En diciembre de 2023 la economía se reseteó. El gobierno tomó un conjunto de medidas que cambiaron el régimen. Un análisis para buscar reconstruir el espíritu argentino.

Una primera cuestión metodológica importante de saldar es el punto de partida: suele utilizarse diciembre de 2023 como año base. Vamos a tomar como base noviembre de 2023. La elección de este recorte radica en que creemos que quienes usan diciembre subestiman el impacto inicial del shock de políticas que el gobierno instrumentó apenas asumió. Esas políticas tuvieron un efecto inmediato en los números de diciembre. Por eso, para ser rigurosos metodológicamente, debemos tomar noviembre de 2023 como último dato del gobierno anterior y comparar la gestión de Milei contra ese valor.
En diciembre de 2023 la economía se reseteó. El gobierno tomó un conjunto de medidas de shock que paralizaron la economía, hundieron los salarios, deterioraron el consumo y pusieron en pausa las decisiones de ahorro, inversión y gasto. Por eso, es necesario analizar desde ese punto cómo arrancó la dinámica luego del parate general, para poder entender el cambio de régimen.
La economía se desplomó a partir del ajuste estructural implementado por el gobierno en diciembre, la devaluación y el ajuste fiscal drástico (el más grande de la historia, en palabras del presidente). Luego de los primeros cuatro meses, la actividad empezó a rebotar. En la serie punta-punta, podemos ver que, tras dos años y medio, la economía rebotó y hoy se encuentra un punto por encima del PBI de noviembre de 2023. Pero, como dijimos previamente, lo interesante es analizar la dinámica sectorial.
Tenemos que identificar cuáles fueron los sectores que impulsaron ese rebote agregado y cuáles quedaron rezagados; qué sectores se sintieron “cómodos” con las reglas del nuevo régimen y qué implicancias tiene esta nueva normalidad.
El agro, las finanzas y la energía picaron con ventaja: son los sectores que explican el rebote y la leve recuperación punta a punta. Mientras tanto, la industria, el comercio y la construcción se ubican muy por debajo del punto inicial (noviembre de 2023 =100).
Es decir, el reseteo de la economía implicó el surgimiento de un nuevo régimen: una economía impulsada por el agro, las finanzas y la minería, en detrimento del comercio, la industria y la construcción.
Como en todo cambio de régimen, hay ganadores y perdedores. De lo anterior se desprende que los sectores vinculados a la exportación de granos y el reducido grupo que “tradea” valores (opera con activos financieros) son los grandes ganadores del nuevo régimen económico. También las empresas que extraen crudo y minerales.
¿Quiénes pierden? Por el lado fiscal, sabemos que los jubilados explican un tercio del ajuste, mientras que la obra pública y las transferencias a provincias explican los otros dos tercios. Pero, en lo que nos interesa a los fines de este análisis, podemos observar lo siguiente:
El cuadro anterior muestra, en el eje X, el porcentaje de crecimiento de cada sector y, en el eje Y, la intensidad de empleo de cada uno de ellos. Lo que podemos apreciar es que las finanzas y el agro, los sectores más beneficiados, son los menos intensivos en mano de obra. Es decir, crecieron más los sectores que menos trabajo demandan. Esto sucede en detrimento de sectores altamente demandantes de mano de obra, como el comercio, la industria y la construcción.
El cambio de régimen implica, entonces, que la economía puede rebotar y recuperarse, y que eso puede suceder mientras se pierden empleos formales, lo cual empuja a la baja los salarios de quienes conservan sus trabajos, pero también precariza los nuevos empleos: presionadas por la falta de trabajo de calidad, las personas están dispuestas a aceptar trabajos en peores condiciones. Es decir, una economía de enclave como la que propone Milei puede rebotar e incluso crecer,mientras gran parte de la población ve cómo sus condiciones de vida empeoran.
La actividad rebota empujada por el crecimiento del agro, las finanzas y la minería,pero el empleo se rezaga. Los sectores que impulsan el rebote no tienen la capacidad de absorber la mano de obra. Esto nos lleva al problema central del modelo Milei-Caputo: es una c Argentina para un tercio de la población.
Los sectores que el proyecto económico prioriza no tienen la capacidad de contener la mano de obra argentina. En los años 90, los excluidos del sistema productivo pasaban a aumentar la tasa de desocupación. En tiempos de plataformas, los desplazados, los despedidos, los cesanteados y ahora la nueva modalidad de “retiros voluntarios” pasan a engrosar las plataformas de Uber, Rappi y PedidosYa, así como ventas por internet, emprendimientos en Instagram y un largo etcétera de mercados altamente precarios, que además comienzan a mostrar signos de saturación.
El gráfico es elocuente al mostrar que, en la Argentina de Milei, lo único que crece
es el empleo precario. Quienes venían a poner en valor el sector privado no hacen
más que destruir empleo privado de calidad. Efectivamente, se trata de una
reedición de la Argentina del Centenario, la de 1910, la de la cuestión social. La
Argentina preperonista de las castas y los privilegios; la Argentina de los dueños de
la tierra; la Argentina de la que ninguno de nosotros forma parte.
El panorama descrito nos lleva a la pregunta inicial, al disparador de estas líneas: volver a pensar y discutir qué modelo de país queremos. Los peronistas militamos por un país de producción y trabajo, de la industria, el comercio y la construcción.
Existen países asiáticos o africanos, incluso latinoamericanos, que sobre una base de solidez macro y exportación de recursos naturales son sociedad estratificadas y cristalizadas, con clases populares y medias que ya no tienen siquiera el deseo de poder mejorar su situación económica. Sabemos que la Argentina es bien distinta, en la Argentina pasó el peronismo y generó una clase popular y sectores medios con pretensiones y con capacidad de movilización y lucha.
También queremos una Argentina del campo, por supuesto. De la obra pública que garantice la infraestructura necesaria para millones de familias que viven en la precariedad, pero también para mejorar la competitividad de nuestras empresas. Empresas que generan empleos de calidad, empleos que permiten un mayor nivel de consumo y motorizan el comercio y la obra privada. Hay que volver a mover la rueda. También de unas finanzas que estén estén al servicio del sector productivo y que canalicen el ahorro a la inversión productiva.
Pero, para eso, primero tenemos que dialogar con una parte de nuestra población
que confió en este experimento que parecía nuevo; personas que de buena fe creyeron que venía el futuro. Hay que poder explicar que no es deseable ni posible una Argentina que se base en la extracción de recursos naturales y en la especulación de unos pocos. Tampoco es deseable ni posible un país donde la mayoría de los argentinos viva de las economías de plataforma y del cuentapropismo en redes sociales. Necesitamos, una vez más, volver a encender la capacidad productiva argentina: explotar nuestros recursos naturales sí, pero al servicio de nuestra agroindustria y del interés nacional; el petróleo y el gas también, pero al servicio de nuestra industria nacional y nuestra provisión de divisas.
Incluso, es necesario dialogar con parte de nuestro pueblo a la que se le ha hecho creer que sus dificultades son únicamente responsabilidad de su falencia individual o su falta de talento. Es necesario reconstruir el espíritu de esos argentinos y convocarlos a un nuevo sueño, del cual no sean material desechable, sino una parte central. Ese debe ser el espíritu del peronismo.
Escrita originalmente para www.nuevascanciones.com
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