Hubo una persecución política, judicial y mediática contra nuestro espacio político, construida bajo la nefasta e infame figura de una supuesta "traición a la patria".

En el año 2013, la Argentina firmó un Memorándum de Entendimiento con Irán que tenía un objetivo claro y soberano: sentar en el banquillo a los principales acusados por el atentado a la AMIA para destrabar la causa y avanzar hacia la verdad. Sin embargo, ahí comenzó una persecución política, judicial y mediática contra nuestro espacio político, construida bajo la nefasta e infame figura de una supuesta «traición a la patria».
Hace años, la dirigencia kirchnerista viene sufriendo el lawfare, un invento para perseguir penalmente a Cristina Fernández de Kirchner y a varios compañeros.
En mi caso personal, el juez Claudio Bonadío me procesó y todavía sigo acusado en la causa del Memorándum porque, según dictaminó en su momento, yo «no podía no estar al tanto» por el lugar institucional que ocupaba. Presunción de inocencia, te la debo.
Pero lo más doloroso, perverso e imperdonable de toda esta cacería fue lo que le hicieron a nuestro compañero y canciller Héctor Timerman. Persiguieron a un hombre enfermo, destruyeron su salud con acusaciones falsas y le negaron el acceso a su tratamiento médico en el exterior. Ejercieron una crueldad infinita al ni siquiera respetar su condición de judío, siendo la propia comunidad judía la primera y principal afectada por el salvaje atentado a la AMIA. Acusar de «traición» a un canciller judío por buscar la verdad sobre la AMIA fue una canallada intolerable.
Todo esto por un memorándum que fue votado por amplia mayoría en el Congreso de la Nación, que nunca entró en vigencia y cuyo único objetivo era que los acusados declararan ante la justicia para destrabar la causa. Montaron una opereta ocultando deliberadamente que ya existían antecedentes internacionales de altísimo nivel, como el propio memorándum de entendimiento nuclear que la administración de Barack Obama, junto a Inglaterra, Francia, Rusia, China y Alemania, habían firmado con Irán.
No nos olvidamos del accionar del juez Claudio Bonadío, de fiscales alineados a las operaciones como Carlos Stornelli y de todo el coro de macristas y periodistas sumisos y cipayos que se arrastraron para armar denuncias falsas de «traición a la patria», actuando como empleados de intereses extranjeros.
Una hipocresía intolerable. Hoy la historia da un giro definitivo y deja en ridículo la mentira. Mientras acá la farsa local nos perseguía, las potencias globales actúan con absoluto pragmatismo. El propio Estados Unidos y la República Islámica de Irán acaban de avanzar en un nuevo Entendimiento para levantar las sanciones económicas, emitir exenciones al petróleo, liberar fondos congelados y normalizar sus relaciones, dando así por finalizado un nuevo ataque asesino al pueblo iraní.
Cómo ha dicho el importante diario estadounidense New York Times: «Este triunfo diplomático y geopolítico de Irán demuestra cómo se mueve el tablero internacional real». Lo que la mafia judicial argentina catalogó como un delito, en el mundo entero se llama diplomacia. El tiempo acomodó las cosas y la verdad salió a la luz.
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