Por el necesario regreso de la clase trabajadora a la agenda del campo popular

Por: Ariel Elger

Reducción de la jornada laboral, rechazo al pago de la deuda con el FMI y sus condicionamientos, y creación de un nuevo modelo participativo, la propuesta del Partido Comunista para las legislativas del 26 de octubre.

En un escenario electoral marcado por el ajuste brutal, la inflación persistente y la creciente desigualdad impuesta por el gobierno de Javier Milei, en un tándem inseparable con el FMI y los intereses de Washington, la necesidad de que el campo popular plantee alternativas de fondo se vuelve imperiosa. Sin embargo lo que se observa en el grueso de la dirigencia del campo popular, con especial notoriedad en la Ciudad de Buenos Aires, es una posición cada vez más orientada a ofrecer una fuerza dispuesta a administrar la realidad en lugar de buscar los caminos para transformarla. Tanto desde opciones tradicionalmente más moderadas como desde espacios que se proponían expresar las supuestas nuevas formas de economía informal -incorporándole distintos apellidos que la hicieran más aceptable- el espíritu es aminorar los aspectos más dañinos del sistema que hizo posible a Milei pero sin cuestionarlo ni pensar algo nuevo.

Esta situación obliga a quienes nos proponemos transformar las cosas con protagonismo popular (y no con una mera representación oportunista de las luchas a las que no se ha acompañado) a repensar las formas de intervenir en la política, incluida la electoral.

En ese marco, en la Ciudad de Buenos Aires, el Partido Comunista presenta una plataforma legislativa que no teme poner el dedo en la llaga del capitalismo contemporáneo, que ha aumentado sideralmente su tasa de ganancia en los últimos 50 años a costa de un empobrecimiento sostenido de la clase trabajadora. Hoy vemos sus efectos más dañinos en la “uberización” de cada vez más sectores de la economía, lo que recrudece este proceso histórico.

En ese sentido, existen algunas cuestiones centrales para poder salir de la crisis que hoy vivimos: reducción de la jornada laboral, rechazar el pago de la deuda fraudulenta al FMI y sus condicionamientos, y volver a pensar la democracia para crear un nuevo modelo participativo, centrado en el protagonismo popular en la toma de decisiones y superando el modelo delegativo del siglo XIX.

Volver a discutir la reducción de la jornada laboral como hicieron los mártires de Chicago no es un mero eslogan de campaña, sino un plan económico que ataca de raíz la precarización y el desempleo. Mientras el gobierno promueve la «flexibilización» como sinónimo de explotación, y la oposición del campo popular no tiene más propuestas que buscar la forma de administrar el status quo con reducción de daños, reducir la jornada laboral es la forma central para disputar al capital y lograr desarmar su estrategia de destrucción del empleo. El consecuente aumento del salario real, además, no solo dignifica la vida del trabajador, sino que inyecta una potencia de consumo que reactiva la economía «desde abajo hacia arriba», rompiendo con el ciclo recesivo dictado por el FMI.

A su vez, entendemos que es momento de discutir la premisa, ampliamente aceptada incluso en algunos círculos progresistas y nacional-populares, de que el capitalismo ha entrado en una fase donde la creación de empleo estructural es imposible o donde la tecnología inexorablemente destruye puestos de trabajo. El problema no es la falta de tareas o la automatización en sí misma, sino la organización social de la producción y la acumulación capitalista. Por eso es necesaria una intervención política que discuta este aspecto medular del modelo de explotación del capitalismo realmente existente en nuestros días, para proponer una vía activa para subordinar la lógica de la ganancia a la lógica de la necesidad social.

A esto se le suma un tema ineludible sin el cual es imposible pensar la salida de este largo período de 3 mandatos presidenciales (Macri, Alberto, Milei) de deterioro cada vez más acentuado de la vida material y emocional de lo sectores populares: el rechazo al pago de la deuda al FMI. En un país estrangulado por compromisos financieros que solo benefician a la especulación, liberar esos recursos es la única forma de financiar el desarrollo nacional y garantizar los derechos humanos y sociales esenciales. Fortalecer nuestro sistema científico, nuestras universidades públicas, financiar la educación y la salud para tener las escuelas y hospitales que nuestro pueblo se merece, recomponer los haberes y los medicamentos de lxs jubilados, y muchas cosas más, son imposibles si vivimos entre la espada del FMI y la pared del posibilismo.

Y por esto mismo es que se vuelve urgente pensar una nueva democracia, que se saque de encima el lastre alberdiano de que “el pueblo no gobierna ni delibera sino a través de sus representantes” y, por el contrario, pueda involucrar en forma activa y protagónica al pueblo en las decisiones. Los niveles de abstencionismo preocupantemente crecanos al 50% que se vieron en diversos comicios provinciales en este 2025 muestran un desinterés en la participación muy emparentado con la extendida sensación de que se vote a quien se vote (de vuelta, Macri, Alberto, Milei, quien sea) la política termina siendo la misma: ajuste, caída del salario y la actividad económica, y timba para pocos.

Por eso creemos que es momento de comenzar a prefigurar una herramienta política que pueda llevar la lucha de la calle y del movimiento obrero y popular al recinto legislativo, fortaleciendo la resistencia contra el plan de ajuste neoliberal de Milei, en lugar de “canalizar” las “demandas” sociales para que el Parlamento les termine poniendo un techo o un corset en lugar de fortalecerlas. Es la opción para quienes entienden que la crisis solo se resuelve con un cambio de raíz y con una apuesta decidida por la soberanía popular.

Es momento de que desde el campo popular se discuta con el presente y el futuro de lxs trabajadorxs, no de seguir recordando un pasado de capitalismo distributivo y progresivo que, al analizar nuestros más de 200 años de historia, se evidencian como períodos excepcionales y no como la regla. El capitalismo argentino es el que vemos en todo su esplendor en cada pibe o piba de 18 años que ve que su futuro al terminar la escuela es pedalear para una app de delivery o timbear con otra app que ven en el entretiempo del partido de su club. Y eso no lo podemos administrar. Es momento de dar vuelta el viento como la taba, porque quienes no cambian todo, no cambian nada.

Ariel Elger, candidato a Senador Nacional por el Partido Comunista – Lista 314 en la Ciudad de Buenos Aires

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