Desde Caracas, la psicóloga resalta el sufrimiento de la población, en especial de los niños. Desmenuza el presente, respalda al gobierno y no olvida las heridas.

-¿Cuál es tu tarea en este momento?
–Soy psicóloga jubilada pero sigo activa en el Ministerio de Educación, en el área para la ciencia, la tecnología, el ecosocialismo y la salud. Y básicamente soy militante de la revolución. El bombardeo de EE UU demandó una atención puntual en esas áreas. Damos apoyo psicológico en los territorios, orientaciones. Hay muchas personas afectadas.
-¿Podrías dar un perfil de esa afectación?
-Sucedió que hubo un bombardeo importante, fuerte, un ataque, una agresión. Hacemos hincapié en llamar las cosas por su nombre. Fue una agresión armada sin declaración de guerra, a las 2 de la madrugada. ¿Por qué insisto en eso? Si hay una declaración de guerra se evacúa a la población civil de los espacios de riesgo, se la protege. Aquí no hubo nada de eso. Bombardearon y afectaron a la población civil. El impacto psicológico realmente fue muy fuerte porque ocurrió una agresión desproporcionada con armamento sofisticado, con una intensidad desmesurada, en espacios de paz y en hora de descanso. Impactó tanto en la población adulta, como en niños, niñas y adolescentes, adultos, personas con discapacidad. A muchos les despertó un sonido que no olvidan, que algunas personas lo describen como un bi de abeja muy fuerte. Y luego el impacto de misiles que eliminó la luz y rompió todas las telecomunicaciones. Por ejemplo, en Fuerte Tiuna, viven 13 mil personas y sufrieron el impacto de misiles; sólo allí 463 viviendas fueron impactadas. O en Miranda, con dos comunidades muy cercanas a la Guaira. Generó un estado de conmoción psicológica en toda la población que persiste a más de un mes de la agresión. Hay shock psicológico y hay conmoción. Ante eso, las personas no saben cómo responder, las familias no saben cómo protegerse. A los niños les costó mucho volver a los colegios, a sus espacios de seguridad que dejaron de ser seguros para ellos. Mira, dentro de Fuerte Tuna hay una escuela hermosísima, también fue impactada: ¿se entiende la angustia de esos niños?. En mucha gente persiste el terror de un nuevo ataque. El 80% de la población donde se ejecutó el ataque puede sentir episodios de miedo. Están ahí. El submarino nuclear lo tenemos cerca de nuestras costas.
-¿Cómo se trabaja en esos casos?
-Según programas del gobierno. Aquí tenemos un gobierno popular, tenemos el poder popular y el poder popular está organizado. El trabajo en las comunidades es sumamente importante. Pero sabemos que están ahí y que, además, secuestraron a nuestro presidente. Los niños piensan: “Ajá, se metieron unos malandros en casa y robaron y se llevaron a tu mamá y a tu papá. Y destruyeron tu casa y mataron a un gentil alrededor”. Es un momento de gran complejidad.
-¿Cuál es tu visión sobre la reacción del gobierno de Delcy Rodríguez?
-Secuestraron al presidente y a la primera combatiente, Cilia Flores, diputada de la República. Asumió la vice, Delcy Rodríguez. Significa que seguimos el plan del gobierno, el que aprobamos, desarrollamos y consolidamos el año anterior, el que diseñó Nicolás Maduro. Que seguimos con nuestro plan de transformaciones.
-Pero hay algunas decisiones, por caso con el petróleo y los presos políticos, que despertaron alguna inquietud.
-Necesitamos restablecer la cotidianidad para poder tener una recuperación más próxima tras un momento de shock emocional. Estamos claros de la amenaza, de lo que está ocurriendo, pero estamos activos. Con tres objetivos principales. Uno, mantener la paz. Somos un país en guerra híbrida desde el ’98. Dos, la liberación del presidente y su esposa. Y tres, mantener el poder político. La guerra cognitiva sigue, se mantiene, cambia de objetivo. Ahora es romper la confianza, la unidad y desmoralizar. Y si se desmoraliza y se agrupa la extrema derecha, como se dice aquí, podemos llegar a comer casquillo…
-¿Qué le respondés a las acusaciones de traiciones o arreglos?
-Uno de las de las objetivos de la guerra cognitiva siempre fue fracturar la fe, la esperanza, la confianza. Tenemos maestría en guerra cognitiva. Rumores diarios, falsas noticias, creación de percepciones y de imaginarios. Pues mira, Delcy es hija de Jorge Rodríguez padre. Un militante de la izquierda venezolana, asesinado por la CIA en los ’60. Tuvo tres hijos, dos de ellos son Jorge, presidente de la Asamblea Nacional, y Delcy. Allí tenemos una unidad monolítica. Nos hemos atrevido a declararnos libres, independientes y soberanos. Y eso no se nos perdona. Yo creo que estamos en paz con las heridas. Y que a las heridas no podemos olvidarlas.
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