Investigadores del Conicet y la Universidad del Comahue crearon un sistema basado en cebos y repelentes naturales para controlar a las hormigas cortadoras de hojas. Es una alternativa sustentable al uso de químicos, pero el trabajo debió discontinuarse por falta de financiamiento.

Investigadores del Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (INIBIOMA) del CONICET y la Universidad Nacional del Comahue desarrollaron una estrategia basada en cebos y repelentes naturales con la que lograron reducir el daño por hormigas y aumentar del 2 al 54% la supervivencia de árboles recién plantados.
Este enfoque, llamado «push-pull» o «estímulo – disuasivo» se basó en usar aceite esencial de té como repelente para alejar a las hormigas de los árboles, junto con pulpa de cítricos para atraerlas hacia este recurso alimentario alternativo.
«En un estudio a pequeña escala, plantamos pinos cerca de las áreas de forrajeo de las hormigas. Aplicamos el push-pull a un grupo de árboles y a otro no. A los 30 días solo sobrevivió el 2% de los plantines sin tratamiento; y con push-pull, el 54%», contó la investigadora del INIBIOMA Marina Alma al portal de noticias «Sobre la Tierra» de la Facultad de Agronomía de la UBA.
El trabajo se publicó en la revista científica Agricultural and Forest Entomology, y luego se replicó en una plantación de sauces en el Delta del Paraná, con similares resultados.
Alma destacó que la pulpa cítrica se consigue fácilmente, ya que es un desecho productivo. Sin embargo, disponer de aceite de árbol de té es más complejo por su alto costo y volatilidad.
La búsqueda de estrategias alternativas para el control de plagas en cultivos es esencial, dado que «el cebo pierde efectividad con el tiempo. La hormiga lo empieza a asociar con algo tóxico y lo deja de llevar al nido», explicó la investigadora.
Además, por sus efectos tóxicos, muchas de las sustancias químicas actualmente utilizadas como insecticidas o plaguicidas están siendo prohibidas en varios países, sobre todo en Europa.
«A futuro, pensábamos investigar cómo mantener por más tiempo el aceite en la planta para mejorar la efectividad de la estrategia y escalar estos resultados a plantaciones forestales reales», contó la investigadora. Sin embargo, el recorte realizado por el gobierno nacional al Conicet y a las Universidades dejó esta línea de investigación (al igual que cientos de otras) trunca.
En paralelo, Alma y su equipo estaban investigando el efecto de la basura plástica en los lagos de la Patagonia y en los insectos, especialmente las abejas. Así hallaron microplásticos en el organismo de las abejas, las colmenas y la miel. Están a la búsqueda de fondos internacionales para continuar con ese trabajo.
«El desfinanciamiento de la ciencia no solo deja truncas líneas de investigación que podrían contribuir a estrategias más sostenibles de producción, sino que desmotiva a los jóvenes investigadores, poniendo en riesgo décadas de conocimiento acumulado«, advirtió la científica.
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