A la medianoche se enfrentan Irán y Egipto en Seattle, la ciudad más progresista de Estados Unidos. El Comité local anunció que será el encuentro del orgullo del colectivo, pero ambas federaciones, que pertenecen a países que criminalizan la homosexualidad, anunciaron su rechazo.

Buenas, como va Wall, te imagino ya expectante para el partido de mañana, ahí en Dallas, pero también adelantando el viaje a Miami para el viernes que viene contra un rival que conoceremos esta noche. Un Mundial es una pulseada entre lo que acaba de pasar contra lo que está sucediendo y lo que va a ocurrir.
El miércoles estuve en el Azteca pero fue como si hubiera pasado hace dos Mundiales: todo avanza a mucha velocidad. Ayer se jugaron seis partidos, hoy otros seis y mañana otros seis, incluido el Argentina-Jordania. Y tampoco habrá descanso entre la primera fase y los 16avos de final: ya el domingo arrancan los mata-mata, expresión superadora de los playoffs.
No quiero olvidar, sin embargo, que entre la sobreabundancia de historias que nos sensibilizan, como la del triunfo de Ecuador ante Alemania –10 de sus 26 jugadores provienen de Esmeraldas, una provincia relegada que sólo aglutina al 3% de la población pero produce sus mejores futbolistas por sus raíces de afrodescendencia-, el miércoles hice una recorrida alrededor del Azteca antes del México 3-República Checa 0. Quería buscar, como ya contaste en tu primera carta, los vestigios de Diego Maradona en el lugar donde comenzó su segunda vida.
En las paredes del Azteca hay una placa de bronce que hace referencia al segundo gol contra Inglaterra en 1986 y otra a Pelé, que en 1970 también se consagró en el estadio que recibió más partidos de Mundiales. Mejor dicho: había. Les pregunté a voluntarios, empleados y organizadores y todos decían conocerlas pero también que las habían quitado bajo la excusa de evitar de que fueran vandalizadas en este Mundial. No importa: Maradona está cuando no lo veamos. Basta entrar al Azteca para quedarse hipnotizado mirando ese arco, el de los dos goles.
Ya con Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador y Paraguay en 16avos de final, hoy será el día de Uruguay, que la tiene difícil contra España. Pero será, también, el día del partido del orgullo LGTBIQ+ en Seattle entre dos países que criminalizan la homosexualidad, Irán y Egipto.
La acción no surgió de los iraníes, los egipcios ni la FIFA sino del Comité local de Seattle, una de las ciudades más progresistas de Estados Unidos que esta semana festeja la semana del Orgullo LGTBIQ+. Desde antes del sorteo, realizado en diciembre pasado, anunciaron que el partido que se jugara el 26 de junio, o sea hoy, sería también el partido del orgullo del colectivo, sin sospechar que recaería en Irán y Egipto.
Las dos federaciones se quejaron y anunciaron que no se sumarían a ninguna campaña. El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, empezó a relativizar el rótulo pero sí anunció que, como cualquier otro partido, podrá haber banderas del colectivo en las tribunas. Será de medianoche ya en Argentina pero interesante de ver en este Mundial de mil historias.
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