Roberto Montoya: “Estamos viendo los zarpazos desesperados de un imperio en declive”

Por: Jorge Muracciole

El autor del libro Trump 2.0 analiza las causas y consecuencias de la segunda etapa del presidente de EE UU, al que califica como "emperador del siglo XXI con la vieja tradición imperial de invasiones y coerción militar".

En un contexto internacional más que preocupante, el 2026 se inició con el ataque de EE UU a Venezuela y el secuestro y encarcelamiento de su presidente, Nicolás Maduro. Continuó con amenazas muy diversas, la intensificación de su injerencia en Medio Oriente, el reforzamiento del discurso sobre Groenlandia a pesar de las quejas europeas y la política sobre Seguridad Nacional, ratificada por Donald Trump en la Conferencia del G7 en Davos.

Justamente, el periodista Roberto Montoya, autor del libro Trump 2.0, analiza las causas y las consecuencias de su llegada por segunda vez a la Casa Blanca.

–Estamos frente a un verdadero tsunami, que todos los días nos sorprende con alguna medida y descoloca a todo el mundo. Y con Europa y sus 27 países totalmente descolocados, al ver que Trump no respeta ni siquiera a sus aliados históricos.  La Unión Europea, tan sumisa a nivel político (principalmente su política exterior), por su economía, modelada por EE UU desde la Segunda Guerra Mundial. Lo que estamos viendo son zarpazos desesperados de un imperio en declive y un cambio drástico a nivel geopolítico a escala mundial. Una potencia como China, y el grupo de los Brics, que compiten con EE UU, algo que no se veía los ’90, cuando se produjo el desmembramiento de la URSS y se acabó la Guerra Fría. Trump es el resultado de eso: intenta ser el salvador de ese imperio en declive y tanto te puede golpear aplicando aranceles comerciales duros, o directamente con la amenaza militar. El caso de Venezuela es un escalón que no veíamos desde 1989 con la invasión a Panamá, incluido el secuestro del General Noriega. Es un precedente peligrosísimo, si la comunidad internacional no reacciona.

-Tras las declaraciones en Davos, conformó esa especie de ONU bis, el «Consejo de la Paz», una suerte de Club Privado, con sólo EE UU, sin los otros cuatro miembros del Comité de Seguridad.

-Va por varios frentes al mismo tiempo. Por un lado la Guerra Comercial dura. Aquel que no se doblega ante su voluntad, rápido lo amenaza con aranceles. Lo está haciendo con la UE cuando por fin ha alzado la voz, ante Trump y Groenlandia. La isla más grande del mundo, rica en minerales y en una ubicación geo-estratégica. La UE comienza a sentirse molesta y alza la voz. Inmediatamente declara Trump que, aquel que se atreva a mandar delegaciones a Groenlandia, tendrá sanciones comerciales o la vía militar. Antes se justificaban en la Guerra Fría, había que parar al comunismo y apoyaban a las dictaduras en América Latina. En la época de Bush se justificó con la guerra contra el Terrorismo Islámico y fueron las invasiones de Afganistán, Irak, Libia, Siria. Ahora a Trump no le hace falta justificarse. Dice que es por la seguridad Nacional. El «Consejo de la Paz», o la «Junta de la Paz», era la idea del gobierno transitorio en Gaza, después del genocidio perpetrado por Israel. Ahora va más allá.

-La ONU no decide nada.

-Siempre la hostigó intentado vaciarla de contenido. Pretende una organización similar a la ONU, pero controlada y presidida sólo por él. Peligrosísimo. Estamos frente a una situación sin control, con debilidad de los organismos como la ONU, la OEA, la UE, el Tribunal Penal Internacional: se suponía (aunque venían muy deterioradas sus capacidades) que servían como una suerte de contrapeso.

-Es cierto que la historia no se repite tal cual. Pero trae reminiscencias de los años ’30 y la concepción del «espacio vital» que planteaba el Tercer Reich. Una periodista del New York Times, Lidia Polgreen, desarrolla la hipótesis de que «la violencia que se ejerce en la política exterior regresa como boomerang en la política interna, como violencia en la sociedad».

-Es un todo. Quiere deportar a millones de inmigrantes y demuestra autocracia. EE UU tiene historia en esa dirección. A nivel interior avanza coarta derechos esenciales, libertades democráticas, hay censuras que limitan todo lo que él llama woke. Genera una reacción a estos atropellos: respuestas masivas como en Minnesota, donde no sólo protestan los afectados sino significativos sectores de la ciudadanía. EE UU deja de ser el país de la democracia, la libertad, las oportunidades. Esta imagen se hace añicos. Mientras, Europa comienza a plantearse el abrirse a tejer relaciones con nuevos socios.

-¿Puede darse una ruptura en el Partido Republicano?

-Dependerá de lo que vaya dándose dentro del Partido Demócrata. Están arrastrando a algunos republicanos a cuestiones puntuales, en la Cámara de Representantes y en el Senado.  El Republicano es un partido muy conservador, conformado por distintas familias. No todos secundan una política tan retrógrada que los reinstala en las épocas “del palo y la zanahoria». Pero el primer paso se tendrá que ver en las filas demócratas. Hemos visto el triunfo de Zohran Mamdani, el alcalde de Nueva York: no es cualquier Estado. Está también Gavin Newsom, gobernador de California que en Davos criticó a la UE por ser tan sumisa. Hay algunos signos de esperanza. Hay que entender la derrota de noviembre del 2024 fue de tal magnitud, que hemos visto desaparecer de un día para el otro a Biden y a Kamala Harris. Lo esperanzador viene de un sector de la izquierda demócrata: Mamdani, Ocasio-Cortez, Bernie Sanders. Siempre ha sido un sector minoritario, muy hostigado por el establishment, pero ahora es posible la articulación entre los sectores progresistas con la protesta callejera. Veremos que ocurre en las elecciones de noviembre. Por eso Trump aprieta el acelerador. Ya insinúa que si en noviembre llega tocado, intentaría anular las elecciones. Trump está apoyado por monopolios empresariales relevantes, es el verdadero representante de los intereses del petróleo, y la industria, de los oligarcas tecnológicos que controlan redes sociales y empresas de gran calado a nivel internacional. De alguna modo es representante del declive americano.

Foto: Prensa WEF

-Teniendo en cuenta lo ocurrido en Davos, ¿qué puede suceder con Rusia y China?

-El intento de Trump era acabar rápido con la guerra de Ucrania, y con Putin hacer un Pacto de Áreas de Influencia. Entregarle la franja oriental de Ucrania, un 20% de su territorio ya bajo su control tras años de ofensiva bélica. Te dejo eso a cambio de que no avances más y no me afectes mis intereses. Pero EE UU se quedará con la mitad de la explotación de las tierras raras de Ucrania. Y quiere expulsar a China de todas las zonas donde tiene influencia. Lo de Venezuela es todo un síntoma. China se había convertido en el principal acreedor, más de U$S 60.000 millones, que pagaba con petróleo a bajo precio. No quiere ningún tipo de injerencia de China, Irán, Rusia. Y presiona a sus aliados europeos para que hostiguen a China con aranceles a los coches eléctricos. Son muchos frentes. El caso de Gaza es un ejemplo perverso: construir un resort sobre las ruinas, los escombros y miles de cadáveres. Su proyecto imperial no tiene límites. Un emperador del siglo XXI con la vieja tradición imperial de EEUU de invasiones y coerción militar.

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