El luto por la partida del Indio Solari coincide con los 40 años de su diagnóstico callejero en la revista Cerdos y Peces. Su advertencia sobre los psicópatas en el poder ya no es un mambo pesimista: es un testamento ideológico lúcido y la radiografía de un asalto global que anticipó antes de la inmortalidad.

A la pregunta de Symns: “¿Hay que convertirse en un psicópata?”, el Indio respondió: “La vida personal de uno se dirige en varias líneas hacia el porvenir, nadie está vivo en una linealidad; comprendiendo esto es posible integrar las informaciones que vas recibiendo y que, al mismo tiempo, sabés que te estás moldeando. No me gustaría convertirme en un psicópata, yo preferiría que este sistema no prosperarse. Hay que ir leyendo entre líneas las informaciones que el orden nos propone y desconfiar”.
Por esta y otras respuestas no podría ser calificado de cínico, pero recuerdo que ante el título de esa nota pensé: “¡Qué terrible, qué pesimista!”. Y sin embargo, aquí estamos. Dominados por psicópatas. Aquí y en gran parte del planeta, psicópatas son quienes ocupan el poder, marcan la agenda, inician guerras, manipulan la información, intervienen la economía y destruyen el medio ambiente. Alguien preguntará: “¿Acaso no siempre ha sido así?”. Respuesta: No. No siempre. Nunca -en mi memoria de siete décadas- los psicópatas han controlado tanto nuestras vidas.
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