Entre el feminismo y la cultura pop: Merlina, una heroína lúgubre para las nuevas generaciones

Por: Diego Lerer

En su segunda temporada, la joven Addams regresa a la Academia Nevermore como una celebridad. Pero seguirá investigando brutales asesinatos.

En 2022, de un modo un tanto inesperado, Netflix consiguió el mayor éxito hablado en inglés de su breve historia. No fue con Stranger Things, Bridgerton ni Gambito de dama, sino con Merlina, una serie derivada del universo de Los locos Addams que tiene por detrás la mano (y la mirada) de Tim Burton. Merlina transformó en celebridad a Jenna Ortega, refrescó para una nueva generación el universo macabro creado por Charles Addams y se convirtió en un fenómeno cultural y comercial masivo, especialmente entre las adolescentes, fenómeno que incluyó memes, disfraces, challenges y millones de vistas en TikTok y YouTube. Solo el aún más sorprendente éxito internacional de El juego del calamar le impidió llegar al primer lugar.

Con una demora llamativa —ligada a la huelga de guionistas de 2023, a otros compromisos de la protagonista y a la dificultosa postproducción de efectos especiales que requiere una obra de estas características—, el 6 de agosto se estrenó en Netflix la segunda temporada de la serie creada por Alfred Gough y Miles Millar. Y sus primeros cuatro episodios (los cuatro siguientes llegarán el 3 de septiembre) continúan con las investigaciones que la sarcástica y lúgubre protagonista realiza sobre raros y muchas veces monstruosos crímenes que se cometen alrededor de la Academia Nevermore, un internado para jóvenes con habilidades especiales al que, con evidente disgusto, concurre.

La segunda temporada comienza con el regreso de Merlina a la Academia tras las vacaciones veraniegas, que pasó persiguiendo a un asesino serial. Y al volver se topa con que la tratan como una celebridad por el caso que resolvió en la temporada pasada. A la oscura y ácida adolescente no le gusta nada que le sonrían, la festejen o la quieran, pero no puede evitar tener fans por todos lados, algunos tan raros como ella. Y en esa mezcla de Stranger Things con Scooby-Doo que caracteriza el tono de la serie, la chica pronto estará investigando nuevos peligros ligados a la misteriosa y brutal muerte de una serie de personajes a los que les sacan los ojos, crímenes que parecen estar relacionados con unos enigmáticos cuervos.

Quizás uno de los elementos más distintivos de esta nueva temporada sea la presencia más constante del resto de la familia Addams: su mamá Morticia (Catherine Zeta-Jones) se involucra en recaudar fondos para la Academia, su padre Homero (Luis Guzmán) la ayuda en su investigación policial y su hermano Pugsley (Isaac Ordoñez) se suma también a la escuela, metiéndose en problemas por su cuenta. Pero tal vez lo más consistente de la serie —algo que se mantiene en ambas temporadas— es que la mayoría de las protagonistas son mujeres. Además de Merlina, los personajes principales son su mejor amiga Enid Sinclair (Emma Myers), su madre Morticia y muchas de las antagonistas o figuras secundarias de ambas entregas (Christina Ricci y Gwendoline Christie en la primera; Billie Piper y Evie Templeton en la segunda; Joy Sunday en ambas, entre muchas otras) también son mujeres.

Si bien hace unos años podría haber sido algo inusual, las ficciones protagonizadas por mujeres fuertes e independientes ya dejaron de ser una excepción para convertirse en parte del canon de las plataformas. No todas esas representaciones se vinculan necesariamente con el feminismo desde un lugar político o militante, pero muchas de ellas (ver recuadro) suelen incorporar elementos ligados a esa perspectiva. De algún modo, lo que propone esta reversión del personaje clásico de Los locos Addams es un modelo de subjetividad femenina autónoma, crítica y resistente al mandato de agradar. Desde ese punto de vista, puede pensarse a Merlina como una narración que articula ciertos valores del feminismo, especialmente aquellos ligados a la igualdad, la libertad individual y la ruptura con los roles tradicionales de género.

Más allá de la trama, lo que distingue a la serie es el modo en que construye a su protagonista principal: una chica lúgubre, lúcida y emocionalmente distante que no busca aprobación, evita los vínculos románticos y desconfía todo el tiempo de la autoridad. Algunas ideas del feminismo clásico se manifiestan en la insistencia de Merlina en tomar sus propias decisiones, incluso cuando van en contra de las expectativas sociales. Sin ir más lejos, su ingreso a la Academia no la domestica. Al contrario: desde el inicio se enfrenta a la directora, a sus compañeros y a la lógica jerárquica del lugar. Y la desconfianza hacia la autoridad es una constante que se alinea con la idea feminista de cuestionar las estructuras y no conformarse con los roles asignados.

Merlina exige ser tratada con el mismo respeto y libertad que sus pares varones. No acepta condescendencia, no tolera paternalismos y, sobre todo, no se define por su relación con los hombres. Aunque dos personajes masculinos muestran interés por ella, la serie evita convertir esa tensión en el eje del relato ni la hace dejar de lado sus objetivos personales. La ruptura de Merlina con los mandatos tradicionales de femineidad tal vez sea su rasgo feminista más evidente y distintivo. No sonríe, no se maquilla de un modo convencional, no busca agradar, no es maternal ni mucho menos empática. Incluso su vestimenta gótica es un gesto deliberado de diferenciación frente a los códigos de belleza tradicionales.

Más allá de estas lecturas, Merlina no puede considerarse una serie feminista en un sentido directo. Lo que propone es más bien un modelo de empoderamiento femenino a partir de la historia de una heroína que desafía los moldes, que se sostiene por sí misma y que no se disculpa por ser diferente. En un panorama audiovisual donde las mujeres siguen siendo muchas veces reducidas a roles decorativos o románticos, la existencia de un personaje femenino inteligente, sarcástico y autónomo como Merlina representa una forma de resistencia. Y su éxito sugiere que existe un público dispuesto a ver historias de mujeres que no encajan, que no obedecen y, sobre todo, que no necesitan pedir permiso.


Merlina. Temporada 2

Creada por Alfred Gough y Miles Millar. Dirección general: Tim Burton. Con Jenna Ortega, Emma Myers, Catherine Zeta-Jones, Luis Guzmán, Billie Piper y Joy Sunday. Disponible en Netflix.




Tres series con mujeres fuertes

Poker Face (Universal+) Esta serie creada por Rian Johnson (Entre navajas y secretos) tiene como protagonista a Natasha Lyonne como una mujer independiente con un especial talento para descubrir cuando la gente miente. Gracias a esa habilidad se dedica a resolver casos policiales mientras huye de la mafia que la persigue por Estados Unidos.

Demasiado (Netflix) Creada por Lena Dunham (Girls) e inspirada en sus propias experiencias, la serie sigue a una chica estadounidense que se muda a trabajar a Gran Bretaña imaginando toparse con un cuento de hadas. Pero al llegar allí descubre que las cosas son muy distintas y debe adaptarse y endurecerse frente a esa nueva realidad.

Viudas negras (HBO Max) Creada por Malena Pichot y protagonizada por ella y Pilar Gamboa, esta serie argentina se centra en dos viejas amigas que se dedicaban a estafar a hombres y robarles su dinero hasta que abandonaron su tarea luego de una situación complicada. Años después y ya distanciadas, las circunstancias las fuerzan a regresar a su viejo “oficio”.

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