Tiene las mayor cantidad y variedad de figuritas del país: desde la más antigua a la más difícil. Librero y docente de historia, también habla del mercado y la "sociedad líquida".

Ante todo aclara que él colecciona hasta 1985: “La estética a partir de ahí empieza ya a distanciarse de la que me gustaba a mí cuando coleccionaba”. Continúa: “Tengo muchas figuritas y me gusta; me divierto, canjeo y compro, no es una cuestión de saber cuánto tengo en términos acumulativos, sino ir disfrutando el camino”. Y añade: “Coleccionar es como un trabajo de arqueología ‘urbana’, rescatar cosas del pasado que están medio perdidas. Es todo un trabajito de hormiga y hay veces donde más que el placer de tener es el placer de buscar y encontrar”.
Rafael sostiene que no es cuestión de guita. El placer está en saber dónde se halla eso que ansiamos: “Insistir en tratar de encontrar dónde está, eso es lo más apasionante. Y no, definitivamente no es cuestión de dinero porque además estas cosas pueden valer cero o pueden valer mucho según a lo que cada persona le interese. No tienen un valor de mercado, lo cual lo hace todavía más interesante. Es distinto a las figuritas modernas. Ahora con las redes todo se consigue más fácil. Yo colecciono hace 34 años y todavía me encuentro colecciones de los años treinta que ni sabía que existían. Todavía me llevo sorpresas”.
-¿Cómo comenzaste?
-Mirá, yo honestamente comencé de casualidad. Tengo una librería de cosas viejas acá en Buenos Aires, que la abrimos con otro profesor de historia en el ’92. Y yo de pibe había coleccionado figuritas y estampillas con mi papá, después revistas y Gráficos con tapas de Boca… Y cuando abrimos la librería me empezaron a entrar figuritas. Primero coleccioné solo las de Boca, pero el bichito me fue carcomiendo y a los dos años ya coleccionaba todo lo que es argentino entre 1900 y 1985.
-¿Cuáles fueron las más difíciles?
-Te puedo hablar de las más difíciles de mi infancia, que por suerte ya las conseguí. Esas me hacían pelota la cabeza. Pero nunca las conseguí de chico. Fue de grande. Es como una reparación histórica. (Y enumera) Carrascosa, 1976. La Monachita, de 1974. Maier, de 1977. Mukombo, de 1974, que al ser de un país que ya no existe y que participaba por primera vez (y única) de un Mundial lo hizo más bizarro. (Se interrumpe) Mirá, esto es interesante. Viendo el marketing y el negocio alrededor del Mundial resulta extraño pensar que en la Argentina el primer álbum que sale sistemático es el del ’74. E increíblemente, en el ’82 y ’86 no hay ninguna empresa que se haga cargo y no sale acá. En el ’82 sale uno, auspiciado por Canal 13, con algunos jugadores, y en el 86 sale uno de dibujitos. Recién en el ’90, que Panini compra los derechos, sale un álbum en la Argentina y a partir de ahí empieza a ser sistemático. En los Mundiales anteriores, por ejemplo, ’62, ’66, ’70, salía el álbum de fútbol local con un «suplemento», unas hojas que traían algunos países de los que iban a jugar el Mundial. El Brasil del ’70 no estuvo, salvo en el álbum que se llamó Chapitas, que sale con Boca, River, Chacarita, Atlanta, todos los equipos de acá. En un suplemento con nueve selecciones y Estudiantes.
-¿Y la más antigua?
-Mirá, lo más viejo no es fútbol, sino algunas figuritas de historia que salían en cigarrillos. Puede ser de 1890, y son temáticas, o de mujeres semi desnudas, para lo que sería esa época súper desnudas, hoy son para jardín de infantes, porque se ponían mallas blancas o cosas así. Hasta el año ’40 todo salía en cigarrillos, chocolates, caramelos. No había sobres.
-Lo loco es que hoy hay cada vez más figuritas, pero casi no se entregan premios.
-Hoy que yo sepa no, antes te llevabas bicis. Hasta ponis vivos se llevaron como premios. En el álbum Poni de 1952, si vos completabas el álbum te ganabas un poni. Y había otro álbum que te ganabas un sulki.
-¿Ves a una sociedad más consumista y ansiosa de querer completar ya?
-En cuanto a la ansiedad de completar, yo creo que debe haber existido siempre, pero las posibilidades productivas y tecnológicas en los últimos 20 o 30 años se han multiplicado por mil. Y por lo tanto la ansiedad. Una vez iba por la calle y vi un cartel de Pepsi. La publicidad era: Que me gusten más cosas todo el tiempo. El filósofo Zygmunt Bauman habla muy bien de la «sociedad líquida», creada por el mercado y que nosotros la reproducimos. El esquema es que estemos cada vez más ansiosos tratando de comprar cosas y que cuando llegues a eso ya tenés la ansiedad de otra. Eso excede lo que es la figurita, pero ella está dentro de ahí. Incluso hay una gran paradoja con las figuritas: toda la locura es durante los mundiales. Después, salvo alguna colección puntual y con suerte alguna del fútbol local, los pibes y las pibas ya no coleccionan más. Antes las figuritas eran para la primaria, pero en los últimos cuatro mundiales chicos del secundario las coleccionan, es un boom que ha dejado mucha diversión pero que el mercado aprovecha a explotar para generar más ganancias.
-Esta última pregunta va al Rafael Bitrán docente de Historia. ¿Cómo ves el actual tiempo que nos toca vivir?
-Ahí hay varias cuestiones. El futuro nadie lo puede saber porque la historia es muy dinámica y da sorpresas. En realidad la historia no da sorpresas, da sorpresas la sociedad pero se expresa en la historia, ¿no? La historia no tiene vida en sí misma, sino que son los grupos sociales moviéndose. Con lo cual uno puede tener una proyección, pero por suerte, hay veces que esas proyecciones fallan. La proyección hoy es una sociedad mundial donde la riqueza se concentra cada vez más en forma impresionante y la pobreza se difunde más a mayores sectores; y un aspecto que parecería que podría ser positivo, pero a mi modo de ver es negativo, es el concepto de «pauperización relativa». Que sería una posibilidad de sostener un sistema de mayor explotación, porque la tecnología con la rapidez y la cantidad que produce, el destrozo de la naturaleza sin ningún tipo de mediación ni control, permite poder producir bienes cada vez en mayor cantidad y con cada vez menor costo. Entonces, vos podés tener gente más explotada, pero que igual llegue a vivir o a subsistir más o menos lo suficiente como para seguir reproduciendo el sistema, aún cuando la repartija total de la torta sea cada vez más desigual.
-Concentración y precarización, se podría definir.
-Es la contraparte necesaria. Si vos te ponés a pensar, se ha superado tanto el desarrollo tecnológico, que la cantidad de trabajo necesario para que el mundo viviera baja. Pero en vez de repartirla y que cada vez se trabaje menos, en muchos países como en el nuestro es a la inversa: trabajás más para seguir teniendo lo mismo. O menos.
Desde su librería ubicada sobre Av. Pueyrredón, en el centro porteño, Rafael Bitrán sigue hablando de figuritas, álbumes, diseños extraños. Responde: «Formatos tenés de todo, por cuestión de costo o falta de inventiva, en general hoy son casi todas muy parecidas, o le meten plateado, las hacen plásticas, ese tipo de cosas. Pero antes había en forma octogonal, sexagonal, en forma del escudo de cada equipo, en siluetas, en chapas, redondas, tenés una variedad enorme. Hubo una época muy grande… un gran caricaturista, Jorge de los Ríos, que todavía vive, que trabajó para la Casa Crack, que es la que sacó casi todas las figuritas de fútbol en Argentina entre el 53 y el 82, él hacía unas caricaturas preciosas».
-Cuando se habla de coleccionismo a uno se le viene a la cabeza Parque Rivadavia. Hoy en día, ¿sigue habiendo intercambio físico o es casi todo virtual?
-Los parques son algo central, pero yo consigo mucho por las notas. A veces, gente que lee o escucha y dice: ‘uy, yo tengo todo’, entonces se comunican y les compro, esa es una posibilidad. Antiguamente yo conseguía mucho por Segunda Mano, que era un diario que salía, supongo que en casi todo el país, que se compraban y vendían cosas usadas, y era muy divertido, ahí yo ponía todas las semanas sistemáticamente mensajes que eran gratuitos para comprar figuritas, y la gente me llamaba de varios lugares del país. Lo que más busco hoy son los agujeros de la década del 20 al 40, que es lo más apasionante y complicado. En realidad lo que a mí más me encanta es lo que yo tuve de pibe, pero eso podría decir que el 99% ya lo he llenado.
«Figuritas difíciles como las de antes, que con esas completabas el álbum y te daban una pelota, ya no hay. Ahora se copia el estilo norteamericano de cosas especiales. Panini a veces saca la misma figurita con bordes, o doradas o autografiadas y dice ‘tal día va a haber por la página una subasta’ y son numeradas, pero eso ya es distinto, antes la difícil estaba porque si no todo el mundo hubiera tenido premio, ahora ya es un producto directamente para ser comercializado como difícil. Conceptualmente distinto y nos habla de dos mundos distintos. Hoy ya todo está organizado como un gran show y todas las decisiones pasan primero por lo económico y después por lo futbolístico. Encima ahora no es solo el alto costo de cada paquete, sino que además hay cada vez más equipos, en el ‘74 eran 16 selecciones nomás», enfatiza. Y responde cuál es el límite entre coleccionismo y obsesión: «Muchas veces el coleccionismo se transforma en obsesivo y termina siendo una patología. No sé cuál es el límite. Yo lo vivo bastante tranquilo que no lo crucé, porque aunque me apasiona, tengo un montón de otras cosas en mi vida mucho más importantes que coleccionar figuritas».
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