Lo construyó la Técnica Nº 1 de esta localidad balnearia, con materiales reciclables. Dos aerogeneradores iluminan las aulas. El objetivo es que la energía llegue a todo el colegio.

El proyecto comenzó en 2018 cuando la institución adquirió un aerogenerador de 300 watts para enseñar su funcionamiento en las Tecnicaturas en Energías Renovables y en Electrónica. Años más tarde, la empresa Genneia les donó un tablero didáctico que permitía captar la energía del aerogenerador y, a través de un regulador, almacenarla en las baterías para luego ser suministrada. En diálogo con Tiempo, Ángel Iocca, uno de los docentes que llevó adelante el proyecto, cuenta: “Durante el ciclo lectivo de 2024 pudimos, junto con estudiantes, montar ese aerogenerador en una estructura en el exterior para que empiece a generar energía y abastezca a un aula. En el 2025, junto con los alumnos de último año, decidimos producir nuestro propio aerogenerador para iluminar otra aula. No teníamos el objetivo ambicioso de crear un parque minieólico sino de poner en práctica aquello que veíamos en clase”.
En los últimos años surgió la tendencia, sobre todo en Europa, de instalar sistemas de energía minieólica que utilizan turbinas de menor tamaño y potencia para producir electricidad a escala local. Así abastecen a pequeños terrenos como granjas, una comunidad rural o, como en este caso, una escuela. Gabriel Burón, uno de los estudiantes, relata: “El segundo aerogenerador, que tiene una capacidad de 400 watts, fue construido con materiales que teníamos o encontrábamos. Por ejemplo, la torre que lo sostiene es una antena que era de una radio abandonada. Además, desarmamos un banco de ensayo (un equipo que permite realizar pruebas y evaluar el funcionamiento de un aerogenerador) y tomamos algunos materiales para construir el rotor y las aspas”.
Para que funcione hacía falta un tablero que dé cuenta de la energía almacenada, la velocidad y otros factores, por lo que la empresa Genneia donó uno nuevo a la escuela. “Estamos atravesando un fuerte desfinanciamiento desde Nación y comprar estos productos es algo muy caro. Es por eso que recurrimos al reciclaje y a las donaciones”, afirma el docente. La alumna Luz Guzmán acota que “contrario a los sistemas on grid que usan la red y toman como respaldo las energías renovables, acá funciona a la inversa. Usamos las energías limpias y dejamos la de red sólo para cuando no haya suministro. Es decir, si no hay viento, nos abastecemos del sol y, si está nublado, del viento. Sería raro que en una ciudad como Necochea falte alguna de estas dos energías”.
De esta manera, cada aerogenerador ilumina un aula distinta y el objetivo final es que se pueda abastecer a todo el establecimiento. “Además, con el reconocimiento internacional que tuvimos, las autoridades provinciales definieron que esta escuela, junto con el Centro de Formación Profesional nº 402, será la sede del primer Centro Regional de Energías Renovables”, manifiesta Iocca.
El proyecto escolar consistió no sólo en aprender sobre cómo funcionan las energías renovables sino en cómo poder producirlas. Para la alumna Guzmán, el mayor impacto que tienen estos proyectos es encontrar un sentido a la teoría: «Uno puede estudiar pero sólo cuando lo pone en práctica y se plantea un objetivo es cuando se ve el paso a paso de algo. Incluso, al hacer esto, fortalecemos la confianza en nuestras capacidades y nos preparamos para el mundo laboral”.
Burón acota: “Ver que el esfuerzo que uno hace tiene recompensas da una sensación de plenitud. Estuvimos todo el año con este proyecto y ver que sirvió de algo es un logro”.
Iocca agrega que este proceso les enseñó sobre el trabajo en conjunto, la economía circular y pensar que algo así se puede replicar: “Veníamos de años difíciles con la pandemia y con los aislamientos periódicos, algo que afectó significativamente el aprendizaje del alumnado. Esta experiencia nos permitió unir distintas áreas y, dentro de este contexto económico, trabajar desde la economía circular, es decir, reciclar aquello que no se utilizaba y ponerlo en uso nuevamente. Incluso, es un modelo que se puede replicar y eso nos permite proyectar de una manera sociocomunitaria”.
Si bien hace años se habla de la necesidad de una transición energética, recién en 2023 durante la COP28, los gobiernos acordaron abandonar los combustibles fósiles para alcanzar el cero para 2050, triplicar las energías renovables y duplicar la eficiencia energética hacia 2030. Aún así, a este ritmo la temperatura del planeta superará los 2º, lo que se traduce en más inundaciones, sequías, incendios y temperaturas extremas.
En este contexto, mientras gobiernos como el argentino desmienten el calentamiento global y el cambio climático, la comunidad de la Técnica Nº 1 de Necochea lo tiene claro: “El objetivo del proyecto es iluminar toda la escuela, pero hay algo más profundo. Nosotros, como Técnicos en Energías Renovables, apuntamos a una transición en la que los combustibles fósiles sean reemplazados por energías limpias. Hay que cuidar al planeta y a las personas”.
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