Philip K. Dick y Arthur C. Clarke, los reflejos de dos padres de la ciencia ficción

Por: Juan Pablo Cinelli

Ambos nacieron un día como hoy, uno en 1928 y el otro en 1917. Aunque sus obras colaboraron en la creación del popular género literario, sus historias no pueden ser más distintas.

A veces el destino le regala a la historia curiosas coincidencias, como la que se registra entre los días de nacimiento del inglés Arthur C. Clarke y el estadounidense Philip K. Dick, ocurridas un día como hoy, 16 de diciembre, pero de los años 1917 y 1928. Lo que hace particular a esta sincronía es que se trata de dos de los nombres fundamentales en la creación y desarrollo de la ciencia ficción, invención literaria característica del siglo XX. Junto a Ray Bradbury e Isaac Asimov, se trata de además de los autores más populares del género, a partir de novelas como 2001: Una odisea del espacio o El centinela en el caso del británico, o de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, en el de Dick.

Sin embargo su fama no sólo debe ser atribuida a la amplia difusión de sus cuentos y novelas, sino al rol magnificador que han tenido las adaptaciones cinematográficas de algunas de estas obras. Que ha sido más prolífica en el caso de Dick –alcanza con mencionar películas como Blade Runner (adaptación de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? a cargo de Ridley Scott, 1982), El vengador del futuro (Paul Verhoeven, 1990) o Sentencia previa (Steven Spielberg, 2002)—, aunque no alcanzan a igualar la trascendencia que tuvo 2001: Odisea del espacio (1968), obra capital de Stanley Kubrick, con quien el propio Clarke escribió el guión.




Pero a pesar los puntos en común, las vidas y las obras de uno y otro no pueden haber sido más diferentes. Clarke nació en Inglaterra, participó de la Segunda Guerra Mundial como soldado y desde joven fue miembro de instituciones científicas. En cambio la historia de Dick es la de un obrero literario, cuya obra se construyó en publicaciones del universo pulp de los Estados Unidos, revistas de consumo popular de lo que en la Argentina se conoce como literatura barata. De la misma manera, mientras el británico disfrutó del boom de popularidad que representó el estreno de 2001: Odisea del espacio, el norteamericano murió unos pocos meses antes del estreno de Blade Runner, de la que apenas pudo ver unos 20 minutos con la mezcla de sonido incompleta y sin música. La muerte lo encontró a Dick casi tan paranoico como muchos de sus personajes, quizá afectado por el consumo de drogas lisérgicas en los años ’60. En tanto que Clarke falleció en 2008, con su imagen pública afectada tras confesar su afición por tener sexo con adolescentes, algo que en Sri Lanka, donde vivía desde mediados de la década de 1950, podía conseguir con facilidad a cambio de unos pocos dólares.

Algo que vuelve a reunir espontáneamente a ambos autores es su relación con la ciencia, que no comienza ni termina con la ficción. Clarke fue el responsable de popularizar el concepto de órbita geoestacionaria, a la que se bautizó en su honor como Órbita de Clarke, y que es la que se utiliza para el emplazamiento de los satélites de comunicación. Su postulación, realizada 12 años antes del lanzamiento del primer satélite artificial (el Sputnik soviético, en 1957), le trajo al escritor el respeto de la comunidad científica, más allá de su obra de ficción.




Aunque su biografía no registra aportes a la ciencia como los de su colega, la figura de Dick fue utilizada en 2005 en la creación de un androide diseñado a su imagen y semejanza. Fabricado por la empresa Hanson Robotics, el androide Philip K. Dick tenía la cara del escritor y poseía un tipo de inteligencia artificial programada para mantener conversaciones a partir de una base de datos que incluía sus obras completas y las entrevistas que le habían sido realizadas en vida. Hablar con el androide equivalía, de algún extraño modo, a conversar con el propio Dick. Una anécdota contada por su hija Isolde ayuda a entender hasta que punto esto podía ser cierto. «Se parecía mucho a mi papá», le dijo Isolde al diario Los Angeles Times refiriéndose al Philip K. Dick artificial. «Cuando alguien le mencionó mi nombre [al androide], este empezó una larga perorata contra mi madre. Aquello no fue agradable», recuerda la hija del escritor. Conclusión: no se sabe si los androides sueñan o no con ovejas eléctricas, pero parece que definitivamente no se llevan bien con sus exesposas. «

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