Bajo asedio: reconstruir el Estado desde abajo

Por: Jorge Orovitz Sanmartino

¿Qué Estado se necesita? Es necesario responder esa pregunta con cada uno de los actores involucrados, sin caer en la discusión que marca la agenda libertaria.

Recordemos aquella escena televisiva de Javier Milei golpeando con un palo un Banco Central de cartón, símbolo de su propuesta de demoler el Estado. Ese espectáculo condensaba una respuesta radical y simplificada a los males del país, que interpelaba a sectores defraudados por la falta de protección estatal, castigados por la inflación y deseosos de revancha tras la pandemia. El discurso libertario convirtió esa bronca en utopía: privatización de lo público, exaltación de evasores, venta de órganos y portación de armas como fantasía de emancipación. Esta furia antiestatal se sostiene en tres elementos relacionados; el sentimiento de desprotección frente a un Estado ausente; el debilitamiento estructural por décadas de neoliberalismo; la demagogia que, aprovechando esa debilidad, propone más recortes y menos derechos.

Consecuencias de la demolición

Los resultados ya son visibles. El aumento de la pobreza en los jubilados, disminución histórica de los presupuestos en ciencia y tecnología, la crisis de la salud o la desfinanciación de la educación. La desregulación ya provocó tragedias como las muertes por fentanilo contaminado sin control estatal. Lejos de traer eficiencia, el vaciamiento representa abandono y riesgo para la vida.

El desmantelamiento también golpea el desarrollo: la parálisis de la obra pública y el desfinanciamiento de universidades y centros científicos ponen en jaque la soberanía tecnológica y productiva en sectores estratégicos como energía nuclear, biotecnología y aeronáutica. Mientras tanto, la evasión y el contrabando en puertos y aduanas generan pérdidas de hasta 10.000 millones de dólares anuales, muy superiores a los presupuestos recortados en ciencia, salud o educación.

Un balance necesario

El mito del “Estado sobredimensionado” también se desmorona: en mayo de 2025 la Administración Pública Nacional tenía 295.000 empleados, apenas 1,3 % de la población económicamente activa, muy por debajo de países como Noruega (30 %), Francia (22 %) o Brasil (12 %). Lejos de ser excesivo, el Estado argentino resulta débil frente a las necesidades sociales y económicas.

El desafío no consiste en negar los problemas que arrastra el Estado ni en aferrarse a procedimientos hoy anacrónicos, sino en construir una alternativa capaz de transformar y democratizar sus estructuras en lugar de demolerlas. Enfrentar el ajuste requiere proyectos que jerarquicen el empleo público y fortalezcan la formación y especialización de sus trabajadores; que incorporen lo más avanzado de la tecnología aplicada a la gestión y la planificación basada en evidencia; que articulen con las capacidades científicas y tecnológicas de las universidades y centros de investigación; y que consoliden un nuevo pacto social entre ciudadanía y Estado. Ello implica, además, garantizar mayor transparencia y control sobre sus funcionarios, de modo de recuperar la legitimidad y la eficacia de lo público frente a una sociedad que demanda resultados y confianza.

Conclusión


Es necesario reconocer que la ideología que propone el ajuste, la desregulación y el achicamiento del Estado se ha convertido en sentido común para amplios sectores de la sociedad. El peligro radica en que, frente a los problemas reales de funcionamiento y eficacia estatal, terminemos asumiendo su diagnóstico, es decir, discutiendo o incluso resistiendo algo de ajuste, pero dentro de su propia agenda. Esto implica no negar las falencias del Estado, sino abordarlas desde una perspectiva que apunte a su transformación radical, no a su desmantelamiento.

El neoliberalismo debilitó conscientemente las capacidades del Estado para liberar a las corporaciones de controles, y regulaciones. La alternativa es fortalecerlo con más democracia, gestión y participación popular: un Estado inteligente, transparente y planificador, capaz de regular, redistribuir y garantizar derechos. Por ejemplo, se podría implementar una Oficina Nacional de Planificación Estrategia, que articule universidades, centros de investigación y agencias públicas para diseñar escenarios futuros y reestructurar la administración pública con criterios de evidencia y planificación a largo plazo. Eso habilitaría a reconvertir perfiles laborales, demandar nuevas especialidades (por ejemplo, en gestión digital o transición energética) y vincular al Estado con el sistema científico-tecnológico nacional. Hay mucho por hacer también en lo referido a transparencia y gobierno abierto, o el empleo público como palanca para la transición socio-ecológica, jerarquizando nuevas especialidades y reorganizando áreas estatales para atender desafíos como la crisis climática, en lugar de ver a la dotación de personal como un “gasto” a recortar. 

Un Congreso Nacional por la Transformación del Estado, con todos los actores involucrados, puede marcar el inicio de esa construcción:  debatir qué Estado se necesita, desmontar el sentido común liberal y proponer uno que defienda la soberanía, impulse el desarrollo y amplíe la participación popular. Desde esta perspectiva, se busca sentar las bases de un nuevo tipo de Estado, en línea con la reflexión del pensador italiano Antonio Gramsci, que combine fortaleza técnica y legitimidad democrática, orientado a transformar de raíz la relación entre sociedad y Estado en beneficio de toda la población.

Compartir

Entradas recientes

Que no se corte: Academia Brasileira de Literatura de Cordel y el hilo de su historia

En el corazón de Santa Teresa, los libros resisten al olvido y al "Hell de…

2 horas hace

La Justicia clausuró una empresa minera y ordenó que se retire del Valle Traslasierra

Tras varias denuncias del Foro Ambiental Traslasierra Línea Fundadora (FATLF), el Cabildo Abierto Traslasierra y…

2 horas hace

Goyeneche y el arte de cantar con el alma rota

Es uno de los cantores de tango más emblemáticos y un ícono de la cultura…

2 horas hace

El Pabellón Argentino en la Feria Internacional del Libro de Calcuta, una muestra que va desde Borges y Cortázar a Maradona y Messi

La Argentina es la invitada de honor en la feria del libro más importante de…

4 horas hace

Acefalía en la Defensoría de Niñez: “La protección de los derechos de las infancias quedó fuera de la agenda oficial”

El proceso de selección de defensor oficial terminó en septiembre. En octubre, Diputados aprobó el…

4 horas hace

Tras el reclamo de los gobernadores, el Gobierno analiza cómo implementar la Ley de Emergencia Ígnea

La mesa chica del Ejecutivo se reunió este jueves en Casa Rosada para evaluar el…

5 horas hace

Golpe a la jubilación mínima: el bono sigue congelado en $ 70.000

El Gobierno mantuvo el valor del adicional para febrero, que no se actualiza desde marzo…

5 horas hace

Santiago Mitre narra la dictadura desde un infiltrado en grupos de familiares de desaparecidos

El film, aún sin título oficial, está basado en hechos reales y se centra en…

5 horas hace

Beto Pianelli, espejo y luz de un imprescindible que nunca dejó de sembrar

Hay ausencias que se hacen notar por lo que fueron y por lo que necesitaríamos…

6 horas hace

Ariel Ardit, el fundamentalista del tango que ahora se anima a Sandro, el bolero y el rock

Con la flamante edición del disco "Sandro así", uno de los cantores argentinos más prestigiosos…

7 horas hace

Hallaron sin vida a Narela, la joven argentina desaparecida en Estados Unidos

Narela Micaela Barreto había desaparecido en la ciudad de Los Angeles, el último 21 de…

7 horas hace

Pablo Echarri denuncia que el Gobierno de Milei concretó el “mayor retroceso jamás visto” en la historia de la cultura argentina

El actor publicó una carta abierta con críticas directas que apunta a la gestión del…

7 horas hace