La banda comandada por Stephen Malkmus volvió a nuestro país después de 14 años. Desplegó un show de casi dos horas en el que repasó lo mejor de su carrera y subrayó un excelente presente.

107 faunos arrancó una hora antes del plato fuerte para calentar el escenario. Con flores y lirismo platense, los indies dibujaron una primavera sonora en el frío mayo porteño, apostados en fila, haciendo las veces de ángeles guardianes, mientras se iba llenando el predio de Chacarita. “Estamos a punto de ver a la mejor banda del mundo”, dijeron para dar paso a sus héroes, dejando al público entonado.
Con el efecto que suscita la presencia de un predicador, Malkmus salió a escena con su guitarra ante miles de fans ya encantados, acompañado del también guitarrista y fundador de Pavement, Scott Kannberg, Steve West en batería, Bob Nastanovich en percusión y voces, Mark Ibold en el bajo y Rebecca Clay Cole, la nueva integrante, en teclados.
A las 21.30 puntual arrancaron los primeros acordes de “Kennel District” que acoplaron los parlantes y encendieron las voces, los saltos, la alegría. No llegó a apagarse el primer gran grito eufórico que irrumpió distorsionada la intro caótica de “Silence Kid”, y la teletransportación a aquel mundo de 1994 fue inmediata. El público se desató y pogueó la frase que homenajea a Buddy Holly y su “Everyday” como si no hubiera mañana. Pronto apareció “Stereo” a los gritos, como debe ser, y la noche ya era una fiesta. Las clásicas arengas argentinas de los fans no se hicieron esperar. En retribución, Malkmus devolvió un encantador “Muchachos, gracias”, en un castellano aparatoso.
Apretado en medio de la multitud, un pibe filmaba “Summer Babe” con una videocámara de mano JVC para que la postal noventosa fuera completa. El líder de la banda que fuera la contracara del grunge en su apogeo cantaba con los ojos cerrados, percibiéndolo todo. También sonaron el rockero “Perfume-V”, “Transport Is Arranged”, y el gran clásico indie “Gold Soundz”, que dejó al público surfeando la cresta de la ola nostálgica. El volumen bajó un cambio con “The Hexx” pero la intensidad se redobló con el melancólico “Here”: miles de fieles seguidores cantaron, ya fuera aplicadamente en inglés o con balbuceo fonético, qué importa, “come join us in a prayer” (“vení a rezar con nosotros”), unidos en oración. Los cuerpos en sintonía mientras las notas se deshacían en ruido.
Promediando la noche, un irrefrenable y eterno “Olé olé olé” del público hizo de base rítmica para que Pavement improvisara con frescura, baile de Nastanovich mediante, y llevara la música a un medley con “Another One Bites The Dust”, que decantó en “Seven Nation Army”, risas y vitoreo. Los californianos en su máxima expresión: pura descontractura, disfrute y distorsión.
Retomaron su repertorio, que ya se había adentrado en los discos Slanted & Enchanted, Crooked Rain, Crooked Rain y Brighten the Corners, la santísima trinidad de los fans de “Pavimento”, con un Malkmus veterano tocando la guitarra desde el piso como si tuviera veinte, en la cruda y nirvanesca “Unfair”, donde también robaron protagonismo Nastanovich y sus voces imposibles. La amada “Shady Lane” finalmente llegó y el calor reinante volvió inútil cualquier abrigo. Y en una insuperable catarata de hits, le siguió el más célebre y popero de los lado B, “Harness Your Hopes”, sólo para dar paso al clímax de la noche: la dulce pero lacerante melodía de “Range Life” y sus versos de la discordia.
La noche se acercaba a su final, la languidez vigorosa de Malkmus y su voz ofrendó una vehemente versión de “Trigger Cut”, tiñendo de rojo la escena y el espíritu. Luego, las cuerdas vocales de acero de Bob tomaron la posta en “Fight This Generation”, que se volvió una performance experimental, fiel al estilo de Pavement: Malkmus se despidió antes de los bises haciendo silbar como un pájaro las cuerdas de su Guild.
A la espera, la gente tarareaba el estribillo de “Cut Your Hair”, exigiendo un encore que ya era inexorable. De vuelta en el escenario, sonó primero el riff de “Grounded” y las voces corearon y abrazaron a un frontman entregado que les había abierto la puerta a otra dimensión. Por un momento, tan necesario, todo estuvo bien en el mundo.
Sueño cumplido: el preanunciado “Cut Your Hair” explotó fuerte en un pogo que hizo saltar a todo el predio, crowd surfing incluido. La coda de un show memorable sería “Box Elder”, recibido con alegría genuina. Entre suspiros de satisfacción y despedida, Malkmus hizo avioncitos de papel con las setlist, y los hizo volar hacia un público agradecido, que quedó desarmado en absoluta paz, bien arriba, flotando sobre el pavimento.
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