La poesía, la guitarra y el Flaco alma de libros

Luis Alberto Spinetta hubiera cumplido los 76. Ningún homenaje es suficiente, aunque acá lo intentamos con poemas inéditos de Guitarra Negra y varias imágenes de ediciones ilustradas para niños con letras de dos de sus temas inolvidables. Tres libros de colección de La Marca Editora.

Introducción

Como nadie tiene conciencia del “control” de los manuscritos y aun de existir dicha conciencia esta no intervendría en mi obra sino como referencia simbólica a la licitud de la temática propongo que se olvide cada palabra a medida que ella se lea

(El autor)

Parte I

yo nacía como un pato salvaje

pero era solo consumación de brotes

era eterno mi corazón

eterna mi dicha

postrero el cuerpo para criaturarme

yo bebía de mi propia carne

como un secuestro de las razones no dadas

Luego bebía de las viejas comarcas

ansiando que un suelo me proyectase desde la luz

como a un molino sensible

y el cielo me iluminaba

y yo ignoraba a los profetas

después me acomodaba en los látigos de la arena

detestando la sed infinita

obligándome dulcemente a echar del olvido al desierto

haciéndome fotos como ángel

como trueno

como especie inaudible de ritual corpóreo y el silbido de mi viento interno

eterno viento dentro de las uvas de las almas

se consagró en los subsuelos del templo pagano

para perdurar en el antagonismo

ya que mis ramas carecen de rezos

con los que al flotar se lea el horizonte

Parte II

estoy en una playa

en la que los vientos hablan a mis oídos

en la que la arena se humedeció como una mejilla

y las botellas le han sido incrustadas

estoy tan amigablemente solo

mirando la orilla que va cambiando

que escucho varias voces internas y no sé cuál es la que me habla

es un momento para pensar en Dios

(comprender que somos parte de una totalidad que nos contiene)

es la hora en la que toda luz se desespera por brillar

y toda mi sombra se estremece al sentirse sabida

VOZ DE DIOS

oigo su gemido de papiro

de suceso que dice

de inabarcable reposo

de pensamiento

y le oigo desde aquí

desde donde solo soy su desierto

desde el desierto de su alma

desde la soledad del silencio

y desde las voces de la mía

es una flor transparente

murmurada por sus pétalos

y vociferada por su tallo

sencilla es su mirada que retorna

todos sus colores son la luz que se ahuyenta

y su forma que se corroe

mas le oigo decir innumerables veces:

“yo soy de otro reino

venid a mí,

venid a mí”

III

la orquídea ha muerto

con su mano desierta e inquieta

que la ha estrangulado

un músico dormido

inclina su fatigada cabeza

pereciendo entre la neblina del teatro

¡este cuadro me asombra más que mi espejo

cuando oigo el roer de los monstruos que viran mi cráneo!

LA MUJER

una mujer

desde otra tarde

salpicada por un profundo espejo

tirada en el abismo

con sus menstruos carmín

depositados en el limo natural, con la precisión de besos

una damisela realmente celeste

vestidos de espuma dilatados

corsés rosa

adornos y teñidos

una mujer con collares

con ojos manuscritos

con pezones labiales y suaves

con sombreros de pétalos tan claros

una mujer dada a su propio mundo

mundo que la deglute

y que le da los rayos

le da canastos con frutas e hijos

miembros que la deshacen

y la vuelven a hacer nacer

barriletes en azoteas

ligustros blancos

una mujer transportada es un misterio

donde rozan sus pies dialogan flores

y aparecen sangres

EL MÚSICO

acongojado llora

con sus débiles dedos

la furia y el odio

y el lodo

que fue su origen

las cuerdas de su instrumento

como míseros revólveres

o quizá tendones de un dios ebrio

cantan

y es solo penumbras

el despertar de su hora tardía

y es solo tiniebla

el entornar pequeño de sus ojos

el músico está allí

donde el dolor no puede confundirse

con los ecos del demonio

el músico es por fin

la tenebrosa ansiedad

de no volverse loco por el tiempo

la vida que no recuerda nada

el antiguo reloj en el que cayeron las lluvias

su soplido fresco rechinar del abismo cae

y su cuerpo de quimera y cárceles

va ensordeciéndose del cielo

y quejándose de la soledad

que pudo por lo menos haber sido incomprensible

y así se materializan

los pensamientos del músico

como cruces que se encuentran

acostadas en el vientre

y locas las guirnaldas del verano

entreabren su pudor

y se escucha el sonido.

Guitarra Negra

Guitarra Negra es «un puñado de poemas, es el primer y único libro de poesía» del Flaco, que nació en Núñez, el 23 de enero de 1950. Y el 8 de febrero de 2012 se convirtió en luz.

PLEGARIA PARA UN NIÑO DORMIDO

Otra genialidad del Flaco álbum Almendra (el mismo nombre del grupo) lanzado en 1969. Figura en los géneros como música infantil y rock en español. Tal vez, el símbolo representativo de que la música del Flaco es para todas las edades.

Plegaria para un niño dormido
quizas tenga flores en su ombligo y ademas
en sus dedos que se vuelven pan
barcos de papel sin alta mar…
Plegaria para el sueño del niño
donde el mundo
es un chocolatin
adonde van
mil niños dormidos que no están
entre bicicletas de cristal…
Se rie el niño dormido
quizas se sienta gorrion esta vez
jugueteando inquieto en los
jardines de un lugar…
que jamas despierto encontrara.
Que nadie,
nadie despierte al niño
dejenlo que siga soñando felicidad
destruyendo trapos de lustrar
alejandose de todo mal…
Se rie el niño dormido
quizas se sienta gorrion esta vez
jugueteando inquieto en los
jardines de un lugar
que jamas despierto encontrara.

EL ANILLO DEL CAPITÁN BETO

Del álbum El jardín de los presentes, editado en 1976, uno de los temas emblemáticos del Flaco, cuando lideraba el grupo Invisible.

Ahí va el Capitán Beto por el espacio
Con su nave de fibra hecha en Haedo
Ayer colectivero
Hoy amo entre los amos del aire
Ya lleva quince años en su periplo
Su equipo es tan precario como su destino
Sin embargo, un anillo extraño
Ahuyenta sus peligros en el cosmos
Ahí va el Capitán Beto por el espacio
La foto de Carlitos sobre el comando
Y un banderín de River Plate
Y la triste estampita de un santo
¿Dónde está el lugar al que todos llaman cielo?
Si nadie viene hasta aquí
A cebarme unos amargos como
En mi viejo umbral
¿Por qué habré venido hasta aquí
Si no puedo más de soledad?
Ya no puedo más de soledad
Su anillo lo inmuniza de los peligros
Pero no lo protege de la tristeza
Surcando la galaxia del hombre
Ahí va el Capitán Beto, el errante (Uh uh uh)
¿Dónde habrá una ciudad en la
Que alguien silbe un tango?
¿Dónde están, dónde están?
¿Los camiones de basura, mi vieja y el café?
Si esto sigue así como así
Ni una triste sombra quedará
Ni una triste sombra quedará
Ahí va el Capitán Beto por el espacio
Regando los malvones de su cabina
Sin brujula y sin radio
Jamás podrá volver a la tierra
Tardaron muchos años hasta encontrarlo
El anillo de Beto llevaba inscripto
Un signo del alma

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