El movimiento reunió a más de 200 militantes en los '70 y logró una ley pionera en 1974. Su rol durante la dictadura y su lugar en la patria.

Faltan apenas diez días para que se cumplan 47 años de la desaparición de José Poblete y de su compañera Gertrudis Hlaczik, secuestrados el 28 de noviembre de 1978. Entonces alguien me pide que escriba sobre el Frente de Lisiados Peronistas del que ellos formaron parte y que llegó a reunir a 200 militantes políticos.
Con el artificio de la memoria huyo de este presente desolador. Estoy en septiembre de 1974: tenía 16 años y dos de ciego. Quería comerme el mundo, pero no sabía cómo. Por la escuela y por las calles, me llegaba el perfume de la revolución. La vida hizo lo suyo. Con el vértigo de lo desconocido fui a dar a una vieja casa de La Paternal. Era el viaje iniciático de un pibe con ganas de cambiar el mundo. Y allí estaba la cofradía de Descamisados, parecían salidos de un cuento de Roberto Arlt. Desprolijos, ingobernables, alucinaban con cambiar la historia de los discas de este país. Y vaya que lo lograron. Nobles hijos del peronismo, consiguieron la Ley Laboral 20.923 en 1974 (ley de cupo laboral del 4%), la más importante de América Latina, construida desde los fuegos que nacen desde abajo.
Y así vuelven a mí las alegres voces de esa época. Encabeza Pepe (José Poblete), el cumpa líder de esta épica. Siguen las de Claudita “La Rusa” (Claudia Inés Grumberg), del Boli (Gilberto Reingel Ponce), de Mónica Brull del Flaco (Norberto Scarpa) y del gordo Chiche (Juan Agustín Guillén).
Cortázar decía: “Somos los que nos anduvieron”. Y ellos están en mí, refugiados en el amor y en esta poesía que cierra la nota. Para seguir nombrándolos, para que no los olviden. Y para que sepamos que en sus rostros y en sus gestos, sigue viviendo la patria. «
ANDUVE
Anduve, como tantos,
por las noches negras
de la patria;
con la inocencia a cuestas,
cargando la furia,
la rebelión desnuda.
Anduve por la orfandad
del pueblo,
entre sus miradas tristes,
esquivando los ojos
de la muerte.
Anduve por ese paisito
mal herido,
amordazado con la
fe de los locos,
entre besos y abrazos clandestinos,
con el miedo subido
a los milagros
y la revolución,
vistiéndose de espanto.
Anduve junto a José,
a Trudy, a Claudia,
tratando de iluminar el día,
reinventando las manos
y las flores,
Para que aquello,
no doliese tanto.
Material producido en colaboración con Discasta.
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