Por Carta Abierta.
El macrismo está empeñado en remover los cimientos fundacionales de la Argentina, incluso los que pertenezcan a las tradiciones jurídicas y democráticas que provienen del siglo XIX y que no le interesa invocar. Dictámenes claros de la ONU, como el referido a Milagro Sala, le son indiferentes, por caso. El senador Pichetto, a su turno, hablando de resacas poblacionales, no pertenece al partido de gobierno, pero por su boca expele la globalización a martillazos, ofreciéndose como guardián exaltado del parque temático del macrismo.
Autor de frases xenófobas y racistas para no olvidar (…murieron en la AMIA ciudadanos argentinos de religión judía y argentinos… y también y solo como ejemplo entre muchas otras… en la década de los ’90 entraron los chinos, y ahora la mafia senegalesa. Yo no los veo trabajando en las obras, sino vendiendo truchadas…), ¿por qué elige este momento argentino para lanzar su ataque tremendo contra los hermanos de América Latina? Porque el deterioro de la situación económica producto de políticas públicas realizadas con toda intención por el actual gobierno está configurando una situación social insoportable y el jefe de la bancada de senadores del FPV/PJ, que no le ha presentado ninguna batalla en la Cámara en la que maneja la mayoría opositora, siente la necesidad de facilitarle el curso siniestro que conduce a la discriminación más abyecta, la salida cloacal. Cumple el papel del primer alemán que dijo ante la crisis de los ’20 la culpa es de los judíos. El buen senador le dice al pueblo necesitado, preocupado, incluso resentido ¿no conseguís turno en el hospital?, es porque te lo ocupan los paraguas, o ¿te quedaste sin laburo?, algún bolita te lo estará ocupando. Su programa es vasto, desde reintegrar a las Fuerzas Armadas a temas de seguridad interior, hasta expulsar paraguayos del Hospital Rivadavia, colombianos de nuestros sistemas médicos y universitarios, pasando por denunciar a Bolivia por realizar su ajuste social a expensas de la Argentina, a Perú de exportar cuotas de irregulares, narcotraficantes, que asolarían las villas del país realizando con ello su ajuste delincuencial. Una auténtica geopolítica poblacional de la guerra.
Todavía hay numerosas personas vinculadas al Partido Justicialista, del que el senador Miguel Ángel Pichetto es nada menos que secretario nacional de Acción Política, que recuerdan los propios actos formativos del peronismo. Por ejemplo, la relación con el socialista latinoamericanista Manuel Ugarte, que en Francia fue amigo de Henri Barbusse y en nuestros países embajador de Perón en México y Cuba. O los alcances que los primeros planes quinquenales tuvieron para los vecinos de la América mestiza. Para no mencionar las políticas protectivas e inclusivas de los inmigrantes y el reconocimiento de sus derechos, bajo los gobiernos kirchneristas, de las que el programa Patria Grande es su manifestación más contundente. Sería bueno que en nombre de una historia que supo ser otra, se invite a Pichetto a retirar sus palabras o que, con adecuadas palabras se lo retire a él, tanto de la dirección del peronismo, cuya memoria degrada, como de la jefatura del bloque senatorial que ha largamente deshonrado. Y para que no engrose sus meditaciones groseras al amparo de cargos que no merece, entrechocando en forma tripartita la conciencia xenófoba de Marie Le Pen, la derecha socialista del tremendo Rocard y la piedra viva del macrismo que emerge y brilla de verdad cuando Pichetto le da lustre.
El personaje del que venimos hablando fue desde Menem hasta acá el jefe de bloque de senadores del PJ primero y del FPV/PJ a continuación. Todos quienes luchamos por y apoyamos a los gobiernos populares de Néstor Kirchner y Cristina Fenández de Kirchner somos responsables de que esto haya sucedido y suceda.
Nos comprometemos a impedir en la medida de nuestras posibilidades, y llamamos a los compañeros a unir fuerzas en esto que señores de esta calaña ocupen cargos en un futuro gobierno nacional, popular y democrático y que tampoco lo hagan como parlamentarios en representación de un pueblo al que reiteradamente traicionan. «
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