Nostalgia del futuro: electrónica y música del mañana según Simon Reynolds

Por: Nicolás G. Recoaro

"Futuromanía" es el nuevo libro del periodista y crítico cultural británico. Ensayos contra la cultura retro, ficciones sónicas y aventuras sonoras de ayer, hoy y siempre.

Simon Reynolds viene del futuro. Dice, como su fallecido amigo y camarada Mark Fisher, que estamos jodidos. Pero también que hay melodías, sonidos, música a secas que quizás pueden salvarnos: “La tecnología es simplemente un instrumento del deseo humano, y ese deseo puede ser tan nostálgico y autoritario como emancipador y utópico”. Sueños electrónicos y máquinas deseantes: la música del mañana, hoy.

Futuromanía es el nuevo libro del periodista británico, pluma ejemplar de la crítica cultural contemporánea. Se suma al sabio y generoso catálogo de Caja Negra Editora. El libro acopia artículos que Reynolds escribió para The Wire, Melody Maker, The Guardian, Pitchfork, Resident Advisor y varios otros medios desde los movidos noventa hasta el bravo presente. Fuente lumínica pero también apología, una guía de escucha que abre puertas de aventuras y descubrimientos sonoros al universo de la electrónica y sus satélites.

Libro hermano de Retromanía. Futuromanía es más bien su gemelo malvado. Imagen invertida en el espejo que hace foco extasiado en la música del futuro, lejos de la adicción del pop a su propio pasado. Trinchera contra la cultura retro y sus ejércitos nostálgicos.

Ficciones sónicas

Tapiz electrónico conectado por ficciones sónicas dan cuerpo a la obra de Reynolds. Está dividido en tres apartados. En la primera, “El futuro… entonces”, rescata proyectos en los que la música parecía venir del futuro. Postula a los años noventa “como los nuevos 60”, cuando “la cultura rave tenía esa sensación de ser la música del mañana… hoy”.

Hace arqueología sonora y subraya la obra de artistas como Giorgio Moroder, Kraftwer, Wendy Carlos y siguen las firmas. Además, Reynolds derriba mitos y rescata pioneros olvidados como Wolfgang Voigt o Ryuichi Sakamoto con la Yellow Magic Orchestra.

En el segundo apartado, “El futuro… ahora”, edifica perfiles de artistas más recientes como Burial, Grimes, Jlin y diversos análisis sobre géneros como el footwork, la música ambient y el new age. Hay también un ensayo muy potente sobre la historia del auto-tune y la revolución que ocasionó en el pop del nuevo milenio. Fanáticos de Cher, disfruten.

Por último, pero no menos importante, Futuromanía incluye una coda atada a la ciencia ficción, ese género literario y cinematográfico especializado en imaginar el futuro. Hay trap, acid house, jungle, éxtasis, MDMA, eternas raves, maximalismo digital y mucho más en el libro.

Al cierre del volumen, Reynolds dispara: “Esta idea de Attali del utopismo como verdadero contenido latente en la música, o al menos de cierta música, en realidad encaja con el sentimeinto que la música, o al menos cierta música, es capaz de generar: el vértigo de lo ilimitado, la esperanza desmesurada, la energía imparable. Es el mismo subidón de euforia aterradora que produce la mejor ciencia ficción. Pero si la música es el futuro-ahora, lo más lógico sería considerar que soñar en prosa la forma futura de ese futuro-ahora es una tarea casi imposible».

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