La serie basada en el libro de Tomas Eloy Martínez y producida por la plataforma Star+ avanza sin descansos. Crónica de una filmación en plena pandemia.

Las puertas de las grabaciones, guardadas celosamente hasta ahora, se abren a las 5 de la tarde del lunes 26 de julio de 2021, el mismo día en que se cumplen 69 años de la muerte de Evita. La entrada del estadio de Avenida Amancio Alcorta 2544, en el barrio porteño de Parque Patricios, parece una posta sanitaria: gente escupiendo en frascos, enfermeras haciendo hisopados, dispensers de alcohol en gel, y un área de «recambio de barbijos».
En el lugar se reproducirá la noche del 22 de enero de 1944, cuando la actriz Eva Duarte y el entonces Secretario de Trabajo y Previsión de la Nación, Juan Domingo Perón, coinciden en un festival solidario para ayudar a las víctimas del terremoto de San Juan en el estadio Luna Park.
Las escenas no se pudieron filmar en su locación original porque durante el día el estadio ubicado en Corrientes y Bouchard funciona como vacunatorio Covid. A simple vista, no hay indicios de que este sea el set donde se rodará una escena nodal de una producción disponible para América Latina dirigida por el colombiano Rodrigo García y el cineasta, actor, director teatral y guionista argentino Alejandro Maci.
Para entrar al estadio Tomás Adolfo Ducó de Huracán, además de la autorización de rigor, es obligatorio someterse a un test de antígenos que da un resultado en menos de cinco minutos. En casos de negativo para coronavirus, el protocolo indica cambiar el tapabocas propio por otro que provee la producción, celeste y descartable, igual al que llevan los 70 miembros del equipo técnico. A metros de ahí, en el hall de esa entrada del estadio con su estilo antiguo de paredes revestidas en piedra y techos blancos, se rodará el momento en que Eva y Perón bajan las escaleras del Luna Park para irse juntos.
De a poco, la aparición de cinco decenas de extras (hombres en trajes antiguos peinados a la gomina, mujeres con sombreros, vestidos y tocados pomposos; todos, siempre con barbijos) modifican la impronta hospitalaria y el lugar empieza a tomar el ritmo vertiginoso de un set. Primero ensayan los extras: bajarán las escaleras conversando por lo bajo, rumbo a la salida. Los protagonistas, únicos sin mascarilla en todo el plató, se sumarán cuando esté aceitada la escena.
Es un lunes de invierno y sobre un deslumbrante vestido azul Oreiro lleva una bata de polar que podría ser una salida de baño, una campera inflada verde militar, guantes, botas con abrigo y una bolsa de agua caliente amarilla que abraza como si fuera un oso de peluche. A su lado, Grandinetti ya encarna un Perón impecable con un traje militar blanco y pelo negro azabache engominado impecablemente hacia atrás.
La uruguaya se une así al selecto grupo de actrices que alguna vez encarnaron a Eva: Flavia Palmiero («Evita, quien quiera oír que oiga», filme de 1984), Nacha Guevara («Eva, el gran musical argentino», musical de 1986), Esther Goris («Eva Perón, 1996), Laura Novoa («Ay Juancito», 2004), Julieta Díaz («Juan y Eva», 2011), Elena Roger en una puesta del musical de Andrew Lloyd Weber «Evita» en Broadway y por supuesto Madonna en «Evita», de Alan Parker (1996), están en la lista.
Primero ensayan así, después Oreiro se quita todo el abrigo -«Eva sale del spa», bromea mientras se prepara-. Todo listo, o casi; Antes del clásico grito de «¡acción!» se agrega uno nuevo a tono con los tiempos: «¡barbijos abajo!». Para la salida del Luna Park propiamente dicha, que se recreará a la vuelta por la entrada de la calle Miravé, hay que esperar a que se haga de noche.
Mientras baja el sol, terminan de montar la parte técnica y colocar patentes antiguas en la flota de autos de las décadas del ´30 y del ´40 estacionados en el lugar: un Plymouth de 1935; un Chevrolet del ´41; un Desoto del ´34, un Dodge Fluid Drive del 47 y un Ford Mercury negro del ´46 (al que se subirán Perón y Evita). «Hoy evento solidario por las víctimas del terremoto de San Juan», reza un cartel colgado junto a la entrada que indica «Platea baja».
De ahí saldrán los protagonistas que, evadiendo paparazzis, se escaparán en un coche y se besarán por primera vez. Pero antes de rodar esa última escena del día se pide un minuto de silencio en el set: son las 20.55, hora en que falleció Evita.
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Perón debe ser representado por pocos actores, este no es el caso.
Evita falleció a las 20,25 y no a las 20,55 como señala la nota.