Mbappé, Dembélé, Olise y más: ‘football de rue’ en la Francia candidata

Por: Roberto Parrottino

Son los tres atacantes estrella -aunque no los únicos, porque también están Barcola, Doué y Cherki- que representan el fútbol callejero del equipo de Deschamps, que el martes jugará ante España una de las semifinales.

“En la historia, los mejores (futbolistas franceses) fueron negros y árabes, aparte de Platini, Cantona”, dice a la cámara un chico de 12 años, camiseta del Milan de Italia, parado en el centro de una cancha de tierra, con un arco de fondo. Es 2011. En Francia ha estallado el “escándalo de las cuotas discriminatorias” después de que el diario Mediapart revelase que altos dirigentes de la Federación Francesa de Fútbol (FFF) habían discutido la implementación de “cuotas étnicas” para limitar al 30% la cantidad de juveniles de origen africano y árabe. En la cobertura del caso, el diario Le Figaro entrevista a jóvenes en el terrain de Bondy, suburbio de París. El chico que habla vive a 200 metros del campito y juega en la Association Sportive Bondy. Se llama Kylian Mbappé.

Francia, el país del football de rue, cosechó de las generaciones forjadas bajo los relatos del Mundial 98 –primera estrella con los goles de Zinedine Zidane–, la Euro 2000 y el subcampeonato de Alemania 2006 (el cabezazo de Zidane al italiano a Marco Materazzi en el último partido como futbolista). No son sólo Mbappé, Dembélé y Olise (tampoco sólo atacantes, pero ahí brilla el sol). En el equipo juegan Bradley Barcola, de diagonales mortíferas; Désiré Doué, de dribling neymaresco (Paraguay lo derribó en el área después de una gambeta tras otra); y Rayan Cherki, ambidiestro de alma libre que deslumbró en la última temporada en el Manchester City, pero con apenas 61 minutos de juego por la sobreabundancia.

Barcola nació en 2002, en Lyon. Cherki, en 2003, también en Lyon. Doué, en Angers, en 2005. Olise, en Londres, en 2001, hijo de padre nigeriano-británico y madre franco-argelina. Dembélé, en 1997, en Vernon. Y Mbappé, en París, a finales de 1998. En la capital de Francia, en el París Saint-Germain, coincidieron Mbappé, Messi y Neymar entre 2021 y 2023. No ganaron la Champions, pero el fútbol no se reduce a títulos. Miles de franceses apreciaron en vivo el talento y la técnica de los cracks. Es el potencial artístico y simbólico del fútbol que echa raíces en los barrios. Tras el escándalo de las “cuotas discriminatorias”, la FFF masificó y organizó el fútbol, con el centro nacional de Clairefontaine, cerca de París, como destino final, pero con 16 pôles espoirs –“polos de esperanza”– para juveniles de entre 13 y 16 años distribuidos por el país como escala previa. Detección de los clubes limitada a radios (los centros categoría 1 hasta 100 kilómetros), formación y educación. Los pôles espoirs evitan el desarraigo familiar temprano. Que un chico de una zona lejana deje todo para ir a un club de París.

La Francia candidata de Didier Deschamps –la última antes de que deje la dirección técnica luego de 14 años– tendrá enfrente a España, que le ganó los últimos dos cruces (5-4 en la Nations League 2025 y 2-1 en la Euro 2024). Deschamps empoderó a Mbappé. Y, sin soltar del todo el pragmatismo, animó a los talentos a “expresarse”, a que jueguen instintivamente. “No, no es el más fuerte. Fui campeón mundial y también subcampeón –paró el carro Mbappé–. Este equipo no es campeón ni subcampeón. Por lo tanto, en este momento, no es el más fuerte. Es el que tiene mayor potencial, mucha calidad. Pero los equipos fuertes son los que ganan. Y, hasta que se demuestre lo contrario, no veo una Copa del Mundo a mi lado”. Mbappé, 27 años, ya es una auténtica leyenda de todos los tiempos del fútbol. No por las estadísticas (es el segundo máximo goleador histórico de los Mundiales, con 20, a uno de Messi), sino porque juega a lo grande, como un grande, en la cita más grande (el Mundial es de las estrellas, porque el fútbol de selecciones). Mbappé, impetuoso, lidera como en la vieja escuela.

Para la segunda parte del debut ante Senegal, después de haberse ido 0-0 al entretiempo, Deschamps –el entrenador que este martes habrá de haber dirigido más partidos en la historia de los Mundiales (26)– sacó a Olise del extremo derecho, como juega en el Bayern Munich, y lo corrió hacia el medio, de mediapunta. Francia ganó 3-1. Y el equipo empezó a fluir. Olise ve soluciones que los genios pueden ver. “Me siento más cómodo en la posición de N° 10; crecí jugando ahí. Es un rol un poco más libre, natural –le dijo a L’Équipe durante el Mundial–. Diría que viene del fútbol callejero. Jugábamos afuera con mi hermano, pateando la pelota contra la pared, 1 contra 1. Es un tipo de fútbol diferente, pero definitivamente es una forma de aprender. El fútbol, en esas condiciones, es pura libertad. Tampoco era ‘aprender’ en el sentido estricto. Disfrutaba jugando al fútbol. Lo amaba, a secas. Todos lo aman cuando son jóvenes. Cuando sos joven, jugás, te divertís, no pensás en nada. Jugás a todas horas del día. También aprendí mucho en las prestigiosas academias donde jugué, en Chelsea y en Manchester City. Pero hoy, esa libertad está un poco ensombrecida por las tácticas. Me gusta que el fútbol sea bello”. Olise, en concreto, fue descartado por el Chelsea, el Arsenal y el City. Debutó en el Reading, en la segunda inglesa, en 2019. Lo quiere el Real Madrid.

Thierry Henry, campeón en Francia 98, de la Euro 2000 y subcampeón en Alemania 2006, visitó a Les Blues en el vestuario tras el pase a semifinal luego del 2-0 a Marruecos. Trabaja como analista de Fox Sports en Estados Unidos durante la Copa. Henry creció en el suburbio de Les Ulis, sur de París, en la gran banlieue, el corazón marginal de la capital. Ahí, describe Henry, ves “hormigón, edificios, mezcla, amor, felicidad”. Y relata que en “ese primer lugar al que viajé sin pasaporte” había una pelota para todos. “Y aprendías a protegerla y a huir de los demás. No había reglas. Quien la tenía, debía marcar. Esa era la única regla que conocíamos. No se permitían faltas. ‘Levantate y peleá’”. Porque si “llorás”, cuenta, “quedás fuera del juego”. Y así “aprendés a luchar con garra, habilidades”. Y “nos desafiamos mutuamente: ‘Sé fuerte. Vuelve. Haz lo mismo al día siguiente’”. Henry dice que en el barrio “no hay religión ni color”. Que es “la actitud”, porque “no hablamos mucho: actuamos. Alguien que tiene confianza en sí mismo no necesita decirlo”. En el Mundial, distribuidos en 13 selecciones, hubo 99 jugadores nacidos en Francia. De ellos, 54 nacieron en el sur de París. “Si eso no te da esperanza, no sé qué te la dará –impulsa Henry–. A veces, la historia que se cuenta en el barrio no siempre es la correcta. De allí pueden surgir no sólo atletas, sino escritores, pintores, directores de cine. Sueña en grande. Y, honestamente, respeta, sin importar la nación”. Este Francia versión 2026 juega al fútbol callejero. O, porque suena más apropiado, al football de rue.

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