Siete de cada diez periodistas recibe un salario inferior a la canasta de pobreza. Por eso el 68% del total tiene deudas con tarjetas y bancos y el 69% de los jubilados sigue en actividad.

A los ataques verbales, la persecución judicial, la represión directa y las limitaciones al ejercicio de la profesión se le suman las condiciones laborales y salariales que arrastran un fuerte deterioro de una década a esta parte y que, con este gobierno, llevaron el salario testigo del redactor a un valor que se encuentra por debajo de la línea de indigencia.
Para ser claros: la canasta básica alimentaria (CBA) establece el umbral de la indigencia representa el valor de los alimentos necesarios para garantizar las calorías que debe ingerir una persona para no sufrir desnutrición.
En abril de 2026 la misma, para una familia integrada por dos adultos y dos menores, alcanzó los $ 665.053. El salario de redactor de prensa escrita para ese mes todavía se encontraba en términos netos en los $ 579.460, un 12% por debajo de la CBA.
La historia reciente indica que fue en diciembre de 2013 cuando, shock devaluatorio mediante, ese haber perforó el piso de la indigencia cayendo un 17% por debajo y llegando a tocar un piso en febrero de 2024 ubicándose un 38% por abajo. Desde allí se produjo una leve recuperación que retomó una senda decreciente en septiembre de 2025.
Pero el deterioro no empezó en 2023. El haber testigo que hoy representa un 88% del valor de una CBA, equivalía a un 282% hace exactamente una década, en abril de 2016.
En ese momento, además, representaba un 117% de la canasta básica total que mide el umbral de la pobreza y hoy se encuentra en los $ 1.434.767.
Así, el salario que hoy representa apenas un 40% de la CBT debiera escalar hasta los $ 1.719.628 para recuperar el poder adquisitivo de entonces. Un aumento del 197% en una sola cuota.
Ese umbral de la pobreza se perforó en julio de 2018.
La Secretaría de Asuntos Profesionales del SiPreBA, a cargo de la periodista Paula Sabatés, realizó este año, como es tradición, una nueva encuesta sobre los trabajadores de prensa.
Las más de mil respuestas obtenidas, además de ratificar la representatividad del SiPreBA y el nivel de organización del gremio, dan cuenta de una situación cuando menos dramática de los trabajadores que no pudieron todavía revertir el ajuste sufrido de parte de las patronales de medios con la complicidad de un sindicato que, avalado por todos los gobiernos, se arrogó una representación sindical a todas luces obsoleta.
El estudio, en general, ratifica la situación de deterioro salarial y precariedad que caracteriza al gremio desde que se hizo la encuesta por primera vez en 2020.
De hecho, el 65,6% de los trabajadores encuestados aseguró que percibe un salario por debajo de la línea de pobreza que, si bien mejora levemente con relación a 2025, «sigue siendo muy superior al 45% que había arrojado la misma encuesta en 2023».
El salario neto mediano, explica el SiPreBA, “en el principal empleo en prensa fue de $ 1.200.000, un 18,4% por debajo de la línea de pobreza”.
Del otro lado, apenas “el 6,2% afirma que su sueldo en su principal trabajo en prensa le alcanza por sí mismo para mantener su nivel de vida”.
La situación, sin embargo, resulta heterogénea.
La radio resulta la rama más castigada. Allí, “el 86,4% de los trabajadores cobró por debajo de la CBT en su principal empleo con una mediana salarial de $ 907.500, un 38% menos que la línea de pobreza”.
Esos guarismos mejoran levemente en prensa escrita donde el 75,7% perciben un salario debajo de la línea de pobreza que escala al 85% para la categoría de redactor. En prensa televisada “sólo” el 32,4% cobró por debajo de la CBT en su principal empleo.
La situación, claro, fuerza estrategias para sostener una vida relativamente digna. Por eso destaca el pluriempleo que afecta al 54,4% de las personas encuestadas que “afirmó tener dos o más empleos remunerados”.
El 22,7% de los trabajadores confirmó tener tres o más empleos cuando, “en 2025 quienes pertenecían a ese grupo eran el 17,5%”.
El fenómeno no sorprende en tanto un reciente informe del Gino Germani dio cuenta de un ascenso sin precedentes del pluriempleo entre el conjunto de los trabajadores ocupados que, en contraste con el 8,8% de una década atrás, afectó al 12,2% a fines de 2025. Con todo, se trata de una cifra irrisoria con relación al impactante 54,4% mencionado para los trabajadores del gremio de prensa.
Ese mismo informe del Grupo de Estudios en Desigualdad y Movilidad Social basado en datos de la EPH destacó el impacto del endeudamiento familiar como estrategia forzada para atravesar la crisis.
Allí surge que el 31,1% de los trabajadores ocupados se vio obligado a tomar deudas con familiares y amigos o entidades bancarias y financieras. En el gremio de prensa, según el relevamiento del SiPreBA, el “67,8% de las personas encuestadas por este sindicato recurrió a algún tipo de crédito para cubrir necesidades básicas”.
La medición de la pobreza según la metodología del INDEC se establece en función de cruzar los datos de ingreso con los valores de la canasta. Sin embargo, la estadística no toma en cuenta el «ingreso disponible» con el que cuentan las familias para hacer frente a los gastos de los principales bienes y servicios una vez canceladas sus deudas con tarjetas, familiares o préstamos que, además, se retroalimentan con intereses que rozan la usura.
El endeudamiento perpetuo es otra herencia directa de la megadevaluación de diciembre de 2023 que hundió el salario y las tarjetas de crédito de las familias de prensa que, en muchos casos, disimulan su pobreza detrás del manto de la metodología oficial que, por caso, tampoco incluye el costo del alquiler.
Estamos, concluye el informe del SiPreBa, «sin dudas en uno de los peores momentos para el ejercicio del periodismo. Con empresarios que precarizan y un gobierno nacional que ataca permanentemente y con todo el poder del Estado a quienes ejercemos esta profesión».
La precarización laboral y salarial y el deterioro de la calidad de vida de los trabajadores de prensa, a su turno, atenta contra la calidad de la labor periodística y, por eso, al derecho a la información del conjunto de la
población.
Un cóctel funcional al ajuste que sufre todo el pueblo. «
El deterioro de las condiciones de vida de los trabajadores de prensa se refleja también en su salario diferido.
Por eso, según el relevamiento del SiPreBA, El 68,8% de los jubilados sigue trabajando en el gremio porque «lo que percibe de jubilación no le alcanza». El año pasado, aclaran, «ese ítem indicaba 20 puntos porcentuales menos, lo que demuestra el gravísimo deterioro de los jubilados y jubiladas con el avance de la gestión libertaria».
El fenómeno afecta al conjunto de la población en tanto un informe del Gino Germani señala que los jubilados que siguen en actividad forzados por sus haberes de hambre ronda el 18 por ciento. La diferencia con el conjunto resulta gigantesca.
Sin embargo, indican, «hay un dato peor: este universo también es víctima del pluriempleo. El 38,7% de las y los jubilados tiene más de un empleo». Además, «el 35,7% declara que no llega a fin de mes, inclusive con trabajos por fuera de la jubilación» y por ese motivo se ve obligado a sufrir «recortes recurrentes en servicios esenciales, endeudarse o sufrir privaciones en la compra de alimentos básicos».
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