El contrabando y compra de personas no es el único negocio rentable en la actual Libia. La venta de armas ofrece las características de un mercado perfecto, lo cual no deja de ser un logro teórico.

Sobre todo de origen subsahariano, se estima en casi un millón los inmigrantes transitan por Libia en espera de cruzar el Mediterráneo. Son pasto fácil para el gobierno, los contrabandistas y otros traficantes que les impondrán cualquier condición con tal de acceder a una embarcación. Y no es todo. Para Amnesty International, la “guardia costera libia” recibe “capacitación, pertrechos, soporte técnico y apoyo aéreo” de países de la Unión Europea -suponemos que Italia- para interceptar los migrantes que navegan hacia el norte. Así son devueltos a las costas de África, donde suelen terminar en alguno de los mercados de esclavos. Luego de ser torturados y abusados, se amontonan en galpones o a cielo abierto a la espera que alguna tribu o algún particular los compre para trabajo forzado, doméstico o sexual, sin importar la edad. Según la revista Time, en 2017 un varón costaba 400 dólares. Un contrato entre privados.
El contrabando y compra de personas no es el único negocio rentable en la actual Libia. La venta de armas ofrece las características de un mercado perfecto, lo cual no deja de ser un logro teórico. Leon Walras estaría orgulloso. En efecto, los diferentes gobiernos del este y del oeste que pretenden la legitimidad, la multitud de milicias y de tribus existentes, enfrentan unos vendedores diversificados en varios Estados extranjeros y no menos proveedores ilegales de armamento, por lo tanto es la competencia perfecta donde nadie domina oferta y demanda, los productos son similares, hay información perfecta y posibilidad de salir y entrar en el mercado cuando uno desee. Un aterrorizado Dante se da cuenta de que el libre mercado llega al equilibrio en el infierno. Las armas que transitan Libia también abastecen los frentes del terrorismo islámico en Sudán y contra Níger, Malí, Burkina Faso, con el auspicio de naciones bien civilizadas tanto de Europa como de Medio Oriente, algunas en búsqueda de revancha neocolonial, otras de oro. Además el territorio libio les ofrece un santuario a esos grupos para refugio, reequipamiento y lanzamiento de nuevas ofensivas.
Para que ese mercado exista, debe haber una demanda efectiva. Quien controla los yacimientos de gas y petróleo de Libia, el transporte, los embarques, también está seguro de contar con los medios para mantener o comprar lealtades, en el mismo territorio o en el extranjero. Antes de 2011, Libia producía cerca de 1,7 millones de barriles por día. Después, la producción varió según los vaivenes del conflicto, entre 300.000 barriles o 1,4 millones. Quizás otro día podríamos hablar de las consecuencias efectivas de la “Primavera Árabe”. Como en un calco de las “Revoluciones de colores” que cundieron con el final de la era soviética en Europa del este, fue el rediseño que occidente pensó para medio oriente en Túnez, Egipto, Siria, Yemen y otros países. Y por supuesto Libia. Con la ayuda de la OTAN, en especial del Reino Unido y de Francia, el Presidente Gaddafi fue derrotado y asesinado. Triunfaba la libertad.
Eso sí, si usted es mujer en Libia, mejor no olvide salir con el permiso de su “tutor” masculino, que la habilita a caminar por la calle con la vestimenta adecuada, del hijab a la burka. Antes no pasaba. Tampoco se arriesgue a hablar con varones, tal vez haya miembros de la “policía de las costumbres”, creada por las autoridades provisionales para velar sobre la moralidad. Es que la sharia se impone, con mayor o menor fuerza según los territorios y el humor de las tribus o de las milicias armadas. Olvide también los estudios superiores para usted y la educación laica para sus hijas e hijos, como era la norma hasta 2011, e incluso la posibilidad de ejercer como jueza. Ya no hay nada. “Miles de personas continúan siendo detenidas arbitrariamente por fuerzas de seguridad, milicias y grupos armados” (repite Amnesty), y la administración de justicia está en manos de cortes marciales de despacho ágil y definitivo. Por cierto, señora, señorita, cuídese de juntar yuyos por ahí, aunque sea para un ramillete de florero, que ya salió la ley que declara ilegal a la brujería. Adiós al socialismo árabe laico. No era el Paraíso, pero al menos un soportable Purgatorio, acota Alighieri. ¡Hola imperialismo liberal con fundamentalismo islámico! Después de todo un día cortás cabezas para subir a las redes en nombre de ISIS o Al-Qaeda, y al otro día estás en el Salón Oval con el Presidente de los Estados Unidos de América. El terrorismo islámico es tierra de oportunidades gracias a occidente. Esa es la Puerta del Infierno, donde nada está prohibido y todo está permitido. «
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