Los vínculos entre Peter Thiel y el gobierno despiertan alertas sobre el manejo de datos estratégicos del Estado. Quieren usar la empresa argentina para alojar los servidores del multimillonario.

Este paraíso para pocos es impulsado también por empresarios como Marcos Galperin (Mercado Libre), Wenceslao Casares (magnate de las billeteras virtuales y las criptomonedas) y Martín Varsavsky (patrón de las telecomunicaciones, energías renovables, biotecnología, medicina reproductiva, vehículos autónomos e inteligencia artificial), y una red global de influencia política y tecnológica. Estas conexiones son parte de una estrategia para transformar al país en un refugio e inversión para multimillonarios.
Los intereses de Thiel son diversos. El de Palantir Technologies, su principal empresa, es uno bien concreto: información y redes de comunicación. Para un gigante del procesamiento de macrodatos y la inteligencia artificial ligada a esto, el control de centros de procesamiento es indispensable. ARSAT es una de las mayores empresas que brinda servicios de transmisión de datos, telefonía y televisión por medio de infraestructura terrestre, aérea y espacial. Si bien sus acciones pertenecen en su totalidad al Estado Argentino, ni bien asumió la gestión libertaria, dejó en claro que permitiría el ingreso de capitales privados. Su datacenter se ubica en Benavídez, provincia de Buenos Aires, y su Red Federal de Fibra Óptica (REFEFO) atraviesa todas las regiones del país siendo una de las más importantes de la región.
ARSAT ofrece tesoros tanto en el cielo como en la tierra (o bajo ella). Es por eso que desde la llegada de Thiel al país, sus instalaciones han recibido la visita de funcionarios y empresarios norteamericanos. En uno de esos primeros paseos, Nicolás Zonta, delegado en ARSAT publicó en su cuenta de Facebook: “El jueves 23 de abril, los trabajadores de Arsat nos desayunamos con la visita inesperada de Thomas Dinanno (subsecretario de Estado para el control de armas y la seguridad internacional), custodiado por su seguridad personal, lo que generó la curiosidad de los/as compañeros/as de saber el motivo de su visita. Por lo que pudimos averiguar, van a utilizar nuestro datacenter para alojar los servidores destinados a la operación de los sistemas de ciberespionaje que utilizan en el control de antiterrorismo, antinarcotráfico, control y espionaje de información, a través de la empresa Palantir, del multimillonario y excéntrico Peter Thiel”. Ezequiel McGover, responsable de Innovación IT en ARSAT, declaró en su momento a El Destape: “En los últimos tres meses, recibimos cinco visitas del Departamento de Estado”.
Recientemente, McGover sostuvo en una entrevista para el podcast Crisis en el aire que Palantir puede realizar el procesamiento de datos, el perfilado de personas y la creación de campañas en cualquier otro data center del mundo (como en Sao Paulo, Estados Unidos o China), ya que no necesita procesar la información localmente. Pero, mediante un acuerdo con el Estado, Palantir sí podría colocar equipos en paralelo a la REFEFO —específicamente en cajas de interconexión—para analizar el tráfico de red y capturar los datos que pasan por allí. Pareciera ser que la inmensa red de fibra óptica importa más que el datacenter del conurbano profundo.
¿Qué gana Palantir metiendo sus manos en ARSAT en común acuerdo con el Estado? Datos personales, una infraestructura bonificada, monopolio y la posibilidad de eludir la normativa argentina de Protección de Datos Personales (Ley 25.326). ¿Cuáles serían los mayores riegos?: Un serio daño a la soberanía tecnológica, opacidad algorítmica, privatización de datos estadísticos y las puertas abiertas a la entrada de inteligencias extranjeras.
¿Por qué resulta técnicamente inviable salir de este empalme una vez aplicado? No es solo un contrato que puede cancelarse. El problema es que el Estado pasa a depender del sistema de Palantir para unir y analizar datos de organismos como ANSES, AFIP y Migraciones. Si deja de usarlo, conserva los datos, pero pierde la forma de relacionarlos y consultarlos. Además, con el tiempo, los equipos técnicos dejan de usar sus propias herramientas y pierden la capacidad de administrar esos sistemas sin la empresa. Game over. «
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