Los cinco religiosos fueron asesinados por los genocidas por ser fieles al evangelio de Jesús. El terrible hecho fue conocido como "La Masacre de San Patricio".

El terrible hecho sucedió el 4 de julio de 1976 en la Iglesia de San Patricio, ubicada en el barrio porteño de Belgrano. Capalozza explica que fue el crimen más grande que sufrió la Iglesia Católica a lo largo de toda su historia.
Tres de los religiosos eran sacerdotes: Alfredo Leaden, Alfredo José Kelly, Pedro Eduardo Dufau y los seminaristas Salvador Barbeito y Emilio José Barletti; todos ellos, resultaron víctimas del terrorismo de Estado. Su caso se conoció como «La Masacre de San Patricio».
En diálogo con Tiempo, el padre Capalozza recordó: «Ellos intentaban vivir una comunidad fiel a lo que indicaba el Concilio Vaticano II y la Iglesia en Latinoamérica a partir de los documentos finales de Medellín, que señalaban el camino y el anuncio del evangelio».
Y completó. «Un anuncio comprometido con el trabajo por la dignidad humana, por la predicación de la justicia y por la denuncia de todo aquello que significaba empobrecimiento, exclusión y el atentado contra la vida«.
Capalozza reconstruyó que los cinco hermanos palotinos fueron asesinados por ser fieles al evangelio de Jesús. Días antes al terrible hecho, ellos habían tenido una reunión de comunidad, donde se trataron temas muy importantes.
Durante ese cónclave, el rector de la casa religiosa les planteó que en Argentina se estaba viviendo una situación muy compleja y difícil, la que muchos de ellos ignoraban por la forma silenciosa en la que procedían los genocidas; no circulaba ese tipo de información.
Capalozza repasó: «El rector nos dijo que había muchas personas que estaban siendo detenidas ilegalmente, que el clima social venía muy tenso, que la situación era muy difícil y entonces nosotros le hicimos una pregunta. ¿Tenemos que seguir anunciando este evangelio que implica la defensa de la vida, la promoción de la justicia, el acercamiento a los pobres, a los más débiles de la sociedad. O debemos callar por precaución?»
En ese momento, el rector y sus pares, les respondieron que tenían que ser fieles a Dios antes que a los poderes de este mundo. Así fue como los religiosos continuaron predicando el evangelio de Jesús. «Nos constituimos como testigos del evangelio, testigos de la verdad. Considero que la pérdida de sus vidas -de los cincos palotinos- hoy son luz y vida para nosotros en una sociedad que está tan marcada por el individualismo, por la ruptura de los lazos sociales, por la desprotección de los más vulnerables«, explicó el Padre Rodolfo.
El religioso sostuvo que los asesinatos de los palotinos dejaron la enseñanza de que la vida tiene sentido cuando se la vive en clave de la comunión, del compromiso con el bien común y cuando se practica la justicia social como un bien para toda la sociedad.
«Por eso, como el último mensaje con los obispos, decimos, nunca más al terrorismo de Estado, nunca más a la interrupción de la democracia, -enfatizó- nunca más a las dictaduras. También remarcó que el Estado tiene que proteger siempre a los más vulnerables de la sociedad«.
También señaló que el camino de la libertad pasa por la fraternidad, por el compromiso con el otro, que las personas son más libres construyendo una Nación comunitaria; donde todos colaboren y ayuden solidariamente.
Capalozz consideró que este es el mensaje justo en el mes de los Derechos Humanos, la Memoria, la Verdad y la Justicia, cuando recientemente se ha cumplido el 50 aniversario del Golpe Militar que dio inicio a la dictadura más sangrienta de la historia argentina. Fue un plan sistemático que secuestró, torturó, asesinó y desapareció a más de 30 mil personas.
El Padre Rodolfo escribió un libro en el que da su testimonio y le entregó un ejemplar al Sumo Pontífice de la Iglesia Católica, Papa León XIV. La obra se titula «Lo que yo he visto y oído sobre mis cinco hermanos palotinos«; en el que narra lo que conoció durante la profunda convivencia que mantuvo con ellos. «Solo intento transmitir el mensaje que nos dejaron los cinco palotinos«, aseguró.
También recomendó, que en el mes de la memoria, hay que recordar a todas aquellas personas que se jugaron la vida al servicio de los demás, porque lo hicieron en busca de la justicia y el bien común de la sociedad.
Capalozza subrayó:» Tenemos que aprender a perdonar, un perdón que no es impunidad, que no es olvido, es un perdón que supera la sed de venganza, un perdón que implica la sanción para el bien de la sociedad. El perdón y la justicia no se contraponen. Roguemos a Dios que siempre nos permita recordar caminos de la comunión y la auténtica libertad«.
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