Según un estudio privado, el consumo cayó 9,6% en noviembre, aplastado por la caída de los salarios reales y la suba de tasas. Es el nivel más bajo desde 2009.

El dato de la semana lo aportó el Instituto de Trabajo y Economía (ITE). El habitual indicador de consumo que elabora la entidad arrojó para noviembre una retracción de 9,6% con relación al mismo mes del año pasado. Es la sexta medición consecutiva con resultado negativo: la última suba había sido en mayo. Para encontrar otra víspera de fiestas con tan poca actividad hay que remontarse a noviembre de 2009, en plena crisis internacional por la caída de bancos en Europa y Estados Unidos.
El índice del ITE es elaborado a partir de una serie de variables de alta correlación estadística con el consumo privado, que incluyen la recaudación tributaria, las ventas minoristas, el crédito al sector privado y la venta de autos nacionales, entre otros. Salvo el IVA neto, que subió 0,5%, todos los demás rubros mostraron caídas estrepitosas.
“El consumo continúa débil, afectado por la caída de los ingresos reales y las altas tasas de interés”, señala el informe. Así alude a la pérdida del poder adquisitivo de los asalariados: según datos de septiembre del Ministerio de Producción y Trabajo, la caída interanual una vez descontada la inflación fue de 12%. En cuanto a las tasas, la de referencia del Banco Central llegó a tocar el 74% anual (en los últimos días bajó unos 15 puntos), lo que hizo casi prohibitiva la financiación al sector privado.
Uno de los datos principales que tuvo en cuenta el estudio fue la caída en las ventas del sector minorista durante noviembre. La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) la estimó en 15,6% frente a igual mes del año pasado, con topes de 23,5% en mueblerías y 21,8% en el rubro de electrodomésticos y artículos electrónicos. Según la entidad, cinco de cada seis negocios reportaron una reducción en la cantidad de unidades vendidas. “Ni siquiera con promociones y cuotas se logró despertar el ánimo de consumo de la gente, que se mantuvo extremadamente cauta. Incide el elevado stock de deudas que acumulan las familias con las tarjetas de crédito y las subas de intereses, que están provocando un fuerte desplazamiento de masa de dinero que debería ir a consumo hacia el sistema financiero”, señalaron desde CAME.
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