Condenan a tres años de prisión condicional a un productor tomatero por la muerte de un niño a causa de agrotóxicos

Por: Guillermo Lavecchia

Oscar Antonio Candussi fue considerado culpable del fallecimiento de José Carlos “Kily” Rivero, de 4 años, en 2012. La querella había solicitado 14 años de pena, pero el tribunal de Goya le aplicó lo solicitado por la fiscalía. Los reclamos de la familia y el abogado.

Después de 11 años de espera, el Tribunal Oral Penal de Goya condenó al productor tomatero Oscar Antonio Candussi por el delito de Homicidio Culposo contra ‘Kily’, un niño de solo 4 años fallecido a causa de agrotóxicos. La pena, según denunció la familia y el abogado querellante, fue exigua: tres años de prisión condicional. Por un lado, el fallo admite lo que sectores sociales, ambientales, educativos y sanitarios vienen denunciando: los agrotóxicos matan. Sin embargo, dejó sabor a poco.

Candussi fue hallado culpable tras las evidencias de que fumigó con pesticidas su plantación de tomates ubicada a tan solo 15 metros de donde vivía el pequeño, quien resultó víctima de la intoxicación.

La pena dispuesta por el Tribunal de Goya se ajustó al pedido del fiscal de juicio, Guillermo Barry. La defensa había solicitado la absolución del acusado y que se lo declare inocente. La querella había solicitado 14 años de prisión por el delito de “homicidio simple con dolo eventual”, previsto y penado por el artículo 79 del Código Penal.

La responsabilidad del productor

“No es un hecho de culpa, sino de dolo, porque se representó el resultado y no le importo”, dijo el abogado de la familia de la víctima, Hermindo González, en su alegato. Y explicó que, si bien el imputado no quiso causarle la muerte directa al pequeño, por su experiencia como productor agropecuario debía conocer las consecuencias que podía causar si utilizaba agrotóxicos que llegaban a la familia del pequeño. Incluso el fallecimiento.

Los fundamentos serán leídos el 15 de junio de 2023. El acusado no irá a la cárcel, y tal como denuncia el medio La Vaca, se omitieron las pruebas que muestran que Candussi conocía la peligrosidad de los químicos que iba a aplicar y lo que podían provocar en las personas. Sin embargo llevó adelante esta conducta sin interesarse en esos efectos en la salud y la vida humana. 

«La verdad es que siento que no fue el resultado que nos hubiera gustado porque este hombre mató a un niño inocente y recibió menos condena que una persona que usurpó un predio municipal» aseguró a La Vaca Eugenia Sánchez, la madre de Kili, tras conocer el fallo.

“Es una sentencia injusta, una sentencia de terror. Vamos a esperar los fundamentos y a presentar el recurso de casación para que el Tribunal Superior de Justicia provincial revoque el fallo”, planteó el abogado querellante Hermindo González.

Hay un antecedente casi idéntico de Nicolás Arévalo (también muerto a los 4 años, por envenenamiento fumigador), con la misma pena. En este caso, la Defensoría del Pueblo de la Nación además había confirmando la contaminación y sus consecuencias en la salud durante su investigación en Lavalle, Corrientes.

El caso

Kily‘ para todos, sus padres lo llamaron José Carlos Rivero. Tuvo una vida brevísima en Corrientes. Solo cuatro años hasta su muerte espantosa en 2012 por un daño hepático fulminante, culpa de una intoxicación con endosulfán, un insecticida de la familia química de los organoclorados, conocido por ser extremadamente tóxico. Por resolución del SENASA está prohibido en la Argentina desde el 2013.

La muerte de Kily derivó en la imputación por homicidio culposo del productor tomatero Oscar Antonio Candussi, quien fue juzgado por un tribunal de Goya el 1 de junio: once años después.

«Nosotros somos de Puerto Viejo, un paraje de Lavalle –contó a Tiempo su madre, Eugenia–. En 2011 nos mudamos al centro, por la Ruta 27, con mi marido y mis cuatro hijos, enfrente de la casa del intendente de esa época, que es el mismo que está ahora (en referencia a Hugo Perrotta). En esa casa teníamos animales y armamos nuestro vivero con plantas ornamentales». 

«Nos dividía un alambre de la chacra de Candussi, él producía y sigue produciendo tomates porque siempre estuvo en libertad, no estuvo ningún día preso. Llegamos en febrero y para marzo mi hijo empezó con sangrados en la nariz porque al lado tiraban venenos en los tendaleros de tomates. Yo les pedía que por favor bajaran las cortinas, que pusieran plásticos para que el veneno no pasara, pero ni caso te hacían».

Al sangrado de Kily le siguieron las muertes repentinas del perro, los chanchos y las gallinas. La familia decidió mudarse, pero ya era tarde. A los pocos días, Kily quedó internado en el hospital de Lavalle por dolores insoportables en el estómago que el médico de turno diagnosticó como neumonía. En el hospital de Goya fueron peores: le dijeron a la madre que su hijo estaba así por haber consumido alguna droga.

«Una doctora me aconsejó que lo llevara a Corrientes porque en Goya ni siquiera tenían mascarillas para pasarle oxígeno. En el viaje en la ambulancia ya le costaba respirar y se quejaba mucho. Antes de llegar se desvaneció en mis brazos«.

En el hospital pediátrico Juan Pablo II de la capital provincial le filtraron la sangre y le hicieron estudios de orina que confirmaron que Kily tenía veneno en el cuerpo. Un avión sanitario lo llevó de urgencia al Hospital Garrahan, donde lo primero que le pidieron a los padres fueron estudios de compatibilidad porque Kily necesitaba un transplante de hígado.

«Justo cuando mi marido llegó a Buenos Aires para hacerse la prueba, mi hijo sufrió una muerte cerebral. Me acuerdo que el médico nos dijo que el trasplante no iba a servir de nada porque Kily ya no iba a reaccionar, que iba a ser como tener un vegetal en la casa. Eso fue un jueves. El sábado siguiente se le detuvo el corazón».

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