la cancha.
-No solo vienen de Tablada. Villegas -cuenta- también es de Chicago-.
Hace dos semanas, Damián se mudó a Entre Ríos. Por primera vez en sus 45 años de vida, abandonó el barrio que lo crió. Pero algunas cosas dejan huellas en la piel. Y su antebrazo izquierdo muestra la banda de sonido que lo acompañó siempre
-.Ismael Rivera – contesta sin pensar cuando pregunto sobre quién es su cantante favorito-.
Damián crió a Lautaro escuchando a Hector Lavoe, Ruben Blades. En Villegas la música que suena es salsa. El ritmo está en sus raíces. En cana, el rancho del barrio se reconoce rápido; basta escuchar a través de los barrotes. No es un rancho más. La historia delincuencial argentina está atravesada por la forma de ser de este barrio. Los que andan en la calle, lo saben. Si vas a Villegas hay tres cosas que nunca faltan: fútbol, salsa y pólvora.
Esta apropiación musical no fue producto de la globalización: la salsa no es reggaeton. A la salsa la trajo el fútbol. Llegó en la valija de Oswaldo Marcial Palavecino, nacido y criado en Villegas, que entre 1975 y 1985 hizo más de 200 goles en el fútbol colombiano. A Palavecino lo recuerdan por los casettes y discos que traía cuando volvía a Ciudad Evita.
Ahora, salsa es lo que escucha Lautaro en el pabellón 10 del segundo piso de la cárcel de Olmos.
-He ido a ver a Víctor Manuel, a Maelo Ruiz y Jerry Rivera – dice en un break de su rutina como encargado de pabellón.
Lautaro nació el 16 de abril de 1997. Empezó a jugar en El Quincho de Ciudad Evita y después en Juventud de América de San Alberto, Isidro Casanova. Lo dirigía Damián y enseguida se destacó.
–Salimos campeones invictos de Liga Argentina. Siendo un club humilde pero de buenos jugadores ganamos campeonato, copa challenger y trofeo de campeones – recuerda.
A los 8 años, llegó la prueba en San Lorenzo. El debut en infantiles fue contra Banfield y las mangas de la camiseta 16 eran más largas que sus bracitos. Perdieron uno a cero pero aquella tarde Lautaro supo que su lugar en el mundo estaba cerca del área. Ahí olvidaba los problemas del barrio y de su vida. El fútbol abrió esa ventana, esa posibilidad. Y no la desaprovechó. En pocos años, hizo goles de todos los colores. Había activado los trucos del barrio en modo AFA. Los que iban a ver los partidos de San Lorenzo, sabían que jugaba él. No era uno más. Pronto mencionaron el parecido a Carlos Tevez. Monobloqueros del conurbano, los dos jugaban de nueve, eran “chiquitos” al estilo Romario, y tenían un hambre de gol pocas veces vista.
-Te ganaba partidos. Una bestia, un toro, te arrastraba, Una vez en La Candela, en séptima, hizo dos goles con el hombro inmovilizado. Le pegaba con zurda, con derecha, te gambeteaba – recordó Emiliano Purita, lateral derecho de All Boys y compañero de inferiores de Lautaro.
Otros jugadores con los que Lautaro mantiene contacto son Nicolás Zalazar, de Aldosivi; Gabriel Rojas, Racing; Marcos Senesi, Bournemouth; Franco Moyano y Acevedo, de Instituto; y Nahuel Barrios.
-El Perrito es como mi hermano. Vivimos juntos en la pensión-.
En 2013, a los 15 años, Lautaro dejó su casa por recomendación de Osvaldo Coloccini. Enrique Polola, director de la pensión, insistió en que el juvenil tenía que estar más tiempo en el club y menos en el barrio.
-Querían que tenga buen descanso, buena alimentación y que sienta apoyo de la psicóloga del club-.
Cuando llegó a la pensión, su amigo Ángel Correa debutó en primera división. Aún así, no dejaron de ir a Villegas a visitar a la familia de Lautaro. También llegaban amigos desde Rosario, entre los que se destacaba “Monchi”, hermano de crianza de El Pájaro y de Guille Cantero, líderes de Los Monos. Era un grupo de adolescentes de barrios complejos que salían a divertirse. Cada uno en su mundo, luchando con sus herramientas. Hoy Correa es campeón del mundo y sobrevivió a muchos dolores. Es un elegido: hasta fue bendecido por Francisco, el Papa cuervo. Su amigo Monchi, Ramón Machuca para la justicia, está condenado a varias vidas de prisión. Mientras tanto, Lautaro lee Fenomenología De Maradona y quiere empezar a estudiar en contexto de encierro.
Sé que antes de mi muerte, seguro que mi suerte cambiará.
Contenido en la pensión,Lautaro se cansó de hacer goles. Con edad de séptima, subió a reserva. Estaba a un paso de cumplir el sueño. Pero a los 15 años, Damián se separó de su compañera y algo cambió en la mente de la joven promesa.
–Era el pilar fijo en mi vida. Era el que me cuidaba. Me llevaba, me traía. Me afectó pero lo que vino después, fue decisión mía.
–Lo que vino después fue el derrumbe. En mi mejor momento, yo hacía 2, 3 goles por partido y me subieron a reserva. El DT era el Pampa Biaggio. La reserva estaba mal. Perdía todos los partidos y me ponían faltando diez minutos, perdiendo 2 a 0. Sentí que me estaban quemando.
Entonces, la ecuación que había salvado su vida, se invirtió. Lautaro empezó a pasar más tiempo en el barrio que en el club. A los 17 años, después de jugar en Reserva frente a Rafaela, la Bonaerense llegó a la pensión de San Lorenzo. Lautaro se había fugado porque estaba vinculado en una causa abierta por robo y homicidio de otro adolescente.
-Es un chico ejemplar. Para nosotros fue un balde de agua fría – dijo entonces Enrique Polola-.
Damián se enojó mucho con su hijo. Lautaro se mostraba desafiante y estaba frustrado. El club intentó contenerlo pero el futuro crack se cortó las piernas a sí mismo.
Primero rompió contrato con San Lorenzo y se fue a jugar a la B Nacional con la camiseta de Almagro. No funcionó. Después fue detenido en la puerta de Pinar de Rocha con un arma en el auto. La vida, de pronto, era un tobogán enjabonado.
El golpe final no tardó en aparecer. Para la justicia, Daniel «Chucky» Cruz y Lautaro mataron a Rubén Oscar López el 27 de enero de 2020 en el primer piso del Monoblock 18. Según el fiscal, Lautaro era parte de una banda que quiso quedarse con un departamento para convertirlo en un búnker de drogas. En su defensa, el ex futbolista dijo que no estaba en Buenos Aires cuando ocurrió el crimen. Y que conocía a Chucky porque era pareja de su tía.
Los investigadores señalaron que ambos eran parte de un grupo que disputaba la zona con Nicolás Chaki Chan Guimil, el narco con más contactos policiales y judiciales de La Matanza.
Muchos sospechan que el reconocimiento de Lautaro fue inducido por parte de policías que actuaban en connivencia con Chaki Chan, que luego saltó a la fama mediática por intentar tomar a tiros un barrio de Lomas del Mirador.
-Si a vos te matan a un familiar, viene la policía, te muestra la foto de un pibe y te dice fue este, vos decis fue este, por las dudas – cuenta un oficial de investigaciones de La Matanza.
El beneficio de la duda, no importó. En 2023, el Tribunal Oral en lo Criminal N°4 de La Matanza condenó a Lautaro a prisión perpetua. En 2024 la sentencia quedó firme. Ahora -según Lautaro- restan dos instancias claves la apelación en la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires y de ser negada la petición, elevar el reclamo a la Corte Suprema de la Nación.
En caso de recuperar la libertad, Lautaro mantiene el sueño.
–Mi idea es volver al fútbol. Las condiciones las tengo; la edad también. Quiero comenzar una vida ligada al fútbol así sea jugando. como entrenador o preparador físico
Ese es su deseo. Lautaro entiende lo difícil que será remontar el partido de su vida. Pero como todo goleador nacido en Villegas, no se rinde. Dice que tiene fé, que todavía espera el día de su suerte.
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