Natalia Oreiro: “El cine argentino sigue existiendo a fuerza de talento e ingenio”

Por: Daniel Cholakian

Protagoniza junto a Gael García Bernal "Nada entre los dos", la película de Juan Taratuto atravesada por el deseo, las crisis de pareja y las emociones que sobreviven al desgaste cotidiano. La actriz reflexiona sobre el amor romántico, la maternidad y su forma de construir personajes.

Natalia Oreiro y Gael García Bernal protagonizan Nada entre los dos, la nueva película de Juan Taratuto. Una comedia romántica adulta, como la define la actriz, sobre una relación casi furtiva que pone en crisis la vida de sus protagonistas.

Mechi y Guillermo son funcionarios dentro de una corporación global de alimentos que atraviesa una crisis por la contaminación masiva de uno de sus productos. Ambos son convocados de urgencia a una reunión en México. Ella es argentina; él, mexicano. Si el primer tramo de la película remite a cierta tradición europea, con insinuaciones sutiles, pequeños detalles de erotismo y penumbras, rápidamente recupera una impronta latinoamericana a través de sus personajes. Mechi carga con una identidad popular y rompe el equilibrio de ese amor susurrado; Guillermo, un profesional exitoso que llegó a la alta burguesía a través del matrimonio, sabe que todo eso puede perderse fácilmente.

“Mechi es un personaje muy caótico, y el de Gael es más familiar”, explica Oreiro a Tiempo. “Mechi, cada vez que habla con Cato (su esposo, Peto Menahem), expone las falencias de la pareja, en plan ‘vamos a separarnos’. Guillermo es más negador en ese sentido y, cada vez que tiene un conflicto familiar, le aparece el acúfeno”. Ese zumbido repentino altera a Guillermo sin que pueda identificar cuándo se presenta.

La historia de amor, pasión y compañerismo durará unos pocos e inesperados días. Ese encuentro que pone todo en cuestión para la vida de los personajes sirve para repensar sus propias existencias. “Ellos empiezan a debatirse entre escapar de sus vidas y darse esa oportunidad entre ellos o volver a elegir la vida anterior y revalorizar sus decisiones. Es una comedia romántica, pero una comedia romántica adulta, porque tenemos una mochila con nuestras propias historias”.


-¿Cómo definirías la película?

-A veces es difícil definir una película. Además, cuando es una película vincular, resuena mucho con el espectador, con su propia historia y su propia vida, especialmente si pasó por relaciones largas. Habla de dos personas adultas que tomaron las decisiones típicas: tener una pareja, una familia, un trabajo estable, pero que en algún momento se desconectaron de eso que creen ideal: el amor romántico, el compañerismo, la amistad, la risa, el trabajo, la vocación, el vínculo con los hijos. Muchas veces el trabajo es diferente de la vocación y entonces respondés a necesidades. Los hijos van creciendo y pasás de ser el héroe a ser un tonto. Todo cambia muy rápido.

-Más allá de esas coincidencias, los personajes centrales viven en mundos muy distintos.

-Exacto. Él está  muy acomodado y yo en una situación económica más complicada. Pero los dos están desconectados de sus deseos. Es una situación inesperada la que los conecta con la pasión, un sentimiento que creían adormecido o incluso perdido. Eso los obliga a revisar sus elecciones. Esta circunstancia intensa, aunque quizás efímera, puede resignificar todo su mundo real. Taratuto retrata muy bien ese paraíso mexicano, el hotel lujoso, conocerse sin los defectos cotidianos y el impacto emocional que eso genera. Son dos personas que comparten la necesidad de conectarse con una emoción auténtica. El verdadero giro de la película es haberse permitido experimentar esa emoción, atreverse a aceptar que eso existe y que pasa más de lo que se cuenta, porque de esas cosas no se habla.

-Mechi es un personaje que tiene un recorrido muy interesante, desde aquella mujer que se despierta en un auto hasta la que aparece al final de la película con su hija. ¿Cuánto tiene que ver esa transformación con los tres días en México?

-Para mí lo más interesante de la película es la transformación individual que hacen a través de este encuentro. Y que esa transformación no necesariamente implique formar algo juntos, sino darle sentido a sus propias vidas y entender qué es lo importante. A Mechi le ayuda mucho darse cuenta de que está viva, porque no quiere escapar de su familia. Lo que quiere es sentirse tenida en cuenta y definir sus prioridades, que en ese momento son su hija y sus vínculos. Es lo que más la conmueve y no sabe cómo manejarlo: está todo el tiempo preocupada por ella, pero maneja todo con mucha tirantez. Y Cato, con quien la relación parece rota, le muestra, como en un espejo, que ella está siempre en la queja y que, aunque tenga fundamentos, en los vínculos al final del día importa el tiempo compartido, incluso en silencio. Toma la decisión de separarse y eso me parece transformador en el personaje femenino, entendiendo que siguen siendo una familia, porque uno puede ser familia independientemente del vínculo de pareja. Hay mil formas de ser padres y mil formas de ser familia. Y en el regreso a las corridas de Mechi se nota que eso es lo importante para ella.

-Tu trabajo como actriz en el cine es notable por los detalles, la sutileza de las miradas y la manera en que tu corporalidad trabaja lo dramático. ¿Qué tan importante es para vos trabajar con los directores para lograr tu mejor expresión?

-Para mí es muy importante. Aprendí con el tiempo que el ejercicio del cine es escuchar más que hablar. Yo doy una información fundamental de lo que está pasando, pero cómo lo interpreto o cómo resuena en mi mirada o en mi cuerpo termina de completar el cuadro. Entonces, trabajar codo a codo con directores o directoras es muy importante. Todos tienen sus maneras y sus técnicas y mi trabajo es adaptarme, porque quizás yo tenga otra forma, pero mi trabajo es adaptarme a la necesidad del otro. Claro que también está bueno que el otro pueda escuchar mis necesidades y así fluimos.

-¿Cómo  fue la relación con Taratuto en particular?

-Con Juan nos juntamos varias veces a tomar un café para hablar de hacer algo juntos. No se daba, simplemente no se daba, pero finalmente surgió este proyecto. Él tiene otra forma de trabajar. Me decía que no era importante dónde ponía la cámara o en cuántos planos iba a contar una escena. Y yo le decía que para mí sí. Lo charlamos bastante en la escena del desayuno, donde me parecía importante porque iba a quedar de espaldas en un plano general. Le consulté si la iba a contar con un solo plano. Yo entraba de un lado y quedaba de espaldas. Pero él me decía: «No sé, después vemos». Y de tanto insistir me dijo que lo iba a contar en un solo plano. Pero cuando terminó la escena me dijo: «Ahora vamos a poner la cámara del otro lado». Le respondí que me había dicho lo contrario, pero después entendí que estaba bien. Es bueno ver que la escena necesita otros encuadres. Pero para mí era interesante que Mechi, después de haber vivido esa situación de amor, lo contara solo de espaldas, porque eso habla de un cierto pudor, de no mostrar la cara. Esa es la imaginación que yo me hago. A mí me importa mucho, porque si lo contás de espaldas, mi cuerpo tiene que hablar de ese pudor, de no querer mostrarse. En cambio, con María Laura Berch (codirectora de La noche sin mí), trabajamos mucho tiempo las escenas y el porqué de las situaciones. Yo le dije: «María, nos conocemos tanto que ya sabemos lo que le pasa al personaje. Veamos qué nos pasa cuando prendan la cámara. Confiemos en eso». Para mí fue muy liberador, porque saqué la cabeza de la actuación, que es muy importante en un intérprete. Cuando controlás demasiado no te dejás sorprender por lo imprevisto.

-Le pusiste el cuerpo a Gilda y a Evita en dos trabajos notables. ¿Te queda algún personaje icónico argentino por hacer?

-Sí, hay una latinoamericana a la que me gustaría mucho interpretar: siempre quise hacer de Juana Azurduy. Me encantaría. «

Nada entre los dos

Dirección: Juan Taratuto. Guión: Juan Taratuto y Matías Scartascini. Elenco: Natalia Oreiro, Gael García Bernal, Peto Menahem, Pía Watson y Guillermina Fabbiani Comba. En cines.

Construcciones colectivas y necesarias

Natalia Oreiro mostró entusiasmo al hablar sobre su trabajo en el cine, la relación con los directores y el diálogo necesario para trabajar en función del resultado final, encontrando en el rodaje lo que cada escena necesita de su actuación: “Me pasó siempre, incluso antes de hacer cine, desde cuando hacía televisión”, cuenta. “Llegaba antes para mirar las puestas, porque para mí hacer ficción es magia. Entre un grupo humano un poco loco le damos vida a una fantasía. Siempre lo vi como algo bellamente colectivo. Todo eso me fue formando para decir: ‘Yo quiero hacer esto, no importa desde qué lugar’. A mí me gusta actuar y necesito que esa actuación sea conjunta con el director, con el director de fotografía, con la vestuarista, con quien maquilla y peina, porque es una construcción que se completa con la idea de los demás”.
“Con los años me fui sumando como gestora en proyectos, traccioné para que salieran películas e incluso escribí algunos personajes. También estoy llenando mi propia valija para poder hacer en algún momento mi proyecto. Es algo que me viene dando vueltas hace tiempo y sé que va a suceder”.


El deseo de seguir haciendo cine independiente

Nada entre los dos es una coproducción con fuerte participación uruguaya y argentina. “Siendo uruguaya me pone feliz que en Uruguay se filme tanto, pero siendo argentina también no puedo dejar de decir que quiero que se filme en la Argentina”, analizó Oreiro. “Sabemos que en Uruguay se está filmando porque el cine argentino está absolutamente desfinanciado. Uruguay, como sucede en muchos países que tantos admiran y a los que se quieren parecer, da posibilidades para filmar porque eso es una ganancia para el país. Es una gran ganancia cultural y económica que se filme allí, y por eso existen incentivos. Me pone muy triste que tantos técnicos argentinos hoy estén sin trabajo. Me pone muy feliz por Uruguay y muy triste por la Argentina”.
“Creo que el cine argentino sigue existiendo a fuerza de talento e ingenio. Incluso es uno de los más importantes de Latinoamérica y del mundo. Creo que hay que filmar como sea, con el soporte que sea, y hay que resistir. Tengo la confianza de que esto se va a revertir. Porque el talento no se mata con malas decisiones. Celebro que se hagan películas en Uruguay, para mí es un orgullo, pero no en desmedro de que no se filme en la Argentina”.

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