Referentes de las organizaciones que buscan frenar los avances mineros y defender sus territorios se reunieron para poner en común, debatir, fortalecer y visibilizar sus experiencias durante tres días de charlas, talleres, música, murales y más.

La Asamblea de Famatina –en La Rioja- lleva casi dos décadas de organización contra la megaminería. Comenzó en 2006, cuando el pueblo decidió decirle que no a la Barrick Gold. Hoy hay luchas contra el lobby minero en San Juan, en defensa del agua en Chubut, contra el avance de la industria petrolera offshore en la costa marítima, entre otras expresiones de un mismo fenómeno.
Referentes de las comunidades y organizaciones que buscan frenar los extractivismos en defensa de sus territorios se reunieron para poner en común, debatir, fortalecer y visibilizar sus experiencias durante tres días de charlas, talleres, música, murales y más.
La apertura del festival fue a los pies del Famatina, con una fogata bajo las estrellas y una ceremonia en la que comunidades y organizaciones compartieron pequeñas cantidades de agua y tierra de sus lugares.
“Los derechos humanos también están vinculados con los derechos de la naturaleza y por ende de los pueblos. Hay que tender un puente, un diálogo, entender que son indisolubles los derechos de la naturaleza, donde están los derechos de los pueblos oprimidos y por ende los derechos humanos. Es casi matemático: tenemos como resultado que todos estamos en el mismo curso”, dice Daniel, de la Asamblea de Famatina, sobre por qué el encuentro cierra un 24 de marzo.
En Famatina, donde todavía permanecen los murales de una lucha contra la megaminería que comenzó en 2006, el encuentro sirve también para repintar esos mensajes que muestran el paso del tiempo y la persistencia del reclamo.
En medio del paisaje riojano se describen otras postales. Bien distintas. Pero con puntos en común. Como las que comparte la Red de Comunidades Costeras, que busca frenar el avance de los proyectos offshore en la costa marítima, con organizaciones en red desde Ushuaia hasta territorio bonaerense.
La defensa del agua, dulce o salada. Oriundo de San Juan, Andrés comparte su mirada desde la Asamblea Jáchal no se Toca, de San Juan. “El lobby minero está gobernando nuestra provincia”, advierte. “Solamente tenemos agua por glaciar y por río. Si eso se contamina y se destruyen nuestras reservas, nos quedamos sin vida”, lamenta como parte de una comunidad que en 2023 juntó más de 70 mil firmas para exigir a la jueza federal María Romilda Servini que fijara la fecha de juicio oral contra la minera Barrick Gold por el derrame de más de un millón de litros de cianuro en la mina Veladero. Este año se cumple una década de aquel desastre.
Beatriz y Karen llegaron al Festival de Famatina como integrantes de la Asamblea Socioambiental Fiambalá Despierta, de Tinogasta, Catamarca. Cuentan no sólo sobre sus preocupaciones por el impacto ambiental de la minería de litio –presente en el lugar desde 2016- sino también sobre los efectos sociales de las prácticas extractivistas. Si bien la planta instalada al lado del pueblo aún no está terminada, ya se encuentra en funcionamiento. Y ya se nota su impacto.
“No son solo daños ambientales. Ya hay denuncias de maltrato laboral, no se cumple el 70% de población local (para trabajar en la planta), no se implementa trabajo para mujeres salvo para cocina o limpieza. Se rompe de cierta forma la sociedad –alertan- Hay una división entre quienes decimos sí a la vida y quienes no (…) Se incrementó mucho la presencia de hombres en un pueblo donde antes podíamos salir tranquilas. Ahora hay mucha prostitución, drogas. Donde más se vio el impacto social es en estas cuestiones”.
A estos relatos se suman los que tienen que ver con los ‘vericuetos’ orquestados en Chubut para esquivar la normativa que protege a la población de la megaminería a cielo abierto con cianuro, lograda a costa de movilizaciones. “Ahora el gobernador quiere saltearse esa ley y avanzar con la megaminería de uranio”, advierte Cristina, de No a la Mina en Esquel.
Desde diferentes geografías y con distintas realidades, pero con luchas entrelazadas. Así se vivió la cuarta edición de Puentes de Agua. Y así lo expresó Guillermo Folguera, biólogo y filósofo ambientalista: “Tres días en Famatina nos recuerdan que solo estos puentes entre diferentes comunidades, entre generaciones y entre personas que estamos lidiando con diferentes problemáticas son los que nos van a salvar”.
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