La interna en el Gobierno se mete en la disputa por el futuro del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la ANSES

Por: Randy Stagnaro

Está en la órbita del Ministerio de Capital Humano, pero Economía quiere absorberlo para disponer del dinero. Los planes de los privados.

Las líneas tectónicas que dividen al gobierno nacional en dos bandos también se manifiestan en relación al futuro del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) que gestiona la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES), la que a su vez depende del Ministerio de Capital Humano que dirige Sandra Pettovello.

El ordenamiento institucional del FGS es importante porque una parte de su destino se definirá en la decisión de quién pasará a controlarlo. No hay certezas ya que Capital Humano no quiere perder la administración del FGS pero Economía busca llevar esa dependencia a su órbita. Con todo, la cartera que dirige Luis Caputo tiene injerencia en el FGS ya que participa de su Directorio a través de los secretarios de Finanzas y de Política Económica.

El FGS tiene un capital calculado en poco más de 100 billones de pesos, equivalentes a unos U$S 70.000 millones. En efectivo y con posibilidades de uso inmediato hay unos $ 500 mil millones. Del resto, la enorme mayoría está colocado en bonos del Estado nacional (alrededor de 75 billones de pesos).

La disputa en el gobierno es el reflejo de los intereses divergentes de distintos sectores de la actividad privada, que ven en el FGS una tabla de salvación. Es el caso del sector de la construcción que ya le entregó al Ministerio de Economía una propuesta para usar el FGS a su favor.

La otra propuesta que todavía no cuajó es la de vender las acciones de empresas argentinas en poder del FGS, cuyo valor se calcula en torno de 20 billones de pesos. El FGS pose acciones de grandes empresas argentinas como Arcor, TGS, Techint y el banco Macro entre otras.

Esta es la propuesta que respalda la cartera que dirige Luis Caputo. El plan que circula con más fuerza apunta a vender esas acciones a las propias empresas en forma directa y a un precio convenido de forma de que esa operación no afecte la cotización de las acciones en el mercado bursátil.

El Ministerio de Economía guardaría ese dinero en su cuenta en el Banco Central para usarlo según sus necesidades, especialmente en caso de que el superávit fiscal flaquee, algo que puede suceder dada la caída constante de la recaudación y los límites cada vez más claros que la sociedad le impone al ajuste de Javier Milei, uno de cuyos emergentes es el aumento de salarios de los docentes las universidades nacionales y antes del personal de los hospitales nacionales.

En lo que parece haber acuerdo es en que el FGS no se desprenda de los bonos de deuda. El criterio es similar al que se emplea con las acciones: una venta masiva tiraría abajo las cotizaciones y afectaría a los demás tenedores de deuda. Pero aquí conviene hacer una aclaración: la mayoría de los bonos de deuda pública nacional en poder del FGS son del tipo cuyo valor se actualiza con la inflación, que es un bono que está mayoritariamente en manos de inversores nacionales.

Foto: Edgardo Gomez

Para qué un FGS

El FGS fue concebido como una pieza clave del sistema previsional a fin de garantizar la preservación de los recursos previsionales. Es decir, su primera misión es servir de espalda financiera para el pago de las jubilaciones y pensiones y como respaldo financiero para la Anses. Si por algún motivo, la Anses estuviera imposibilitada de acceder al flujo de fondos habitual con el que paga los compromisos de la seguridad social, el FGS debería cubrir ese bache.

A ello se le agregó luego la tarea de actuar como un fondo anticíclico cuando se presentan situaciones de inestabilidad macroeconómica, sean provocadas por una crisis externa (como la actual guerra en Medio Oriente) o interna (del tipo de la caída de la convertibilidad).

Ni la Casa Rosada ni los privados le dan importancia a estos objetivos. Los planes que circulan apuntan a liquidar una parte del FGS y usar otra parte en el respaldo de la actividad privada. Sin embargo, la idea de que la falta de un mercado de capitales pueda ser reemplazado por una intervención masiva del Estado ya ha demostrado que falla. La implantación de las AFJP, en los años 90 del siglo pasado, se hizo con los mismos criterios y el mercado de capitales, si bien creció en términos nominales, no ganó en profundidad ni en alcance. La crisis de 2001 lo dejó en evidencia.

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