El trombonista y productor falleció este sábdo en Nueva York. Su obra redefinió el sonido latino y dejó una marca que seguirá resonando.

William Anthony Colón Román, conocido artísticamente como Willie Colón, nació el 28 de abril de 1950 en el barrio del Bronx de Nueva York, en el seno de una familia de origen puertorriqueño. Desde muy joven mostró inclinación musical: aprendió flauta, clarinete y finalmente trombón, instrumento con el cual marcaría un estilo personal y reconocible. Su carrera comenzó de forma temprana y, ya en 1967, grabó su primer disco junto a Héctor Lavoe bajo el sello Fania Records, un sello que se convertiría en sinónimo de la expansión de la salsa en Estados Unidos y el mundo.
Esa primera grabación, El Malo, no solo introdujo a Colón en la escena sino que también inauguró una de las asociaciones más influyentes de la música latina de la segunda mitad del siglo XX: la de Colón con Héctor Lavoe. Durante la década de 1970, este dúo produjo una serie de discos que no solo son clásicos del género, sino que contribuyeron a fijar el sonido urbano de la salsa con un lenguaje rítmico franco, metálico y profundamente ligado a la experiencia de la comunidad latina en la ciudad de Nueva York. Temas como “Todo tiene su final”, “El día de mi suerte” o “La murga” son apenas algunos ejemplos de esa alianza creativa que sigue siendo referencial.
Pero el impacto de Willie Colón no se limita a su trabajo con Lavoe. Su asociación con otros artistas, como Rubén Blades, fue clave para consolidar una etapa de la salsa que conjugó virtuosismo musical con contenido social y político. El álbum Siembra (1978), en el cual Colón actuó como productor y arreglista junto a Blades, se cuenta entre los discos más exitosos y vendibles en la historia de la música latina, con influencias que trascendieron fronteras y generaciones.
Colón fue un músico multifacético: además de trombonista y cantante, se destacó como compositor, arreglista y productor. Su uso del trombón no era solo un recurso tímbrico sino un elemento articulador del discurso musical que él mismo ayudó a definir. Su estilo fusionó ritmos latinos con elementos de jazz, funk y música urbana, y su presencia en la escena fue constante durante más de cinco décadas. Entre sus temas más recordados se encuentran “El Gran Varón”, “Idilio”, “Gitana”, “Talento de Televisión” o “Calle Luna, Calle Sol”, piezas que han entrado en el repertorio esencial de la música latina.
Una característica determinante de la obra de Colón fue su vínculo con la comunidad latina y su compromiso con la cultura puertorriqueña en Estados Unidos. A lo largo de su trayectoria también asumió una postura crítica frente a temas de exclusión social, pobreza y migración, no solo desde la letra de muchas de sus canciones sino como parte de su presencia pública. Esta dimensión social lo llevó a ser visto no solo como un intérprete de música bailable, sino como una figura cuya obra fue, en sí misma, un comentario sobre la realidad de su tiempo.
Además de su carrera musical, Colón exploró otras esferas de la cultura. Participó en producciones cinematográficas y colaboró con figuras de diferentes géneros y generaciones, lo que contribuyó a ampliar la percepción de la salsa como un lenguaje musical complejo y en constante evolución. Su trabajo con Celia Cruz, David Byrne y otros artistas fue prueba de esa versatilidad y de su capacidad para transitar distintos universos sonoros sin renunciar a su identidad artística.
La carrera de Colón, que abarcó más de 40 años de grabaciones, giras y colaboraciones, también estuvo marcada por reconocimientos formales. Fue nominado en múltiples ocasiones a los premios Grammy y recibió el Premio Grammy Latino a la Excelencia Musical en 2004, un reconocimiento a una trayectoria que no solo definió un estilo sino que dejó marcas profundas en la historia de la música latina contemporánea.
Su influencia se percibe en las generaciones actuales de músicos latinos. Desde el uso extendido del trombón en arreglos de salsa hasta la manera de concebir la fusión de ritmos afrolatinos con prácticas musicales urbanas, el legado de Colón está presente. Artistas de diferentes latitudes señalan su trabajo como una referencia inevitable: no solo por su técnica o sus composiciones, sino por el impacto cultural que sus producciones ejercieron en la construcción de un imaginario musical latino global.
La noticia de su muerte también fue recibida con expresiones de respeto y emoción por parte de colegas y fanáticos alrededor del mundo. Figuras como Rubén Blades, con quien colaboró estrechamente, habían manifestado poco antes su preocupación por la salud de Colón, reflejando la dimensión comunitaria de la escena salsera.
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