De los hoy 30 millones de habitantes, más de 60% tiene menos de 30 años. Los jóvenes deberán decidir si son una marca como “generación Z” o un movimiento político. Las fuerzas armadas pasaron del lado de los insurrectos y anunciaron la voluntad de romper con el pasado. Eso es el principio de toda revolución. ¿Será?

A fines del siglo XIX, la Reina Ranavalona III de Madagascar sabe que acecha la amenaza europea. Por eso permite la presencia de misioneros protestantes ingleses, para equilibrar el apetito de los franceses, e incluso trata de pactar con Estados Unidos. Pero Francia reconoce la primacía británica sobre Zanzíbar a cambio de Madagascar, y Alemania asiente mientras le otorguen lo que será Namibia. En 1895 una columna militar francesa toma la capital y declara un protectorado. Pero no basta. En 1896 Francia anexa Madagascar como colonia y envía al general Gallieni como gobernador general con plenos poderes civiles y militares. Depone y exila a la Reina, aunque pronto enfrenta la primera rebelión a gran escala. Es un movimiento campesino espontáneo, sin conducción definida, pero firme en el rechazo a la dominación francesa, contra el colaboracionismo de las élites malgaches y defensor de las culturas tradicionales contra la imposición del cristianismo. Se llaman los “menalamba”, por un paño rojo para identificarse con la tierra de los antepasados. Gallieni incendia aldeas, practica fusilamientos sumarios y procede a deportaciones masivas de los insurrectos. También liquida a los referentes políticos o intelectuales, desarticula la organización social anterior, fomenta la rivalidad entre tribus. Entre 40 u 80.000 muertos después impone el “código indígena”. Como Francia decreta la abolición de la esclavitud, los malgaches libres deberán dos meses de trabajo al Estado o a los colonos, a menos que transgredan alguna de las cuarenta y tantas prohibiciones que les imponen multas, cárcel… o trabajo forzado. Si no, la pena recae sobre la aldea. El control militar, con castigo colectivo así como la reorganización administrativa del territorio permiten la explotación de los recursos naturales y aseguran el monopolio comercial con la metrópoli.
Al final de la segunda guerra mundial, había cuatro millones de malgaches y cerca de 35.000 blancos. En un signo de apertura política, tres diputados nativos del Movimiento Democrático de Renovación Malgache (MDRM) fueron electos a la Asamblea Nacional francesa. Allí presentaron un proyecto de ley para que Madagascar sea un Estado libre en el marco de la Unión Francesa. Frente al rechazo del proyecto y la negativa para mejorar las condiciones de vida existentes, algunos centenares de militantes del MDRM se levantaron en armas el 29 de marzo de 1947. Atacaron los cuarteles del ejército francés, los puestos de la gendarmería y de la policía. También asesinaron a colonos y atacaron plantaciones. Francia envía un cuerpo expedicionario, que tardará dos años en retomar el control. Aunque los rebeldes nunca superaron los 20.000 efectivos, la represión causó cerca de cien mil muertos, con fusilamientos en masa, prisioneros arrojados vivos desde aviones en las aldeas para sembrar el terror, torturas, violaciones, humillaciones permanentes. “Hemos cometido lo que le reprochamos a los alemanes”, afirmó entonces Albert Camus.
Tuve la oportunidad de conocer a uno de los funcionarios franceses que viajaron en ese avión. Por eso conozco la anécdota. Esta persona dejó el secundario a los 17 años para enrolarse en la guerra contra los nazis, y llegó a revistar como paracaidista, con valor experimentado en combate. Después de la guerra entró en la ENFOM, y además fue alto funcionario en Indochina y en Argelia. Siempre me sorprendió cómo pudo ser que personas que participaron en la resistencia y en la guerra contra Alemania no tuvieron problemas en reprimir pueblos que luchaban por los mismos valores que ellos defendían en Europa. Promoción válida para belgas y holandeses.
Desde la independencia formal, Madagascar conoció crisis en 1972, 1991, 2001 y 2009. Siempre las mismas cuestiones acerca de la pobreza extrema, de la presencia empresaria francesa, agravada por la dependencia de las organizaciones financieras internacionales; el mismo rechazo a la corrupción de las élites evidencia la imposibilidad de construir una nación soberana sobre la base de estructuras neocoloniales. Que perduran sobre una montaña de caídos que muchos malgaches no olvidan. De los hoy 30 millones de habitantes, más de 60% tiene menos de 30 años. Los jóvenes deberán decidir si son una marca como “generación Z” o un movimiento político. Las fuerzas armadas pasaron del lado de los insurrectos y anunciaron la voluntad de romper con el pasado. Eso es el principio de toda revolución. ¿Será? Ojalá. Se hace soberanía al andar. En Madagascar o donde sea urgente. «
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