Un informe oficial reveló consumos millonarios en hoteles europeos, servicios de playa y discotecas financiados con recursos públicos de la empresa estatal. Las irregularidades coinciden con la gestión de Demian Reidel, hombre de confianza de Javier Milei en el sector nuclear.

La cuenta corporativa identificada bajo el número 4338402 centralizó la mayoría de estos movimientos fuera de la Argentina. Si bien el reporte de 58 páginas no individualiza a los agentes responsables de cada compra, el período bajo la lupa coincide casi íntegramente con la presidencia de Demian Reidel. El exasesor de confianza de Javier Milei se alejó de la compañía en febrero pasado, salpicado por denuncias de sobreprecios en licitaciones de limpieza, y ahora queda nuevamente en el centro de la escena por el uso de los plásticos estatales para consumos que nada tienen que ver con la operatividad nuclear.
La filtración de los datos, impulsada por un pedido de acceso a la información pública de la diputada Florencia Carignano, consigna que los fondos públicos se evaporaron en compras reiteradas en free shops internacionales —incluido Ezeiza— y en pagos a exclusivas discotecas. Ante la difusión del informe, desde NASA intentaron justificar las maniobras sosteniendo que existe un universo de más de cien tarjetas corporativas bajo sistemas de auditoría. Sin embargo, la frecuencia de retiros de efectivo en moneda extranjera y los destinos recreativos de los gastos sugieren una ausencia total de control institucional durante el último año.
Reidel utilizó sus redes sociales para intentar despegarse del escándalo, asegurando que sus resúmenes de cuenta «no muestran gastos personales» y acusando a la prensa de mezclar los datos de todos los plásticos de la firma. Pese a su invitación a que «se investigue hasta el último peso», las fechas de los consumos suntuarios en el exterior coinciden con sus misiones oficiales y con un esquema de beneficios que la justicia hoy investiga como presunto malversamiento.
Tras el impacto político de la noticia, la actual conducción de Nucleoeléctrica anunció que ordenó una revisión exhaustiva de los consumos internacionales y decidió discontinuar el uso de tarjetas corporativas para viajes. Esta medida reactiva llega tarde para ocultar una «caja negra» que expone una grieta profunda en la retórica del ajuste estatal: mientras se retacean fondos para el mantenimiento de las centrales nucleares, los recursos públicos habrían servido para financiar un estilo de vida de lujo fuera de las fronteras argentinas.
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