El histórico cantante de Led Zeppelin presentó su proyecto Saving Grace en un formato acústico y contenido. El concierto evitó la épica del rock de estadio y se apoyó en arreglos mínimos y cambios constantes de instrumentación.

En su regreso a Buenos Aires, Plant presentó en el Teatro Gran Rex el proyecto íntimo Saving Grace. Acompañado por la cantante y acordeonista Suzi Dian y su banda —Oli Jefferson en batería, Tony Kelsey en guitarra, Matt Worley en bajo y cuerdas, y Barney Morse-Brown en violonchelo—, el exlíder de Led Zeppelin desplegó un repertorio de raíces folk y blues que también llevará a Córdoba (Plaza de la Música, 14 de mayo) y Rosario (Metropolitano, 16 de mayo).
Pasaron más de diez años desde su última visita formal al país, aunque en ese período se lo vio en Buenos Aires en otras circunstancias, como aquella noche en el Hipódromo de San Isidro junto a Jack White. El tour, bautizado Rugido de Otoño (Rubber Souvenir), se centró en el proyecto Saving Grace, que Plant viene desarrollando con este colectivo de músicos británicos y que ya había mostrado en un reciente Tiny Desk, formato norteamericano que se adapta bien a este tipo de búsquedas.
El enfoque fue coral, con jerarquías difusas y una construcción basada en el diálogo entre instrumentos y voces, más cerca del folk y el blues roots que del rock de estadio. Plant compartió protagonismo con Suzi Dian en un dueto de notable equilibrio, mientras la banda se adaptó con naturalidad a los cambios de clima.
El concierto comenzó pasadas las 21, luego de la presentación de Lisandro Aristimuño, con una instrumentación que alternó mandolinas, banjos, chelos y guitarras de tono sombrío. El baterista casi no utilizó los platos, reforzando la idea de un set contenido. Plant administró el tiempo del show con precisión, midiendo cada entrada y cada silencio.
El repertorio se apoyó en canciones de Saving Grace y en material tradicional, con versiones de blues y folk atravesadas por composiciones contemporáneas del indie folk. El resultado fue una sucesión de climas delicados, de textura acústica y tono introspectivo, con referencias implícitas a las Midlands inglesas.
La apertura incluyó “The Very Day I’m Gone”, “The Cuckoo” y “Higher Rock”, piezas del cancionero tradicional británico reversionadas para este formato. De manera sorpresiva, en el tramo inicial apareció la primera cita a Led Zeppelin de la noche con “Ramble On”.
La voz de Plant ya no busca el desgarramiento ni la épica del pasado. Se apoya en otra economía expresiva, más contenida, donde el fraseo, las pausas y la respiración cumplen un rol central. No se trata de demostrar potencia, sino de sostener un relato. En ese registro aparecen algunos de los momentos más sólidos del concierto.
“Friends” fue otra de las piezas de Led Zeppelin revisitadas por el cantante, que en total incluyó cuatro versiones de su etapa con la banda. Luego llegaron “It’s a Beautiful Day Today”, “Calling to You” y “Angel Dance”, en una secuencia que mantuvo el pulso del concierto con cambios de instrumentos y formaciones entre tema y tema.
El cierre incorporó “Rock and Roll”, interpretada en una versión transpuesta —bajada de LA a MI— para adaptarla a su registro actual. Lejos de la exhibición, Plant la integró al repertorio con naturalidad. El show tuvo una duración de una hora y cuarenta minutos, sin excesos ni bises forzados.
Uno de los momentos más destacados llegó con “Going to California”, una versión de alta carga emocional que funcionó como núcleo sensible del recital, en una noche que incluyó 16 canciones y se extendió cerca de una hora y media.
El exvocalista de Zeppelin, que recientemente declaró en Rolling Stone que no permitirá un biopic sobre su vida ni autorizó relatos oficiales sobre la banda, sostuvo esa misma postura sobre el escenario. Plant aparece hoy como un explorador sonoro que evita la monumentalización de su propio pasado. Su propuesta no trabaja desde la nostalgia sino desde la continuidad.
El público acompañó esa lógica sin resistencia. Robert Plant ya no se presenta como un frontman clásico, sino como un intérprete que reconfigura su propio archivo desde otra perspectiva. En ese desplazamiento, el Gran Rex fue menos un homenaje que una escena de presente compartido.
Presentación de Saving Grace. Domingo 10 de mayo en el Teatro Gran Rex (CABA)
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